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Argentina: por qué los resultados de una primaria son tan impactantes y definitivos

La diferencia lograda por Alberto Fernández hace que lo que se votó ayer sea irremontable para Macri en octubre; ahora debe enfocarse en poder terminar su gobierno 

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12 de agosto de 2019 a las 15:57

1) Por el margen aplastante

Las encuestadoras coincidían mayoritariamente en una victoria de Alberto Fernández/Cristina Fernández, pero ninguno esperaba un margen tan amplio. Ni siquiera se esperaban estos números en el propio equipo de campaña del candidato peronista/kirchnerista. Las encuestas más favorables marcaban hasta ocho puntos de diferencia, mientras que otras mencionaban entre 3 y 6 y otras adelantaban un empate técnico.
Cerrados los comicios, las encuestas a boca de urna señalaban una victoria de Fernández. Algún rumor sugería hasta 10 puntos de ventaja, pero cuando el gobierno anunció–con más de una hora de atraso- los primeros resultados oficiales, los 15 puntos de distancia fueron un mazazo.
En los segundos en los que los funcionarios Rogelio Frigerio y Adrián Pérez anunciaron los porcentajes parciales de votación se pasó de una elección competitiva en octubre y hasta en noviembre, a un resultado definido en la misma noche del domingo.

 2) Porque es irremontable para el gobierno

Alberto Fernández superó el 47%, contra 32% de Macri. Sí, son unas primarias, pero ya se preveía desde antes de la elección que los resultados relfejarían un escenario bastante aproximado a lo que podía ocurrir en octubre. El gobierno, viendo que los números le daban mal, trató de acomodarse diciendo que solo se trataba de una “encuesta”, ya que en ningún partido de las primarias había competencia electoral. Pero sabían que lo que pasara el 11 de agosto tendría consecuencias el 27 de octubre.
El macrismo esperaba una diferencia adversa de hasta 3 o 4 puntos, que pensaba podía revertir en las elecciones nacionales. Sin embargo los 15 puntos, y sobre todo, el 47% de Fernández, hacen que Macri necesite un milagro para dar vuelta la elección. ¿Por qué?
A) En las primarias votó un 75% de los habilitados para votar, un número altísimo. La posibilidad que en ese 25% restante haya un porcentaje tan alto para Macri como para darlo vuelta es más que remoto.
B) En octubre se sacan de la cuenta los votos en blanco. Tan solo con eso, el porcentaje de Fernández sube a 49%.
C) En la primera vuelta de Argentina alcanza con sacar el 40% + 10 puntos de diferencia con el segundo para asegurar la victoria sin pasar a segunda ronda. O si no, un 45%. Fernández está largamente por arriba de ese número.
D) El lunes se desató el caos en la economía argentina. El dólar explotó y se fue de los $45 pesos hasta arriba de los $60. Los bonos argentinos se destruyeron en los mercados internacionales. En general, los inversores le temen a un posible gobierno kirchnerista/peronista, por sus antecedentes de no cumplir con las obligaciones de deuda, y hasta porque Fernández deslizó en la campaña que podía llegar a tomar tal decisión.
En todo ese escenario, la posibilidad de que Macri logre repuntar en las encuestas es muy ilusoria. Más bien, tendrá que cuidarse de que el país no le explote en las manos.

 3) Porque se avecina el caos

Pasada la elección, ya nadie habla de octubre, algo que parece haberse convertido en un trámite. Más bien, el foco pasa a estar centrado en cómo se llegará a la fecha de cambio de mando del 9 de diciembre. Y particularmente, si Macri podrá llegar a esa fecha, o si sobrevendrá una crisis económica/política/social que lo obligue a abandonar el poder. Hay un dato impactante: desde 1928, ningún gobierno no peronista logró completar su mandato.

El gobierno tiene una responsabilidad clave: ayudó a crear el clima de caos en el que está sumido hoy, cuando, con razón o no, insistió que una victoria opositora significaría una transformación de Argentina en Venezuela. Apostó a todo o nada, y obtuvo la nada. El lunes, los mercados reaccionaron espantados por el miedo al kierchnerismo, pero también por las palabras del gobierno.

 4) Porque es el ¿fin? del macrismo

La estrategia de Macri, y de Cambiemos, siempre fue la de apelar al optimismo. Incluso su gurú, Jaime Durán Barba, defendió a inicios de su mandato un ajuste parcial, apelando a que el buen humor de la gente era clave para sostener al gobierno. Hasta el final, el macrismo defendió que, a pesar de la crisis, los votantes optarían por no volver a lo que ellos entendían era un modelo basado en la corrupción.
Algo de razón tuvo en 2017, cuando las elecciones parlamentarias de mitad de período le volvieron a dar un margen importante. Sin embargo, sin poder solucionar la crisis, sin nunca dejar el gradualismo en lugar de decidirse por un ajuste duro o por un modelo peronista, el electorado no le perdonó la falta de dinero en los bolsillos.
Por eso, también, lo de la noche del domingo fue un golpe tan drástico: el macrismo chocó contra una pared de concreto, y toda la estrategia de acumulación que construyó durante años, que pensaba mantener a pesar del desgaste del gobierno, terminó de hacerse trizas en una noche negra.

5) Porque el kircherismo sigue vivo

Cuando las causas de corrupción arreciaban, cuando el video con los bolsos de dinero en un convento escandalizaban a la opinión pública argentina e internacional, cuando varios ex ministros K iban a prisión, cuando la expresidenta debía concurrir varias veces a tribunales, cuando se hablaba de un PBI entero robado, de dinero escondido en mausoleos, cuando se descubrían los cuadernos de las coimas, la chance de que el kircherismo volviera al gobierno parecía complicada, si no imposible. Pero Cristina Fernández se reinventó. Y fue sagazmente estratégica a la hora de tomar sus decisiones. Se bajó del primer lugar de la boleta electoral, consciente que su figura polarizaba demasiado. Se amigó con Alberto Fernández, quien había sido mano derecha de su marido, el expresidente Néstor Kirchner, y luego enemigo, y logró armar una coalición kircnerista/peronista, sumando a buena parte de los gobernadores del interior que estaban en veredas opuestas cuando Macri ganó en 2015. Apeló a un discurso fácil y directo: el bolsillo de los argentinos que sufrían el ajuste.Y con eso logró una impresionante victoria, que le permitirá volver al poder.
 

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