¿Coincide con que el Frente Amplio está en crisis y que eso afecta al gobierno?
Vemos la situación con preocupación, sí. Las dificultades son innegables, pero lo positivo es que hay plena conciencia de ello y se propone un sinceramiento. Sin esa condición será difícil encontrar una salida. La Alianza Progresista está a favor de profundizar el debate, de aportar a una salida radicalmente democrática con mecanismos de consulta y nuevos procedimientos de integración de los organismos de dirección del FA. Estos deben instalarse bajo el criterio de la representación proporcional, sin desconocer por cierto que los comités de base están en el ADN de la izquierda uruguaya. Pero hay que adaptar las estructuras a una realidad totalmente distinta a la de hace 40 años.
¿Hay riesgo de quiebre en el FA?
Creo que no, pero hay que tomar las precauciones porque estamos en el límite justo en la mayoría parlamentaria. Hay que crear todas las condiciones que aseguren una mayoría fundamental para la gestión del gobierno y continuar con el proyecto de desarrollo nacional en el 2014. En ese sentido, la Comisión del Programa del FA ya comenzó a funcionar con delegados de todos los sectores, y en todo el interior del país.
El Partido Comunista planteó discutir las bases programáticas del FA en el entendido de que no se cumplen en todos sus términos y de que hay iniciativas oficiales que no están en el programa. ¿Esto cuestiona a la Comisión de Programa que usted preside?
Creo que no. Es la primera vez que la comisión se reúne lejos de un proceso electoral y de un congreso del FA en el que hay que aprobar un programa. Muchas veces, por no poder profundizar, tuvo algunas definiciones que fueron más motivo de un acuerdo político cupular que de un proceso de construcción de consensos. El gobierno de Vázquez y el de Mujica no solo no han hecho nada contra el programa sino que han respetado siempre su espíritu y su letra. La dinámica de gobierno muchas veces lleva a postergar algunos temas, pero el gobierno viene cumpliendo sin dudas el programa y esas cosas son las que nos gustaría discutir porque admito que puede haber interpretaciones distintas.
El PCU dice que la unidad de acción fue quebrada por otros sectores antes al plantear acuerdos comerciales con Estados Unidos que no estaban en el programa.
Hoy esas situaciones extremas no están planteadas. Todo lo acordado en los ámbitos correspondientes debe ser respetado; puede haber propuestas del Partido Comunista a considerar. No hubiera habido FA sin acuerdo político fundacional: era imposible un entendimiento sin que líderes del nivel de Juan Pablo Terra y Rodney Arismendi jugaran un papel fundamental. Estamos hablando de tiempos de guerra fría donde la palabra empeñada en el respeto a las cosas acordadas era sagrada. Hay que retomar ese espíritu fundacional.
El FA va a redefinir en qué casos se puede esgrimir cuestiones de principios para no votar una ley. ¿Cuál es su opinión?
No tengo dudas de que hay aspectos que tienen un componente filosófico o ético, como el aborto. Son cuestiones de principios. La creación de un frigorífico estatal no tiene el mismo nivel de principios.
¿La unidad de acción debe ser política o solo parlamentaria?
Depende de los temas y las circunstancias, pero la primacía es sin duda la unidad política. Puede haber una situación muy contingente que se resuelva a nivel parlamentario, pero lo fundamental es volver al espíritu fundacional del acuerdo político con el respeto sagrado a las cosas que allí se acordaban y después su acción parlamentaria.
¿Por qué se perdió ese espíritu?
El ejercicio del poder trae algunas tentaciones o dificultades. Hay que cuestionarse siempre sobre la razón última del poder que es el cambio a favor de las mayorías y la supremacía del bien común ante cualquier interés sectorial por más legítimo que sea, y mucho más de carácter personal.
Es indudable que el problema de hoy está asociado a la diferencia que hay entre conformar un bloque opositor y tener una responsabilidad de gobierno que a muchos aún les cuesta asumir.
¿Cómo vive el gobierno la duda permanente sobre si tiene o no mayorías parlamentarias?
Se ve con preocupación, pero también con sentido autocrítico en cuanto a que en el divorcio entre fuerza política y gobierno, y las dificultades para administrar esa tensión no corresponden solo a un lado. Puede haber problemas también del lado del gobierno. Hay tantas cosas en juego respecto al proyecto político progresista que creo que ese bien común debe estar por encima de todo lo sectorial. Cada uno deberá dejar algo de lado. Debemos evitar esa gran contradicción de que en momentos de crecimiento económico, de inversión, se dan estos problemas que de no corregirse pueden afectar el futuro. Estamos muy lejos de agotar este tiempo progresista, pero tampoco eso está escrito en la Biblia y, por lo tanto, habrá que asumir el debate y el discurso unitario.
¿Existe el riesgo de desaprovechar este bienestar económico por los problemas internos del gobierno?
Estoy seguro que va a primar la sensatez porque eso sería un pecado mortal. Creo que el crecimiento va a continuar; en el corazón de la conducción económica va a seguir existiendo el acuerdo fundamental.
¿Hay dos FA en pugna?
Es un tema más que opinable. Creo que efectivamente hay visiones que son distintas en muchos temas. Venimos con mochilas y cargas con diferentes pesos y contenidos. Las diferencias que tenemos muchas veces no son debidas a cuestiones de estilos o de liderazgos personales o de microclimas de sectores. Creo que el sinceramiento consiste en asumir que tenemos problemas de fondo, conceptuales, de dimensión ideológica.
¿En este contexto de crisis hay que pedirle a Vázquez que vuelva a ser presidente del FA?
Yo no descarto ninguna posibilidad. Tabaré Vázquez es una referencia fundamental y seguirá teniendo una enorme gravitación desde el lugar que él decida. Sí creo que Jorge Brovetto requiere un reconocimiento del FA por su formidable aporte unitario en tiempos de tormentas. Pero ojalá que en esa mirada futura, a través de la elección directa, también en la presidencia haya renovación
Perfil
Dirigente del Partido Demócrata Cristiano, Héctor Lescano integra el sector Alianza Progresista, liderado por el senador y ex vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa. Desde 1997 preside la Comisión de Programa del Frente Amplio, encargada de coordinar el debate interno de la coalición de izquierda sobre las propuestas programáticas y de redactar después el programa de gobierno. Lescano es ministro de Turismo y Deporte desde marzo de 2005, cuando fue designado por el entonces presidente Tabaré Vázquez. Es el único ministro que se mantiene del período anterior en el mismo cargo. Fue ratificado por el presidente José Mujica en marzo de 2010.
presidente de la comisión de programa del frente amplio