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Aldo Silva: "Mi reto diario es demostrarle a la gente que por algo estoy acá"

En medio de un 2019 lleno de terremotos laborales, el periodista y conductor de Telemundo sumó un cambio de último minuto: el pase de radio Universal a radio Sarandí 

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22 de noviembre de 2019 a las 13:40

El barrio le corre en la sangre y la atracción es inevitable. Aldo Silva sabe que en la Aguada hay un centro gravitacional que lo llama y tira de él. Quizás algo tenga que ver la esquina que lo vio nacer, el cruce de las calles Pando y Domingo Aramburú. O el eco de la pelota picando en la cancha del club del que todavía se pone la camiseta. Sea como sea, algo lo ha retenido; aunque ahora viva en otro lado, su primera casa estuvo por ahí. También uno de sus primeros trabajos, que fue en UTE. Y después, el periodismo: un pequeño pasaje por radio Sarandí y, más tarde, la carrera en Telemundo, el informativo que puso su rostro en los televisores del país y lo convirtió en un sinónimo de las noticias.

Pero el 2019 vino raro, casi que fue un año capicúa. Con 53 años ya no esperaba demasiados sacudones profesionales, pero llegaron igual y fueron tres: la salida de su compañera de banco y cámara Claudia García, la renovación total del noticiero y, en los descuentos del año, su pase del programa Fuentes confiables en radio Universal al informativo de Sarandí. Como si de placas tectónicas se tratara, las radios empezaron a moverse y las negociaciones determinaron que, a partir de febrero del año próximo, el periodista acompañará a Gabriel Pereyra y Valeria Superchi en uno de los programas más escuchados del dial. Silva sabe, claro, que es un desafío. Estima estar a la altura y en algún punto está confiado. Porque además va a estar en el barrio. Más que antes, incluso. Y se sabe: en Aguada, Aldo juega de local.

¿Qué siente ante la despedida de Fuentes confiables?

Me siento rarísimo. Había echado raíces en Universal. Había tenido alguna que otra oportunidad para irme, algunas ofertas, pero siempre me quedé. Estaba cómodo. Inicié un proyecto periodístico que creo que va a seguir siendo importante, pero surgió lo de Sarandí y decidí embarcarme.

¿Era el momento de cambiar de aire?

Sí. Entrar en Sarandí es muy importante, es una radio legendaria, con una historia periodística muy grande. La historia de Universal estábamos reconstruyéndola, pero tuve que tomar la decisión.

¿Qué desafíos lo esperan en Sarandí?

Voy a trabajar con grandes periodistas. No es que no lo hiciera ya, pero acá me voy a encontrar con un equipo consolidado al que me voy a sumar. En Universal era el líder de una movida periodística; acá me integro a un rumbo que ya está marcado. A mi edad eso es un reto. 

¿Qué rol va a cumplir?

Por lo que me plantearon las autoridades de la emisora, voy como una especie de conductor principal a integrarme al equipo. A Gabriel (Pereyra) lo conozco hace muchos años y me parece un gran periodista, y de Valeria Superchi siempre me encantó su estilo. Ya trabajé muchas veces con personas diferentes y se trata de mantener el equilibrio. Es bueno cuando hay estilos diferentes tras un mismo objetivo.

Ya que hablamos de estilo, ¿cómo podría definir el suyo?

Soy un periodista amante del rigor y me gusta manejar mi propia información. Me considero un buen base, por usar términos de básquetbol, porque hago jugar a todo el equipo. Creo que esa es mi característica primordial. La pelota se la paso a todo el mundo. 

Imagino que con la experiencia en el noticiero eso se potenció.

Claro. Y además, no lo digo por Sarandí porque todavía no estoy trabajando allí, pero a lo largo de mi carrera me ha tocado manejar gente con mucho ego a la que tenía que marcarle la cancha. Y lo hice. El manejo de los equipos es todo un arte. Lo vivo ahora en Universal, donde tengo gente muy nueva trabajando, gente que ha debutado al aire junto a mí, con pánico escénico, a la que demoro más en explicarle que lo que hace está muy bueno y que no tiene que tener miedo. Digamos que en eso siempre he intentado jugar en equipo.

¿Qué relación tenía con su audiencia en Fuentes confiables y qué cree que va a pasar ahora que se va?

He estado pensando mucho en eso. Suena a frase hecha, pero realmente le tengo mucho respeto a la audiencia, a la de la radio y a la del canal. La primera vez que salí al aire al frente de un informativo, que creo que fue… (Piensa. Se dirige a Rosario, la telefonista, que está a algunos metros distancia.) Rosario, ¿te acordás de cuándo conduje por primera vez el informativo central y la gente empezó a llamar y trancó la central? ¿Te acordás si fue un central o al mediodía? (Rosario dice que no se acuerda, pero sí de los teléfonos saturados. Silva vuelve a la entrevista). Se había ido alguien del informativo y quedé en su lugar. Y ese día Rosario viene y me dice “no sabés lo que es la gente llamando para que quedes vos”. Fue impresionante, conmovedor. Yo era el conductor más joven que había en un central, tenía 32 años. Y me puso la gente. Por eso le tengo un agradecimiento muy grande. ¿Y qué va a pasar cuando esté en Sarandí? Yo voy a ser el mismo de siempre. Espero que me acompañen, pero a la vez también quiero que mucha gente se quede en Universal porque ahí hicimos el intento de generar un estilo propio. Es una gran disyuntiva. Sé que paso a una radio legendaria, con un gran potencial y que lidera en audiencia. Llego a un programa que es número uno. Eso es fuerte, una gran responsabilidad. 

