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Cristianismo cultural

El aprecio del valor cultural del cristianismo es algo bueno, pero insuficiente tanto para la Iglesia como para el mundo

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04 de enero de 2021 a las 05:02

El fenómeno del cristianismo cultural es muy complejo. Aquí utilizaré la expresión “cristianismo (o catolicismo) cultural” en un sentido muy específico, para designar el pensamiento y la actitud de quienes, sin tener en absoluto la fe cristiana o católica, aprecian el valor cultural del cristianismo o catolicismo, su aporte positivo a la sociedad humana en el terreno de la ciencia, el arte, la moral, la política, la promoción humana, la justicia social, etc.

Se podría distinguir entre los cristianos culturales de buena voluntad y los de mala voluntad, definiendo a estos últimos como aquellos que pretenden manipular a la Iglesia (desde afuera o desde adentro) para convertirla en servidora de sus intereses particulares o ideológicos. Esta distinción no es falsa pero tiene una utilidad relativa. En el fondo sólo Dios conoce con certeza absoluta la buena o mala voluntad de una persona. Consideremos por ejemplo el caso de Napoleón Bonaparte, de quien se cuenta que dijo que “un buen cura me ahorra diez policías”. Napoleón puso fin a la persecución anticatólica violentísima de la Revolución Francesa, pero se esforzó para someter a la Iglesia al control del Estado. Sin embargo, muchos dicen que hacia el final de su vida expresó una fe cristiana sincera.

Hay cristianos culturales de todo tipo. Mencionaré cuatro ejemplos más: a) Benedetto Croce, filósofo ateo italiano que escribió un famoso artículo titulado Por qué no podemos no llamarnos ‘cristianos’, donde reconoció y valoró las raíces espirituales cristianas de Europa; b) Charles Maurras, político francés monárquico, líder de la Acción Francesa, agnóstico y defensor de la Iglesia Católica; c) Los “marxistas ratzingerianos”,1 un grupo de intelectuales italianos de izquierda que expresaron un gran aprecio por la obra del Papa Benedicto XVI; d) el gran literato uruguayo José Enrique Rodó, agnóstico que llamó a Jesús de Nazaret “el fundador de la caridad”.

En mi opinión, corresponde agradecer que los católicos culturales, a diferencia de tantos otros intelectuales de nuestra era, no se hayan tragado enteras las leyendas negras anticatólicas, tan numerosas como falsas. Empero, añado inmediatamente que el aprecio del valor cultural del cristianismo, aunque es justo y necesario, no llega a captar verdaderamente lo que la Iglesia es y hace. La Iglesia existe para la gloria de Dios y la salvación de las almas. Cualquier elogio de la religión cristiana que desestime eso, que es su núcleo, es una incomprensión radical, y en el fondo es un aporte totalmente insuficiente tanto para la Iglesia como para el mundo. El cristianismo cultural es totalmente insuficiente para la Iglesia porque ignora su esencia religiosa. Tres ejemplos: 1) Un templo cristiano no es un museo ni una sala de concierto, sino una “casa de Dios” y una “puerta del cielo”;2 no existe para los turistas sino para los adoradores del Padre en espíritu y en verdad. 2) La liturgia eucarística no es un espectáculo artístico ni una amable reunión comunitaria, sino la actualización incruenta del sacrificio de Cristo en la Cruz; tratar de hacerla divertida es tan tonto e irreverente como lo habría sido tratar de amenizar con chistes o fuegos artificiales la pasión y muerte de Cristo en el Gólgota. Si los católicos vamos a Misa es porque en verdad creemos que allí ocurre realmente algo tremendo, fascinante e inaudito: la transustanciación. Sin la fe, la Misa es vista como un rito folklórico, una tradición humana más, como el Carnaval. 3) El trabajo social cristiano despojado de la dimensión religiosa es una total desfiguración, pues presenta a la Iglesia como una ONG cualquiera. Los misioneros cristianos que actúan como meros asistentes sociales o líderes comunitarios traicionan el mandato misionero de Jesús.   

El cristianismo cultural es totalmente insuficiente también para el mundo, porque los valores cristianos son a la larga insostenibles sin la fe cristiana. Dos ejemplos: 1) La moral cristiana depende de la antropología cristiana y por lo tanto del dogma cristiano. Si no se tiene en cuenta que el hombre y la mujer son seres creados a imagen y semejanza de Dios y que están llamados a ser hijos de Dios, entonces la moral cristiana pierde todo su sentido y se convierte en una variante más del subjetivismo o relativismo moral. 2) La acción civilizadora de la Iglesia Católica (partera de la ciencia moderna, cultivadora del arte, forjadora de la civilización occidental, etc.) extrae toda su fuerza de la fe cristiana. Sin fe no hay esperanza ni caridad. Si la fe cristiana se sigue extinguiendo en Occidente, lo que va a sobrevenir aquí no va a ser un reino de paz, libertad y prosperidad, sino una despiadada lucha darwinista por la supervivencia entre individuos y grupos sin ningún fin común trascendente que los una. Entonces, una vez que hayan perdido hasta el último vestigio de la Cristiandad y sientan todo el frío y el horror de una sociedad sin Dios, muchos abrirán los ojos de su alma y comprenderán su grave error.

* Otros escritos del autor en: https://danieliglesiasgrezes.wordpress.com.

1) Pietro Barcellona, Giuseppe Vacca, Mario Tronti y Paolo Sorbi.
2) Cf. Génesis 28,17.

 

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