Nacional > ENTREVISTA A JUAN JOSÉ ARTEAGA

“El gobierno chavista no va a entregar el poder nunca”

El exembajador uruguayo en Venezuela afirma que el chavismo no cree en la alternancia política y por eso argumenta que no hay una salida visible a la crisis

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02 de febrero de 2019 a las 05:00

Juan José Arteaga fue el último de una especie. Llegó a Venezuela en julio de 1999 como embajador de Uruguay y ahí estuvo cinco años. Tras su vuelta, el país nunca volvió a tener un embajador de carrera en ese destino. Este doctor en Historia por la Complutense de Madrid fue quien informó al gobierno del presidente Jorge Batlle sobre los primeros pasos del chavismo en Venezuela y quien tomó nota del inicio del declive democrático de ese país.

¿Qué diferencia hay entre la Venezuela que usted dejó en julio de 2004 y la de hoy?
El chavismo no cambió sustancialmente. Pero Chávez tuvo dos condiciones que no tiene Maduro: una legalidad de origen y su condición de militar, que fue lo que hizo que introdujera a las Fuerzas Armadas (FFAA) en el gobierno desde el principio. Y eso respondía a sus tres pilares de la revolución: Fuerzas Armadas, caudillo y pueblo. Luego del golpe de Estado que le hacen a él en 2002 comenzó un proceso de cubanización de Venezuela.

¿Por qué se dio ese proceso?
Nunca vi un gobierno tan ineficaz e inepto como el bolivariano. Había un discurso que centraba en Chávez la solución de la pobreza pero no había ningún programa. En los cinco años que estuve no vi que hiciera un hospital o una escuela. Es más, liquidó todos los programas sociales que había en la presidencia anterior de (Rafael) Caldera y pasó ese presupuesto a las FFAA en enero de 2000. Entonces aquí se inicia un cambio: las FFAA van a ir desbordando su papel constitucional y van a ir paulatinamente interviniendo en otros temas. Pero, mientras vivió Chávez, era el líder y el caudillo. Primero creó las Fuerzas Armadas Bolivarianas y luego en 2007 introdujo las Fuerzas Armadas Socialistas. El ejército tiene como lema “patria, socialismo o muerte venceremos”. Ahora los militares se saludan y dicen “Chávez siempre vive”. Hubo una creciente militarización de la sociedad y de la vida política y una decadencia institucional respecto al control democrático sobre las Fuerzas Armadas. Esta nueva militarización llevó a que ya en el 2001, Venezuela tuviera más generales y almirantes que Argentina y México juntos. 

¿Qué tan importante ha sido esa participación militar en asuntos civiles?
Por lo pronto, controlan sectores económicos fundamentales como Pdvsa, que es el responsable del 95% de la renta de país. El segundo negocio controlado es la distribución de alimentos.  Cuando era embajador y se empezaron a distribuir bolsas se puso la importación y distribución bajo la estructura militar. En un país con estos problemas de abastecimiento es fundamental. El tercer negocio, que es más delicado decirlo pero donde ya hay pruebas, es el narcotráfico. En un país tan controlado por el servicio secreto como Venezuela eso no puede pasar desapercibido. Inclusive las Fuerzas Armadas han participado de negocios de trata de personas en la frontera colombiana.

Y ese rol de las fuerzas se mantuvo durante todos estos años
Eso se ha agravado. Cuando Chávez murió, Maduro no tenía un liderazgo sobre las Fuerzas Armadas. Entonces para mantener ese liderazgo, aumentó el papel y la autoridad de  las fuerzas aún más. Nueve de sus ministros hoy son militares.

¿Por qué Chávez designó a Maduro sabiendo que no tenía la misma influencia en las fuerzas?
Eso no lo sabemos de forma precisa. Lo que se comentaba a nivel político en Venezuela en esos momentos era que como Chávez decidió pasar su enfermedad, su agonía y su muerte en Cuba, el gobierno cubano –los Castro– influyó en la decisión. En lugar de elegir a Diosdado Cabello, que era un capitán del Ejército muy vinculado al poder militar, fueron por Maduro. Creo que lo vieron como un hombre más dúctil hacia Cuba o menos independiente que Cabello. Entonces Chávez señaló con el dedo agonizante a Maduro.  

