El Observador Estados Unidos | Gastón Massari Copes

Por  Gastón Massari Copes

Vicepresidente Sénior y Director de Asuntos Latinoamericanos en RXN
3 de abril de 2026 12:51 hs

Desde antes de ser una nación consolidada, ya había actividad minera en el actual territorio argentino. Las provincias nacieron antes que la nación, y en ese momento ya se proyectaba un espectacular futuro basado en la extracción de metales y minerales presentes en la geografía actual del país más austral del mundo.

Ergo, la potencialidad en recursos geológicos no es una novedad, el potencial del capital humano vinculado a la actividad minera es muy alto, la necesidad global por lo que hay presente en términos de minerales y recursos en las rocas y el suelo está manifiesto, todo esto sumado a la necesidad de una nación entera de crecer económicamente, entonces, y un alineamiento político propicio.

Todos estos elementos están presentes y han convergido en este momento de la historia: el recurso geológico + la demanda global (más fuerte que nunca) + la decisión de hacer crecer la actividad + condiciones geopolíticas ideales, Estados Unidos y Argentina caminan en el mismo sentido y son absolutamente complementarios.

Marco Rubio en cumbre sobre minerales críticos - 4-2-26 - AFP

Cómo maximizar el alineamiento

La pregunta entonces es: ¿por qué Argentina no ha logrado aún maximizar esta alineación de planetas? Para despegar, la industria minera en Argentina necesita de una sola cosa: dejemos de hablar de minería argentina. En Argentina, los recursos minerales pertenecen originariamente a las provincias. Esto surge del artículo 124 de la Constitución Nacional, que establece que corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio. En la práctica, esto significa que la nación fija el marco general y las provincias son las que controlan el recurso, otorgan derechos mineros a privados y administran gran parte del procedimiento minero.

Este marco no es novedad, basta con indagar online en cualquier IA; sin embargo, al momento de la conexión entre compañías y capitales de los Estados Unidos que pretenden invertir en esta industria y el ecosistema minero argentino se encuentran muy a menudo con un problema táctico que, en el mejor de los casos, enlentece el proceso o, en muchos otros, lo trunca: la incomprensión de ambas partes de la complejidad de la otra.

Por un lado, los inversores norteamericanos al momento de avanzar en una potencial oportunidad deben tomar una decisión táctica que puede definir para bien o para mal el futuro de un proyecto multimillonario: ¿dónde se inicia la conversación?, ¿con quién? ¿es a nivel federal? ¿es a nivel provincial?, ¿es acaso una conversación que se inicia local con el gobierno municipal? , ¿es con el privado tenedor de los derechos mineros?, ¿es aún más micro y comienza con las comunidades y los grupos interesados en la temática? La respuesta a estas preguntas es: sí.

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¿Dudas? Exacto, bienvenido al ecosistema minero argentino. Grandes leyes, regulaciones y reglamentos montados sobre estructuras que distan de ser frágiles, sólo necesitan ser reconocidas en la conversación. Sin ánimo de entrar en el plano místico o religioso, se hace necesario recordar el Antiguo Testamento, donde el profeta Daniel interpreta un sueño del rey Nabucodonosor, en el que el monarca ve una estatua colosal compuesta de oro, plata, bronce, hierro sostenida con pies de barro cocido, suena familiar ¿verdad?

El lugar de las provincias

Por el otro lado, a las provincias, conocedoras de su potencial, sabedoras de las riquezas geológicas bajo su tutela, confiadas en la promesa latente de los recursos que administran celosamente, no llega la inversión de la forma en que es esperada, los tiempos políticos pasan y el sistema político parece reiniciarse cada unos pocos años. De todas formas, las provincias no cambian sus matrices productivas, no hay sorpresas, ni giros drásticos, son estables, predecibles y abiertas a hacer negocios con el mundo.

Durante décadas son pocos los casos que podemos citar como buenos ejemplos donde los gobiernos provinciales han comprendido eficazmente la complejidad del mundo de las inversiones internacionales. Cada proyecto minero de las provincias argentinas compite con cada proyecto minero del resto del mundo, y lo hace en desventaja, porque el recurso geológico probablemente sea el mismo o similar, lo que hace la diferencia no es el mineral en sí, es la superestructura legal, comercial, social y hasta cultural montada sobre cada una de las oportunidades mineras del país.

El próximo paso en minería es imprescindible: construir un puente cultural-minero que permita conectar al capital norteamericano, que necesita imperiosamente comprender la complejidad y la potencialidad de las provincias en materia minera, y, por el otro, las provincias deben elevar el nivel de su juego comprendiendo la complejidad de la atracción de capitales.

La potencia minera requiere profesionalismo, no hay lugar para improvisaciones, y todo esto con el acompañamiento de un actor de reparto que hace posible la amalgama de la trama: el Estado nacional argentino, el único con las herramientas necesarias para que el gigante de oro, plata, bronce, hierro se sostenga algo más que pies de barro.

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