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¡Madre!, una película terrible que merece una oportunidad

El nuevo filme de Darren Aronofsky usa un relato representativo para contar una historia conocida

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21 de septiembre de 2017 a las 05:00

Antes del estreno de su nueva película, ¡Madre!, en el del Festival Internacional de Cine de Venecia, el director estadounidense Darren Aronofsky (El cisne negro) emitió un comunicado escrito para acompañar el lanzamiento. En él, reveló que escribió el primer borrador del guion en cinco días y lo calificó como "un sueño febril". Dijo que se inspiró en hechos contemporáneos para concebirlo y advirtió que la mejor forma de servir la receta que compone a ¡Madre! es "beberla como una dosis única en un vaso de shot y tragarla".

La advertencia puede ser vista como una prevención por parte de un artista que sabe que, entre sus manos, se encuentra una obra que no será digerida de forma sencilla. Y tiene razón, porque ¡Madre! –que se estrena en Uruguay este jueves– es probablemente uno de los estrenos más inquietantes en llegar al circuito comercial de cine en el año.
La advertencia puede ser vista como una prevención por parte de un artista que sabe que, entre sus manos, se encuentra una obra que no será digerida de forma sencilla. Y tiene razón, porque ¡Madre! –que se estrena en Uruguay este jueves– es probablemente uno de los estrenos más inquietantes en llegar al circuito comercial de cine en el año.
La película contiene, particularmente, dos escenas brutales y gráficas en una misma secuencia que probablemente provoquen la partida de varios espectadores de la sala, además de una calificación local que no permite el ingreso de menores.

Revelarlas, de todas formas, sería atentar contra la intención creativa de Aronofsky, quien tras pasar años desarrollando proyectos visual y narrativamente ambiciosos como Réquiem por un sueño, El cisne negro o su penúltima película, Noé, decidió acelerar el proceso de producción cinematográfico y filmar de manera más rápida una historia que ocurre, por ejemplo, en una sola locación: una gran casona ubicada en un lugar remoto y agreste.

Allí vive un matrimonio interpretado por Jennifer Lawrence y Javier Bardem, cuyos nombres no se conocen. En los créditos ella figura como "Madre" y el español como "Él". Sí se conoce que él es un poeta que sufre un bloqueo creativo y ella se encuentra en proceso de refaccionar la casa en la que habitan.

Su tranquilidad matrimonial es rápidamente interrumpida una vez que el actor Ed Harris –cuyo personaje será conocido como "Hombre"– se presenta ante la puerta del matrimonio como un doctor que toca erróneamente a su puerta pensando que se trata de un alojamiento.

La llegada de Harris inicia una serie de eventos desafortunados para Madre, quien no solo debe lidiar con la invasiva presencia del Hombre y luego, su esposa (Michelle Pfeiffer), sino también ser testigo de cómo su amado esposo parece alejarse más y más de ella y ser incapaz de comprender qué es lo que parece aquejarla.

Después de una escena inicial misteriosa, el único punto de vista que se tiene en la película es el del personaje interpretado por Lawrence. De hecho, Aronofsky dijo en entrevistas que "cerca del 60%" de ¡Madre! consiste en el rostro de la actriz y pese a que la cifra parece exorbitante, no lo es.

¡Madre! es un relato vivido a través de los ojos de su protagonista y el espectador experimenta los mismos sucesos que ella. Aronofsky y su director de fotografía, Matthew Libatique (quien ha trabajado en la mayor parte de la filmografía del cineasta), centran la cámara frente a Lawrence o en sus hombros,¿ y rara vez la apartan de su rostro, acompañándola por una casa que se convierte en un sitio intimidatorio que podría alojar una secuela de El bebé de Rosemary (1968).

El guion de ¡Madre! se compone de un relato principalmente de suspenso y con algún toque de comedia involuntaria, pero que debe ser visto bajo una advertencia: la verdadera historia del filme es mayor a la que se ve en pantalla. Los personajes y su escenario son parte de una composición alegórica que, una vez descifrada, le otorga una lectura más tolerable a la película aunque, sobre el final, se torna un poco reiterativo en la explotación de sus personajes. Como pista, basta solo retroceder un casillero en la filmografía del director para aventurar en dónde se encuentran sus intereses artísticos.

El cineasta estadounidense se impone entonces como un director preocupado por tomar una historia muy conocida y esconderla debajo de un relato inquietante que reta a los espectadores a ver más allá de lo aparente.

Con una ejecución técnica a la altura de los trabajos anteriores de Aronofsky y un trabajo interpretativo meritorio, ¡Madre! es un experimento cinematográfico desafiante que requiere de tiempo de digestión para su apreciación.
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