Entonces la injerencia de otros estados en Venezuela data de tiempo atrás.
La cubana data desde el origen del chavismo y se acentuó luego del golpe de 2002, cuando Cuba le empezó a brindar el primer anillo de seguridad a Chávez. En el gobierno de Maduro sigue  presente la seguridad cubana pero ahora la novedad es que se han incorporado 400 rusos de una empresa privada que evidentemente tiene contactos con el Kremlin y que responden a una iniciativa de Putin, quien está preocupado por una intervención estadounidense. Pero la injerencia cubana ha sido muy clara y no solo en materia de seguridad. Cuando yo estaba en Caracas el embajador cubano participaba de las sesiones de gabinete y los ayudaba con los programas sociales.

¿Con ese grado de militarización como se explica el alto nivel de delito que hay en Venezuela?
Es muy curioso: en un país con una inseguridad tan grande, en los veinte años de gobierno bolivariano nunca se implementó una política interna de seguridad ciudadana contra el delito común. Si a través del Sebin (el Servicio Bolivariano de Inteligencia) –de la policía política- se le ha dado poder a los militares sobre el control político-ideológico y se les ha encargado la tarea de controlar, perseguir y reprimir a la oposición política. 

¿Ese es un efecto de la cubanización?
No, ese es un efecto natural de un ejército encuadrado en un gobierno ideológico que responde a un partido político y que, por lo tanto, no responde a todo el país. Esto lleva a que en estos momentos, en que la popularidad del gobierno chavista no llega al 30% por la crisis, las fuerzas sean el sostén de Maduro. Lo que hubo todo este tiempo en Venezuela fue un gobierno cívico-militar, tal como se llama a la última dictadura uruguaya. 

En función de este diagnóstico ¿se puede hablar de democracia en Venezuela?
Hay varias razones por las cuales Venezuela no es una democracia. En primer lugar está la constatación de que el gobierno no acepta la separación de poderes. Chávez eliminó por decreto el control del Parlamento, cuando incluso tenía la mayoría. El Poder Judicial está sometido al poder político del chavismo, las FFAA tienen un creciente peso político y económico, crearon una Asamblea Constituyente no para hacer una constitución sino para reemplazar al único cuerpo –la Asamblea Nacional- que fue electo por el pueblo y lo mismo pasa con el Tribunal Supremo de Justicia. ¿En qué país de la América democrática se ha visto que el TSJ esté por encima del Parlamento? Los tribunales penales militares han juzgado a cientos de civiles desde 2004. En este poder absoluto, una vez que la revolución bolivariana se adueñó de las instituciones, el Consejo Electoral dejó de ser neutro, y eso no da garantías. Por eso la oposición no se ha presentado en las últimas elecciones de mayo. Pero además no hay democracia porque no existe libre acceso a la información. En las provincias la gente no sabe lo que está sucediendo por falta de medios de comunicación independientes y solo acceden a una narrativa oficial. El dominio de los grandes medios empezó con Chávez y su política de negación del papel para los diarios porque su importación depende del control de cambios. Por ejemplo, El Nacional dejó de publicarse, su director vive en el exilio y solo se puede leer en la web desde fuera de Venezuela, que también da la pauta de la censura en internet. Estamos ante un dominio de los medios de comunicación -incluso usando ricos empresarios bolivarianos,  porque el bolivarianismo creó a su propia burguesía- comprando los medios o clausurándolos. Un tercer punto es que el gobierno de Maduro se opuso al ingreso de observadores internacionales de reconocida solvencia como los de la OEA y los de la UE. En la última elección hubo invitados por el gobierno como veedores. El chavismo también retiró al país de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es evidente que no podemos hablar de democracia.

