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Cada Copa del Mundo de fútbol tiene la capacidad única de instalar nombres propios en el inconsciente colectivo de los aficionados. Si la última edición sirvió para encumbrar a figuras marroquíes como Amrabat u Ounahi, el presente Mundial 2026 ya encontró a su nuevo estandarte en el país norteafricano. Su nombre es Ayyoub Bouaddi, tiene apenas 18 años, y acaba de firmar una actuación consagratoria en el 1-1 de este sábado frente a la todopoderosa selección de Brasil.

El joven mediocampista de Lille de Francia asumió la titularidad en un choque de altísimo voltaje y, lejos de acusar la presión, se convirtió en la auténtica brújula de Marruecos. El partido, que presentaba sobre el césped a estrellas consagradas de la talla de Vinícius Jr., Raphinha, Achraf o Brahim Díaz, terminó siendo el escenario ideal para el recital del adolescente. Bouaddi dio una cátedra de madurez en el eje del mediocampo, mostrando una serenidad impropia para un futbolista de su edad.

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Estuvo en el Mundial de Rusia 2018 como un niño aficionado al fútbol y con la camiseta de su país, y tiene como ídolo a Luka Modric.

Desde del punto de vista personal, se graduó con honores en la especialidad de ciencias y estudia matemáticas en la universidad, como alguna vez contó al diario deportivo francés L'Equipe.

Bouaddi, con 18 años y el mundo habla de él

La actuación del volante Ayyoub Bouaddi combinó un despliegue físico formidable con un asombroso rigor táctico. A lo largo del encuentro, demostró una clarividencia única para la toma de decisiones: recuperó balones con limpieza, distribuyó el juego a un toque y exhibió un catálogo completo de pases en corto y en largo.

Además, su inteligencia posicional le permitió anticipar de manera constante las intenciones de los habilidosos atacantes brasileños.

Su entendimiento del juego es tal que, junto a la sociedad ofensiva que formó con Ismael Saibari, anuló por completo los circuitos del combinado dirigido por Carlo Ancelotti.

Este choque de titanes no solo ratificó que Marruecos mantiene el gen competitivo que lo llevó a la élite hace cuatro años, sino que puso a Bouaddi en el radar de las grandes potencias europeas.

Aunque el mercado veraniego suele enamorarse de romances pasajeros tras los torneos cortos, el talento y la templanza que demostró el mediocentro franco-marroquí invitan a pensar que se está ante el nacimiento de un futbolista de época.

Marruecos vuelve a ilusionar al mundo, y esta vez lo hace al ritmo de un joven director de orquesta.

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