Para muchos usted es uno de los rostros del periodismo en el país, y si hubiera que armar un plantel de figuras periodísticas, seguramente estaría. ¿Se siente en ese lugar?

La evidencia es muy fuerte. Como conductor del informativo central de canal 12 tengo un peso claro. El tema es demostrar la valía. Porque yo puedo salir a cada rato en televisión y estar enchufado a un teleprónter. Me considero un periodista de sangre, me enorgullece formar parte de eso, pero a la vez trato de demostrar día a día que no soy un tipo que ha logrado trascender porque sí. Arranqué en la época del teléfono de línea, ahora estamos en la era del 5G y sigo acá. Me gané mi puesto trabajando. Y, aunque tengo pantalla diaria, he logrado adaptarme y readaptarme a los cambios. Mi reto diario es demostrarle a la gente que por algo estoy acá. Y es eso: un reto diario. Todavía no gané nada. Mi triunfo es la permanencia. 

Hace mucho tiempo que hace periodismo en televisión, ¿cómo ve que ha cambiado en estos años?

La tecnología ha sido el cambio fundamental. La forma de comunicación ha variado. Pero siempre volvemos a lo mismo: a las historias bien contadas. Siempre pongo el ejemplo de los tiempos televisivos. Antes contábamos historias en cuatro o cinco minutos; hoy todo tiene que ser más corto. Cuando empecé estábamos el 4, el 5, el 10 y el 12. Y punto. Ahora es eso, más TV Ciudad, televisión por cable, DirecTV, los celulares, los podcast. Es todo. Es gigantesco.

¿Lo asusta?

Sí, un poco. Hay momentos en que lo siento. Me pasó con el nuevo Telemundo. Vinieron y me dijeron “Vos seguís, pero cambia todo”. Me senté y pregunté qué significaba eso. Y bueno, de verdad cambió todo.

Justamente, ahora su año laboral se mueve, pero antes ya se había sacudido con el nuevo formato del noticiero.

Este fue un año impresionante. Ya lo daba por cerrado y surgió lo de Sarandí. El 2019 a nivel profesional ha sido impactante. Una de las claves de por qué sigo acá es porque he sido capaz de adaptarme y nunca me dejé estar. Este ha sido el año de mi reinvención. Cuando me plantean el nuevo Telemundo, me agarra Gustavo Landivar (asesor de producción) y me dice: “¿Viste todo lo que hiciste hasta ahora? Bueno, sacate esa mochila, porque lo que hay que hacer ahora es otra cosa”. Y me quedé de piedra. Y le dije “bueno” y empezaron los cambios. Y la estoy pasando bárbaro. 

Uno de esos cambios fue la “panelización” del informativo. ¿Cómo se adaptó?

Me siento bárbaro porque me gusta. Antes casi todo recaía en mí a la hora de la conducción. Desde el principio hasta el final. Hoy es un juego más repartido, comparto más cámara con Mariano (López) y Malena (Castaldi) y disfruto mucho. Me gusta atender las características de los que están conmigo, saber por dónde sacarles el mejor jugo. Es algo que muchas veces hago y el periodista ni cuenta se da. Los tanteo, veo dónde están más fuertes y los llevo por ahí. Y de repente el tipo se luce, y eso forma parte de mi tarea. Soy el base, el que da las asistencias, el pase de gol.

¿Cómo lo afectó la salida de Claudia García, con la que compartieron mucho tiempo juntos al frente de Telemundo

Fue un latigazo. No lo esperaba. Llegué al canal un viernes, me dijeron lo que estaba pasando y fue tremendo. Estábamos en maquillaje y Kesman lloraba. Fue un momento muy complejo, muy duro. Con Claudia éramos como una pareja virtual. Y además fue pocas horas después de la muerte de Daniel Lucas, que era amigo mío y de mi familia. Se me juntó todo y fue un fin de semana muy triste. Me encerré en casa con mi familia, mientras en las redes sociales me insultaban por no decir nada. Pero quedó atrás. Somos profesionales y son cosas que pasan. Eso no quiere decir que no la recuerde con cariño muchas veces en la semana. 

Ya que lo mencionó, ¿cómo repercuten las redes en su vida?

Había empezado a tuitear todos los días y me harté. Me pasó con el episodio de Claudia: era un tiro al blanco. Te encontrás con una cantidad de personas que no tienen idea de quién sos, que nunca hablaron contigo y que te juzgan. Y fue agotador. Pero bueno, hay que valorarlas. Son los nuevos códigos. Que yo participe poco en ellas no significa mucho.

