Las banderas, $ 150. Los gorros y los rosarios para que bendiga el papa, $200. Las estampitas son a voluntad. Los vendedores recorren la esquina de 18 de Julio y Paraguay pregonando su producto. Y lo colocan bastante. Son las 17 horas del viernes, y en un rato, el papa León XIV va a doblar por esa esquina en su papamóvil rumbo a la Plaza Independencia, donde tendrá su primera actividad oficial en su visita a Uruguay.
De a poco la esquina se va poblando de feligreses. Por 18, los integrantes del futuro cordón humano de voluntarios, fácilmente identificables con sus remeras verde oscuro, esperan sentados charlando en grupos, sacándose selfis. Con la impronta del animador de colegio católico arengan a la gente que espera contra las veredas con canciones de misa y cánticos de hinchada adaptados a Su Santidad. Desde algunos balcones los arengan y les siguen el juego. En esos balcones hay banderas de España, de Perú.
Un miembro de la organización pasa y le pregunta a los voluntarios si está todo en orden. El sacerdote Juan Andrés "Gordo" Verde llega a la esquina, abraza a una niña y se lleva una ovación.
Los empleados de los comercios de 18 de Julio miran desde adentro de los locales, curiosos. Algunos se arriman a las puertas de vidrio. Hay gente que pasa lo más rápido posible por el tumulto para no trancarse en la vuelta a casa. "Quiero zafar", dice una mujer y trota rumbo a la Plaza Cagancha. Otros confiesan que se fueron antes del trabajo o que no fueron para poder estar ahí.
Plaza Independencia espera la llegada del Papa León XIV
Foto: Joaquín Ormando / El Observador
Se escucha portugués. Se escucha español con acento caribeño. Personas desconocidas se preguntan por la asistencia al resto de los eventos del papa en Uruguay en este fin de semana, por su fe. Comentan datos de León, como el origen de su lema In illo uno unum.
Y de repente empieza a crecer el rumor. El rumor se vuelve alaridos. Se levantan los celulares. "Ahí viene, ahí viene". Sirenas. Pasan dos, cuatro motos, una camioneta con un seguridad que saca la mano por la ventana y obliga a tirarse contra la vereda. Y ahí atrás viene el papamóvil.
León XIV agarra 18 de Julio y se desata la locura. La multitud empieza a correr atrás, los voluntarios, agarrados de las manos, empiezan a correr atrás. Todos a la Plaza Independencia.
Parte dos: Plaza Independencia
Dicen que Uruguay tiene la población de un barrio de San Pablo. Al recorrer la Plaza Independencia esta tarde uno podría pensar que bien estaba en San Pablo, de tanto portugués que se escuchaba. Las banderas verdeamarelas abundaban, aunque también las había de Venezuela, Panamá, Perú y claro, la uruguaya.
Antes de que empezara el evento oficial, uno de los personajes más aplaudidos fue el expresidente Luis Lacalle Pou. Aunque como nadie es unánime, cuando apareció también se escuchó un "¡fantasma!".
Al presidente Yamandú Orsi le pidieron de entre la multitud "no te comas las eses", antes de su discurso. Cuando enumeró a figuras de la Iglesia Católica uruguaya y mencionó algunos de los problemas coyunturales del país como el nivel de pobreza infantil, le gritaron "¡Bien presidente!".
Una mujer gritó "¡Bien, padre!" cuando en su discurso, León XIV habló sobre la protección de la vida humana que "todavía no ha nacido" (uno de los pasajes más aplaudidos y celebrados de su alocución.
Mientras el papa hablaba, todos miraban, ya fuera con sus ojos o con el filtro de la pantalla del celular. Lo miraban trepados a las torres de amplificación, lo miraban desde las ventanas de los edificios que rodean la plaza, desde balcones, desde azoteas. Lo miraban desde la torre del Palacio Salvo.
Lo miraban con globos blancos y amarillos, lo miraban con banderas del Vaticano, lo miraban con una bandera del Club Atlético Bella Vista colgada del balcón. Lo dejaban de mirar cuando hacía referencia a los frisos del monumento a Artigas que domina la Plaza. Ahí todos se giraban hacia la base de la escultura del prócer ante cada mención a la Redota, incluso los que estaban en la base del monumento, con tal de tener un poco más de altura y ver mejor al Sumo Pontífice.
Tres hombres asiáticos irrumpen entre la gente y sacan sus teléfonos, sorprendidos. Hablan fuerte y la gente que los rodea los mira intensamente, aunque nadie les dice nada. Se van cuando el papa y Orsi entran al Palacio Estévez. Caen un par de gotas del cielo, y la gente empieza a irse, sobre todo la que tiene niños. Pero todavía falta.
Parte tres: Plaza Matriz
Ya es de noche. En la Puerta de la Ciudadela unos voluntarios cantan "esta es la juventud del papa". Un grupo de muchachos canta "esta es tu casa León" (con la melodía de vamo, vamo tricolor/Peñarol, hoy te vinimo a alentar, para ser campeón, hoy hay que ganar), otros empiezan a cantar "borombombom, borombombom, está llegando, papa León".
El viento no afloja y los integrantes de una cuerda de tambores que espera al papa se impacientan por el frío. El movilero argentino Robertito Funes Ugarte llega y la gente se vuelve loca. El sacerdote Juan Andrés "Gordo" Verde llega y se lleva un "olé olé, Gordo, Gordo". Pero de repente se terminan distracciones: el papa está viniendo.
León cruza la Puerta de la Ciudadela después de saludar al Lobo Núñez y empiezan los tambores. El papa aplaude desde el mini papamóvil en el que recorre la peatonal Sarandí. La gente se trepa a donde puede. Se cuelgan de las rejas de ventanas, se agarran de columnas, de donde sea.
Le acercan un bebé al papa que lo besa y pone su mano en su cabeza para bendecirlo. Los adultos estiran sus manos, sus celulares, le dan papeles, estampitas, mensajes. Lo aclaman. Hay lágrimas, hay sonrisas iluminadas.
En un movimiento rapidísimo, León pasa por el Cabildo y recibe la llave de la ciudad. Enseguida atraviesa la Plaza Matriz, escoltado por niños cuyas voces se escuchan desde bastante lejos. Desde un balcón una voz ronca de hombre exclama "¡Peñarol, Peñarol, papa!"
León XIV entra a la Catedral para cerrar su primer día de actividades en Montevideo. Mientras entra al edificio algunos rezan padrenuestros, otros gritan "viva el papa", y reciben el "viva" de respuesta correspondiente.
De a poco la multitud se desarma aunque hay cientos que esperarán su salida y su traslado a la Nunciatura Apostólica donde se alojará hasta su partida el domingo. El primer día del papa se termina. Un día intenso para sus fieles y para la ciudad que lo recibió.