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¿Los cantores están muertos? 

Hombre tocando la guitarra

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22 de marzo de 2021 a las 05:00

Por Yanko Silva

Allá por 1973, en el inicio de la dictadura cívico militar, muchos artistas se pusieron la camiseta uruguaya y arremetieron manifestándose en contra de lo que ya era un hecho que iba a suceder: tratar de silenciar al arte prohibiendo lo que se denomina "prácticas artísticas de resistencia". 

La dictadura cívico-militar articuló diferentes estrategias intentando reflotar la bandera del nacionalismo con quienes pudieran estar a favor de su régimen en nuestro paisito.

Nuestros artistas de aquel entonces fueron muy críticos, como en el caso del Museo Nacional de Artes Visuales, que tenía eventos de exponentes extranjeros y nunca facilitó fechas para que los artistas de acá pudieran expresarse. Varios manifestaron su descontento encapuchados, protestando y peleando por sus derechos. 

La Feria de Libros y Grabados, El Teatro Circular, El Club de Grabado, La Cinemateca, el Teatro Galpón, entre otros, también buscaban estrategias, puesto que la dictadura hizo todo lo posible para que desaparecieran, pero en su tenacidad no fueron capaces de rendirse. 

Tales fueron los casos de músicos uruguayos, que de donde estuvieran fueron un pilar fundamental para la canción popular. Como ejemplo se puede citar a Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños, Héctor Numa Morales, Larbanois Carrero Los Zucará, Larbanois Carrero, El Sabalero, entre muchos más. 

No podemos dejar pasar el rol importantísimo que tuvo la murga, buscando en nuevas formas de lenguaje –muchas veces escondido– reflejar la voz del pueblo en los momentos más oscuros de nuestro país. 

Censurados, diciendo lo que pensaban desde lo clandestino, nunca se quedaron atrás de la fila. El canto popular uruguayo hasta hoy suena en las nuevas generaciones, en los comité de base, en las marchas, o desde una casa con las ventanas abiertas. Todos esos nuevos cantores inspiraron a que el pueblo no se rindiera, salieron a la calle, se jugaron la vida, ¡fueron símbolos de esperanza! 

Hoy el silencio agobia. Hoy se trata de fomentar estrategias que por vías de lentitud extrema intentan alcanzar idealismos que, en la práctica y en lo que el pueblo quiere escuchar, duermen la idea. 

Quietos, ¡esperando no sé qué! Pocos entre cientos que quieren hacerse escuchar, pero la conciencia es una ilusión en algunos casos, puesto que aquel trabajito de la dictadura fue bien hecho. 

Muchos artistas hoy no le cantan a la revolución. Vivieron tiempos de bonanza, donde la izquierda ganó muchos derechos reclamados por el pueblo. 

Hoy los músicos estamos desperdigados y en muchos casos están más de acuerdo en juntarse para actividad recreativa que para debatir sobre cómo frenar la ola fascista que se viene. 

Pocos son los viejos cantores que van quedando y casi solos desde su lugar tiran alguna línea de las que nosotros deberíamos aprender. Ser más humildes, dejar de pensar por un minuto en el bolsillo y ver que debemos luchar por aquellos que dejamos. Porque también nos iremos algún día y ojalá que no nos toque decir, "pude haber hecho algo y no lo hice",

El pueblo necesita la canción, sentirse vivo, gritar y llevarse la bandera al hombro sobre las injusticias que se están cometiendo. 

Los artistas debemos enfrentar esa realidad, hacernos cargo. Alguien me dijo alguna vez," sin el pueblo el cantor popular no existe". En lo personal no quiero rendirme a esa frase. 

La pandemia, fuera que existen motivos para tener reparos, le vino como anillo al dedo a este gobierno multicolor. Se han habilitado diferentes rubros de la mecánica que genera ingresos al país. Casi todos, menos la cultura. Sistemáticamente, fueron dando las vueltas necesarias para dejarnos relegados y hoy lo están logrando. 

Este es un llamado a las armas. Nuestras armas son las canciones, pero separadas son solo nuestras, en la ducha o haciendo un mate bien amargo. Juntas nos pertenecen a todos y a todas y solo todas y todos podemos ponerle freno a tanta injusticia. 

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