8 de noviembre de 2026 16:43 hs

Durante décadas se asumió que cuando Estados Unidos crece, México crece con él. Esa regla empieza a fallar. La demanda estadounidense sigue sosteniendo las exportaciones mexicanas, pero ya no se traduce en un impulso comparable para el conjunto de la economía. La distancia entre ambos ciclos es lo bastante amplia como para que sus bancos centrales tomen caminos distintos: la Reserva Federal subió su tasa 25 puntos base en septiembre, a un rango de 3,75% a 4%, y el Banco de México la mantuvo una semana después en 6,5%.

Así lo plantea un informe de la oficina de inversiones de UBS, firmado por los analistas Alejo Czerwonko, Gabriela Soni y Laura Assis Iragorri. "Lo que presenciamos parece algo más grande que una simple divergencia cíclica", escriben.

El origen de la brecha está en la pandemia. En 2020, Estados Unidos desplegó un paquete fiscal excepcional que llevó su déficit a 15,2% del PIB. México aplicó apoyos discrecionales de apenas 0,7% del PIB, con lo que su déficit pasó de 2,3% en 2019 a 3,8%. Esa diferencia dio a la economía estadounidense un estímulo de demanda mucho más fuerte.

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Informalidad limita México

Desde entonces, la inversión y la productividad han ampliado la distancia. El gasto en tecnología impulsa el crecimiento estadounidense, mientras que la participación de México en el auge de la inteligencia artificial se concentra en exportaciones de equipo de cómputo. Como estas dependen en gran medida de insumos importados, advierten los autores, "se captura un valor limitado en el país".

Según el informe, el potencial de crecimiento mexicano está frenado por la informalidad, los rezagos en infraestructura y energía, los mercados de crédito poco profundos y las debilidades institucionales. La integración comercial sigue siendo una ventaja, pero, según los analistas, "no puede reemplazar" la inversión interna ni las ganancias de productividad necesarias para convertir la demanda externa en crecimiento sostenido.

La diferencia en las decisiones de tasas responde a condiciones internas: la actividad estadounidense ha resultado resistente, mientras que México no enfrenta presiones inflacionarias relevantes por demanda y ya aplicó un endurecimiento monetario considerable.

El juego de la Fed

Aunque la mayoría de la junta de gobierno estaría abierta a recortes, los analistas prevén que Banxico dejará su tasa en 6,50% hasta fin de año, incluso si la Fed vuelve a subir. "Un recorte sería difícil de justificar" con posibles alzas adicionales en Estados Unidos, incertidumbre geopolítica y expectativas de inflación por encima de la meta. Además, mantener la tasa mientras la Fed la sube ya implica, en términos relativos, una postura más laxa en México.

El margen de maniobra es mayor en el extremo corto de la curva de rendimientos. Los bonos mexicanos de largo plazo siguen muy ligados a los del Tesoro estadounidense y a las condiciones financieras globales, lo que limita la capacidad del banco central para protegerlos de choques externos. La política monetaria puede responder más al ciclo interno, pero, subrayan los autores, "no puede volverse totalmente independiente de los mercados globales".

Reserva Federal de EEUU

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Dólar más fuerte y su impacto

En ese contexto, se espera que el peso se recupere de forma gradual hacia 17,5 por dólar. La debilidad reciente se atribuye a un dólar más fuerte, a mayores rendimientos globales y al desmontaje de operaciones de carry trade, más que a un deterioro de los fundamentos mexicanos. Las cuentas externas sólidas, respaldadas por el vigor de las exportaciones, sustentan una visión constructiva a mediano plazo.

Sin embargo, un diferencial de tasas más estrecho deja a la moneda más expuesta a shocks externos, a cambios en el apetito global por riesgo y a las señales de Banxico.

México conserva la ventaja de su cercanía con la mayor economía del mundo, pero esa relación ya no basta para igualar su ritmo. Cerrar la brecha dependerá de resolver los cuellos de botella internos que limitan la inversión y la productividad. Mientras tanto, la política monetaria mexicana ganará algo de independencia, siempre condicionada por lo que ocurra en Washington y en los mercados globales.

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