Volviendo a la pantalla, ¿la adrenalina del vivo sigue siendo la misma que al comienzo?

Sin dudas. Todos los días. Hoy la domino más y la disfruto más. Recuerdo que en mi primera salida al aire en un central sentía que mi voz era chiquita en medio de un lugar enorme. Hoy sigue estando la sensación de que me puedo equivocar, manejar mal los tiempos verbales, no poder explicarme en pocas palabras. Todos los días tienen un toque de nerviosismo, de tensión.

Y al llegar a su casa se tiene que sacar todo eso de encima, supongo.

Absolutamente. Necesito un lapso determinado. Me viene bien volver solo en mi auto, porque así cuando llego a casa tuve tiempo de desenchufarme. Si viene mi mujer a buscarme, algo que no es usual pero que pasa, salgo de Telemundo, me subo al auto y puede pasar que terminemos hablando de trabajo, y eso me hace mal. Pierdo el control ahí. (Entra Federico Sierra, uno de los gerentes de Telemundo, y lo saluda.) ¿Viste? Eso fue algo que también cambió. Ahora los jefes son más jóvenes que yo. Me junto con ellos y les llevo 15 años. 

¿En qué cree que tiene que mejorar el periodismo en televisión?

La investigación. Se necesita mucha gente para eso y a veces el medio no da. Siempre me queda la sensación de que debemos avanzar un poco más. Lo digo como periodista, porque nuestro rol en Telemundo es dar noticias.

¿Eso sí lo podían hacer en Código País?

A veces sí. Podíamos dedicar un equipo de producción a seguir un tema y en 15 días elaborar un informe. En Telemundo se nos complica más, nuestro rol no es estar en la investigación profunda, es otro. Eso no quita que siempre estés investigando, todos los días.

Código País dejó de emitirse en 2016. En año electoral, ¿extraña conducir el periodístico del canal?

Sí. Al principio me costó. Quería conducir el periodístico…

¿Séptimo día?

(Duda) El periodístico.

Si se lo ofrecían, ¿aceptaba?

Claro. Pero el canal fue claro y entendí: hay un nuevo Telemundo y ya está. Con eso alcanza. No se puede estar en todos lados. 

¿Volvería, de todas formas, a conducir uno?

Por supuesto. Si surge la oportunidad y se dan las condiciones, me encantaría. Código País fue una parte muy importante de mi vida. Lo extraño. Me lo viven recordando y hace tres años dejó de salir al aire. Marcó su huella, pero fueron 13 temporadas y se agotó en sí mismo. 

Estamos a horas del balotaje. ¿Cómo cree que respondió el periodismo frente a los nuevos desafíos de esta campaña, como las fake news

Creo que la reacción fue buena. Porque además fue una constante de tirar cáscaras de banana, algo que nunca había pasado. Yo incluso un par de veces me confundí de verdad. Estuvo bravo. Reaccionamos ante algo que podría haber sido un desastre. Igual, las redes sociales están contaminadas. Es como cuando hay cianobacterias, te parás en la playa y ves la mancha verde. En las redes es lo mismo.

Domingo, hora 20.30. Momento de dar el nombre del nuevo presidente electo. ¿Sigue siendo el mayor instante de adrenalina?

Sí. Me lo dijiste y te juro que el estómago ya se me estrujó. Es el momento más importante de mi trabajo. Hay otros eventos relevantes también, pero las elecciones son lo que más espero. Sentarme y poder decir “el nuevo presidente de los uruguayos es fulano de tal” es muy emocionante. La primera vez que cubrí una elección estaba en Emisora del Palacio, hoy Océano FM, y trabajé cuando Lacalle ganó la Presidencia. Hacía un móvil y conducían Emiliano Cotelo y Nelson Caula. Como conductor principal del noticiero anuncié como presidentes a José Mujica y dos veces a Tabaré Vázquez. Y ahora voy a anunciar al cuarto. 

¿Cómo recuerda la primera vez que lo dijo?

Había preparado un speech que hoy sería anticuado y quería hablarles a todos los uruguayos en el mundo. Estaba Luis Eduardo (González) al lado mío y Claudia, y empecé con la diáspora oriental y hablé hasta de la Base Artigas, algo larguísimo (risas). Pero fue un momento tremendo, todo mi ser era pura emoción.

Y anunciaba al primer gobierno de izquierda, además.

Eso también influía, claro, pero para mí no importaba quién era. Claro, era un cambio impresionante para el país, pero era mi primer presidente. Ya cuando anuncié a Mujica hablé menos (risas). Y el último también fue emocionante. Así que el domingo que viene será igual. 

¿Va a poder dormir el domingo?

No creo. Es imposible no pensar que voy a quedar pasado de revoluciones. Voy a llegar a casa, voy a cenar, voy a hablar con mi mujer y mis hijos, dormitaré un rato y me iré a trabajar. De nuevo a la radio, como siempre. ¿Y descansar? Recién al otro sábado.

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