Aprender junto a BrUNO

Un videojuego facilita a los niños el aprendizaje de las matemáticas

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07 de enero de 2018 a las 05:00

BrUNO y sus amigos veneran un árbol mecánico, cuyas tuercas, tonillos y arandelas han sido robadas. A raíz de esto, deben salir a recorrer su mundo de androides con el objetivo de recuperarlas. Los jugadores de este videojuego creado por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República deben ayudar a BrUNO, marcándole el número de pasos o saltos que debe dar hasta llegar a la pieza perdida.

Surgido a partir del proyecto "Educación Tangible. Nuevas formas de interacción en el aprendizaje", BrUNO tiene como finalidad ayudar a los niños a aprender matemáticas, en particular, el concepto de número.

Según explicó a Cromo el responsable del proyecto, Fernando González, existen diversos beneficios sobre este tipo de aprendizaje, ya que las personas presentan una relación fluida con los objetos desde la temprana infancia. "Dado que los seres humanos abstraemos nuestro conocimiento de nuestra interacción con el mundo y esta interacción es mayormente física, se presenta la oportunidad de emplear las relaciones entre objetos para aprender conceptos abstractos", destacó.

El videojuego está dirigido a niños de 5 y 6 años, que recién estén comenzando la escuela, aunque también puede ser aprovechado por niños más pequeños que estén adquiriendo el concepto de número.

¿Por qué educación tangible?

La marca del número de pasos que tiene que dar BrUNO se hace de manera manual, uniendo unas piezas físicas. Estas tienen cinco tamaños diferentes y representan números que van del uno al cinco. Por ejemplo, si la respuesta es siete, el niño puede unir una pieza que tenga valor cinco con otra de valor dos, o unir otros números que juntos valgan siete.

"De ese modo los niños realizan una tarea de composición numérica al tiempo que reciben retroalimentación visual y sonora con la expresión simbólica del número como apoyo al aprendizaje", explicó Fernández.

CETA videojuego bruno.jpg

Cómo funciona

La creación de este videojuego parte de un proyecto previo desarrollado en 2015, bautizado como CETA (Ceibal Tangible), que consiste en la adaptación de una tableta, entregada en el marco del Plan Ceibal, en dispositivos que permitan la interacción tangible.

Por la interacción tangible se trata de dar una representación física a la información y a los objetos digitales para que el usuario tenga la posibilidad de manipularla y, de esta forma, comunicarse con el sistema a través de acciones físicas.

Para esto, la tableta debe permanecer de pie sostenida con un soporte de madera que forma parte del set del juego. Además, se le agrega un espejo a la cámara frontal para que "mire" hacia abajo, a la denominada "área de detección", en donde se colocan las piezas del juego que los niños deben manipular.

CETA dispone de un software, que funciona mediante un Sistema de Visión por Computadora (SVC) que permite reconocer las piezas a partir de los marcadores que tienen incorporados en ellas. De esta manera comunica al juego qué valores fueron seleccionados por el niño.

En BrUNO hay distintos niveles de complejidad como la dificultad de la operación matemática y la presión temporal.

Prueba con niños

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Una vez que finalizó la etapa de diseño de BrUNO, hubo un proceso de evaluación con niños. González contó que este tipo de experiencias son fundamentales porque les permite enterarse de varios aspectos importantes como, por ejemplo, "qué comprende el niño, qué le parece entretenido, qué tan rápido avanza o con qué frustraciones se encuentra". Y añadió: "Todo esto es clave para los ajustes que se van incorporando en los distintos ciclos de desarrollo y evaluación. En las evaluaciones finales que realizamos, encontramos que los niños jugaban como si fuera un videojuego 'normal', no educativo, lo cual para nosotros es fundamental", aseguró.

Este desarrollo fue posible gracias al apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, la Fundación Ceibal e investigadores de la Universidad de la República y de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

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