¿Por qué el chavismo recorrió este camino?
Al principio había expectativa de si Chávez iría por el camino democrático o no. Pero rápidamente nos dimos cuenta que lo que buscaba era perpetuarse en el poder. Yo llevaba poco tiempo en Venezuela cuando fue el plebiscito constitucional del 99. Oía a Chávez que decía: “y a la oposición, plomo”. Le pregunté a un venezolano si entendía correctamente, si estaba hablando de balas.  Pedía balas para la oposición. Ese era el discurso del 99. Lo que Chávez planteó fue una revolución: o estás conmigo o contra mí. Y el que está contra mí es enemigo de la patria. Desde el discurso oficial, la oposición es un enemigo pero además es traidora a la patria porque está con el imperialismo. Puede haber sectores dependientes o muy unidos a los intereses estadounidenses. No lo niego. Pero también hay partidos de izquierda en la oposición. Bandera Roja que es un partido de izquierda radical está en la oposición. El MAS, al cual perteneció José Vicente Rangel –excanciller, vicepresidente y ministro de Defensa de Chávez– también está en la oposición. Ahora Maduro los llama terroristas. La  prédica oral siempre fue muy intolerante. Nunca aceptaron que hubiera una oposición democrática, aunque fuera minoría. El chavismo creó la elección ininterrumpida en Venezuela y la oposición ha cometido muchos errores por desesperación. Ya en 1999 Chávez decía que estaría hasta el 2021 en el poder. Llevamos veinte años de régimen. 

¿Cómo explica entonces que el gobierno considere la elección de mayo como legítima?
Lo primero que hay que decir es que aquí, al menos, hay una contradicción porque nuestro gobierno votó la cláusula democrática del Mercosur y suspendió a Venezuela por considerar que no era un sistema democrático. Desde este punto de vista no se entiende que el gobierno haya enviado a un representante a la asunción de Maduro porque el Uruguay ya no reconocía la esencia democrática del gobierno. A diferencia de la mayoría de los países de la región, Uruguay fue suavizando sus políticas ante la creciente crisis de la democracia venezolana y termina aceptando esta elección. Lo lamento y lo veo con tristeza porque el Uruguay está desubicado internacionalmente por esta posición. 

¿Por qué cree que pasó eso?
Es un problema interno del Frente Amplio. No todos los sectores están de acuerdo con esto. Pero hay sectores de peso como el MPP, el PCU y algún un sector socialista que marcan la cancha en este tema. Pero tampoco debería extrañarnos. No es la primera vez que el Frente Amplio justifica un régimen autoritario. Nunca vimos la crítica a un gobierno de partido único donde se violan los derechos humanos y las libertades individuales como el cubano. Lo justifican como una “democracia diferente”. Si hay algo que ha caracterizado la política exterior del Uruguay en la región es la defensa de la democracia y los derechos humanos. Pero creo que al FA le falta superar el test democrático.  

El argumento es que hubo un llamado a elecciones y la gente vota
Son como las elecciones que llamaba (Alfredo) Stroessner (dictador paraguayo) que cada 4 años hacía elecciones y también las ganaba. No hay que olvidarse que la empresa informática que dio el servicio en las elecciones de mayo dijo desde Londres que había fraude en más de un millón de votos. ¿Cómo el gobierno uruguayo no recuerda estas cosas? Pero además, el chavismo tiene el carné de la patria –que usan los sectores más pobres para acceder a vivienda y alimentos- pero que es un sistema de control político. Si el día de la elección los beneficiarios no aparecían en la mañana los iban a buscar para que votaran bajo presión. Cuando el plebiscito por el revocatorio de Chávez luego se publicaron por Internet todos los ciudadanos venezolanos que habían firmado para la convocatoria. Y a todos los públicos los destituyeron, al igual de los que hicieron la huelga de Pdvsa. Persiguieron a los sindicatos. ¿De qué libertad me están hablando?

El canciller ha dicho que la oposición también tiene responsabilidad porque decidió no participar de la elección.
Lo que ganó en mayo fue la abstención, que fue decidida políticamente. ¿Cómo en el imaginario de la izquierda nacional no recuerdan las elecciones internas del 82? ¿Cuál fue la orden de Seregni? Abstención. La orden de Seregni, injustamente preso, fue abstención. Porque quería marcar cuáles eran los votos del Frente Amplio. Lo mismo hizo la oposición venezolana ahora.

