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¿Quién permanecerá en el dojo?: sumo robótico en Paysandú

De la mano de Roboprok, tuvo lugar la primera batalla robótica del interior

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27 de enero de 2019 a las 05:01

El sumo, un tipo de lucha libre de origen japonés, enfrenta a dos contrincantes en un área circular. Básicamente, se pechan y empujan, y se debe sacar al otro del lugar de combate para sumar puntos y vencerlo. Eso mismo sucede con una versión más actual y tecnológica: una que involucra dos robots en lo que se conoce como batalla robótica. 

En Paysandú, de la mano de Roboprok –la primera escuela de robótica del interior–, se llevó a cabo un evento de estos que reunió 22 equipos y casi 100 participantes a fines de 2019. Además de los locales, hubo competidores de Guichón, Salto y Young. 

Todos los grupos que tomaron parte de este evento que tuvo lugar en la sede de Paysandú Innova con el apoyo de la Intendencia, se enfrentaron entre sí divididos en series y luego iban pasando de fase hasta llegar a la final. El título de campeón correspondió al equipo Indestructibles conformado por adolescentes que asisten a Roboprok, la primera escuela de robótica y programación de la ciudad y del interior. 

En segundo lugar, se ubicó el Colegio Vaz Ferreira de Salto y en las semifinales también estuvieron un grupo de Roboprok de Salto y otro de FOEB (Federación de Obreros y Empleados de la Bebida), cuyo dirigente Richard Read estuvo en la jornada inaugural. El robot ganador de los chicos sanduceros se confeccionó con un Lego EV3 al que le agregaron piezas de desechos, metales y rulemanes. “Se programó con Lego y funcionaba con un sensor”, dijo a Cromo Lucía Medina, fundadora y directora de Roboprok, respecto al aparato vencedor de la batalla robótica. 

“Se me ocurrió organizar una batalla robótica en la categoría sumo libre luego de que el año pasado participamos en un evento en la facultad de ingeniería. Esta categoría implica una lucha de robots, donde hay que sacar al otro del ring siguiendo un reglamento. Y los chiquilines volvieron copados”, explicó Medina. “A su vez, vimos que acá en el interior a mucha gente involucrada con la robótica la motivaba mucho esta lucha del robot. Porque no es solo un robot peleando en un ring, hay todo un trabajo detrás de eso”, añadió la docente. 

Los interesados en sumarse a este certamen debían presentar un robot –construido por ellos o adaptado– de 20 por 20 centímetros y con un peso máximo de tres kilos. Estos detalles fueron controlados antes de salir al ruedo. Además, no podían estar conectados a ningún dispositivo y estaba prohibido el uso del control remoto. 

Al mismo tiempo, el robot podía ser confeccionado con cualquier material siempre y cuando no dañara el dojo (ring) y al otro robot. “Es más bien un juego de estrategia. Tenían que cargar el robot a un programa para que siguiera distintas estrategias, en determinadas medidas dentro del dojo. Hay programas con un sensor que cuando detecta la línea blanca vuelve hacia atrás, hacia lo negro, para no salirse. Si detecta a otro objeto, otro robot, va a intentar chocarlo y sacarlo del dojo. Son estrategias que se van manejando”, especificó Medina. 

Mucho ingenio

El combate es el mismo del sumo tradicional, donde hay que empujar al rival para sacarlo, sumar puntos y ganar. El robot no podía salirse solo del dojo, “la falla más común”, según la directora de Roboprok, debido a errores en la programación o el sensor. 

Además de Lego EV3, los participantes se lucieron con robots XT, Mark, Arduinos, otros caseros realizados con objetos desechables y reciclados, y otros combinados. “Muchas veces la gente se imagina que hay una gran inversión y vemos casos de robots hechos con chatarra, con mucho ingenio en programación y diseño”, dijo Medina.

La competencia se enmarcó en la semana de la robótica y programación en Uruguay. “La idea es siempre descentralizar y mover más todo esto en el interior. La verdad es que quedamos supercontentos con la cantidad de gente que vino”, agregó con entusiasmo. 

El día anterior a la batalla robótica tuvieron lugar una muestra y talleres sobre programación y robótica. Alumnos de Roboprok de Paysandú, Salto y Guichón, del Instituto Técnico Superior sanducero y de la UTU expusieron sus proyectos, a la vez que hubo conferencias sobre Arduino y de la competencia de First Lego League, y otras brindadas por la UTEC que versó sobre la carrera de mecatrónica que se brinda en la sede de Fray Bentos. Finalizó con una charla del sociólogo Roberto Balaguer acerca del manejo de datos y seguridad. “Aprendimos todos. Un gran cierre para el evento”, concluyó Medina.

 

Reglas
Dos robots se colocan en un círculo denominado dojo. Los robots tratan de no caer mientras intentan sacar al adversario del dojo. El primer robot que toca afuera del dojo pierde la ronda, el que queda gana un punto (llamado yuko). Las partidas se juegan a dos yukos.
Una partida consiste en tres sets de tres minutos cada una. Cuando ningún participante recibe puntos, el ganador es decidido por el jurado. Si no hubo superioridad evidente y no es posible determinar un ganador, puede realizarse un nuevo juego de tres minutos.
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