11 de abril de 2012 10:12 hs

Uno desapareció inesperadamente cuando sus ex camaradas quisieron brindarle un homenaje por su acto de "heroísmo". El otro temblaba y lagrimeaba de a ratos presa de los nervios y del estrés devenido de tan imprevista fama.

Sergio Clavijo y Nicolás Pereira, los hombres que hace unos días se tiraron a las aguas del Río de la Plata para rescatar a Jennifer Travieso de una muerte segura, exhibieron ayer -uno brillando por su ausencia y el otro agotado por el acoso de militares y periodistas- los efectos colaterales de una exposición pública para la que, casi es innecesario decirlo, no estaban preparados.

Clavijo, más conocido desde el jueves 5 como "el héroe de la rambla sur", "el ángel de la guarda", "Popeye" o "el pelado", no pudo ser encontrado ayer por los funcionarios de la Marina que llamaron a su celular, lo fueron a buscar a su casa del barrio Aeroparque y se dieron una vuelta por Cerro Largo y Galicia donde trabaja como guardia de seguridad en un comercio de repuestos para autos.

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Lo esperaron hasta último momento -Clavijo había confirmado su presencia unas horas antes-, pero no hubo caso.

El comandante en jefe de la Armada, Alberto Caramés, se quedó con las ganas de darle un diploma al valor frente a la decena de periodistas que, pasada la una de la tarde, lo esperaban en el despacho del jerarca militar en el puerto de Montevideo.

"Ya se dará una vuelta por acá... en los próximos días seguramente", dijo Caramés resignado cuando vio que el hombre que en la última semana peregrinó por los canales de televisión y los estudios de radio ya no concurriría al llamado de la Armada.

"El sábado hablé con él largo y tendido. Hace treinta años estuvimos juntos en la fuerza", recordó Caramés en referencia al pasaje de Clavijo por los Fusileros Navales en el año 1978. El Fusna fue una fuerza temida durante la dictadura por la ferocidad del entrenamiento militar de sus integrantes y por su participación en tareas de represión.

Travieso, la mujer rescatada, no pudo ver el tatuaje del Fusna que Clavijo lleva en el brazo. Pero dijo haber percibido un "aura anaranjada" alrededor de su salvador cuando este la rescató del agua en estado de inconsciencia.

Caramés sí pudo entregarle un diploma y una réplica de la proa del buque escuela Capitán Miranda a Nicolás Pereira, un joven de 26 años que hasta el día en que se lanzó al agua para rescatar a Travieso -sin éxito-, cuidaba coches y vivía en la calle.

"Fue protagonista de una acción importante de desprendimiento y coraje. Por eso queremos reconocer a este ciudadano ejemplar con el diploma al valor", dijo el vicealmirante Caramés y le entregó el papel al asustado muchacho que solo atinó a decir "muchas gracias" ante tanta solemnidad.

Pereira fue llevado luego a otra habitación acompañado de tres muchachas que lucían uniforme y luego reapareció para que los periodistas lo ametrallaran a preguntas.
"Yo no puedo más con todo esto. Casi no me salen las palabras, estoy muy nervioso. Ni siquiera pude ir a ver al hospital a la señora que salvaron... No estoy acostumbrado a esto...", dijo a El Observador el joven oriundo de Río Branco quien desde el pasado viernes vive en una casa del barrio Borro concedida por una familia a la que conmovió su decisión de arrojarse al mar. Además, la Armada tiene previsto enrolarlo como marino de primera para que cumpla tareas de servicio por un sueldo de $ 7.300.

En cuanto a Clavijo, un edil del Partido Nacional propuso que la Intendencia de Montevideo lo nombre Ciudadano Ilustre de la ciudad.

Habrá que ver si la idea prospera y si, en caso de prosperar, el aludido concurre a la ceremonia.

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