Hay quienes dicen que Chávez tenía mucho interés en conocer a Seregni.
Eso es así. Cuando presenté carta credenciales ante Chávez, él manifestó interés por la figura del “general demócrata”. Así lo llamó. Luego en marzo de 2000 tuve que viajar a Montevideo para la asunción del presidente Batlle porque Chávez acudiría. Se cruzaron brevemente en el Parlamento y Seregni lo saludó de forma cortés pero nunca lo recibió. En 1994 –luego de la amnistía de Caldera- Chávez también había visitado Montevideo como parte de un recorrido por toda América con el objetivo de entrar en contacto con sectores de izquierda. Fue a Montevideo porque el FA tenía el gobierno de la ciudad. Pidió una audiencia con Vázquez pero no lo recibió. Entonces el que lo termina viendo fue el brigadier Gerónimo Cardozo, que fue el primer embajador del FA en Venezuela. Cardozo empezó a viajar mucho antes de ser designado embajador. Recuerdo incluso que me llamaba desde Miraflores. Tenía acceso directo a Chávez. 

¿Cómo cambió la política del chavismo con Uruguay luego que ganó el Frente Amplio?
Cuando Chávez asumió lo primero que hizo respecto al Uruguay fue desconocer el acuerdo de alcance parcial de Aladi y declaró que los lácteos serían importados con licencia previa y con un cupo. Yo buscaba hablarle de comercio pero él no quería saber de nada. El comercio que Chávez entendía era el comercio político: “compro a quienes me apoyan políticamente”. Cuando gana el FA, las FFAA reciben la orden de comprarle a Uruguay, Brasil y Argentina. Durante los años de Lula y Dilma, Brasil fue el principal beneficiado. Se instaló Odebrecht sin licitación. Me acuerdo de la primera gran obra que Chávez otorgó a dedo: el segundo puente sobre el Orinoco. Después llegaría el metro y las carreteras. Los cambios de gobierno en Brasil y Argentina afectaron ese comercio. Y cuando el Uruguay se enfrió dejaron de comprar y dejaron de pagar la deuda de los lácteos. Ahora leí que de los US$ 36 millones han pagado 8. No quiero pensar mal.

Para fundamentar su postura el gobierno pone el acento en la no injerencia, la autodeterminación y la creencia que presionar internacionalmente a Venezuela no es una estrategia inteligente. ¿Está de acuerdo?
El principio de no injerencia ha sido muy importante para América Latina pero actualmente tiene sus límites y no es absoluto, como cuando hay violación de derechos humanos o persecución política. La autodeterminación la respetamos pero en este caso está mal aplicada porque no hay garantías democráticas. Y la idea de evitar males mayores que se fundamenta en la propuesta de diálogo que hizo Uruguay con México no tiene sentido porque no hay diálogo posible. Lo digo con preocupación y tristeza. Todos los diálogos fracasaron. En el primer gobierno de Chávez, el entonces secretario general de la OEA y expresidente colombiano, César Gaviria estuvo viviendo meses en Caracas y no logró que el gobierno respetara a la minoría opositora. Y luego hubo intentos diversos: los cancilleres de la Unasur, el Vaticano, Rodríguez Zapatero, el gobierno de República Dominicana. Todos fracasaron. El gobierno chavista, igual que el cubano, no va a entregar el poder nunca porque no acepta la libre alternancia política.

¿Cuál es la salida entonces?
No veo una salida. La presión internacional debe continuar porque ha sido eficaz en alguna medida. Puso al gobierno cívico militar a la defensiva. Creo que fue importante el Grupo del Lima, no lo desmerezco. Me hubiera gustado que el Uruguay estuviera allí porque están defendiendo la democracia. El hecho que EEUU haya desconocido a Maduro tuvo que provocar un cimbronazo en la cúpula militar. Pero el alto mando seguirá apoyando al régimen por todos los intereses que tienen: son la casta privilegiada, la nueva nomenclatura con cuentas en Andorra. Si no hay resquebrajamiento de las FFAA, Guaidó va a terminar preso en el Sebin o en el exilio. La única posibilidad es que oficiales de menor jerarquía se nieguen a acatar el mando. 

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