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1 de junio 2023 - 5:00hs

Casa93 es una idea surgida en las favelas de Río de Janeiro, desarrollada en las afueras de París y ahora implantada en un barrio desfavorecido de la ciudad francesa de Toulouse para enseñar a jóvenes creadores a hacer una moda barata y durable.

Oculta entre enormes edificios de departamentos, en el barrio popular de Mirail, la sala es amplia, con grandes ventanales, llena de tejidos, carreteles de hilo, botones de todos los colores, maniquíes de plástico y libros de moda.

En torno a una mesa de madera, trece estudiantes escuchan los consejos de los fundadores de la prestigiosa marca francesa Marithé + François Girbaud.

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El objetivo es adaptar vestidos de la marca de lujo Valentino para una moda “casual”, que se pueda llevar todos los días.

“Por mucho que traces líneas en todos los sentidos, hay que recordar que un pantalón tiene sólo dos piernas”, explica Marithé Bachellerie, de 81 años, madrina de esta primera promoción de Casa93 Mirail, con su “eterno cómplice” François Girbaud, de 78 años.

Se trata de “enseñarles a hacer ropa que se pueda llevar y que dure, porque perdimos esa noción”, explica esta diseñadora, que critica la fast fashion o “moda desechable”.

La tasa de pobreza en el barrio de Mirail es del 50%. La escuela se instaló hace menos de un año en el antiguo local de la biblioteca pública.

Para el 1° de septiembre está previsto el momento estrella de esta primera promoción de Casa93: un desfile con una treintena de modelos diseñados por los estudiantes.

Falta de legitimidad

“La aventura empezó hace 18 años en Brasil, con la apertura de dos pequeñas escuelas de moda en las favelas de Río de Janeiro”, explica a la agencia de noticias AFP Nadine González, de 48 años.

Cuando volvió a Francia, en 2017, fundó Casa93 en el departamento de Seine-Saint-Denis, una gran zona urbana desfavorecida a las puertas de París.

Nieta de inmigrantes españoles, Nadine González buscó inmediatamente una ciudad para ampliar la experiencia.

“Fue en Toulouse donde sentí que era posible, en el Mirail, porque aquí hay jóvenes en situación difícil, que no pueden financieramente o que piensan que no tienen legitimidad para integrar una escuela de moda”, explica.

Sofia Benyoucef, de 23 años, creció en el Mirail. Estudió marketing, hizo incursiones en el sector de organización de eventos, pero lo que la hacía soñar era la moda.

“No sabía nada de costura”, reconoce. Para meterse en una escuela reconocida “hacen falta recursos financieros”, así que Casa93 es una buena alternativa para “aprender trabajando”.

Para ser seleccionados, los candidatos deben cumplir con tres criterios: tener creatividad, poseer valores humanos y medioambientales y “tener un gran corazón para pensar en un mundo más solidario”, explica Nadine González.

Según François Girbaud, la moda no se preocupó hasta ahora de su impacto ecológico. “Esta nueva generación puede cambiar las cosas”, asegura.

Formación gratuita de un año

La formación cuenta con tres ciclos. Cuatro meses consagrados al descubrimiento de la costura, el upcycling (reutilización de vestidos), la experimentación con tejidos de proveniencia ecológica y los tintes de origen vegetal, entre otros temas.

Los seis meses siguientes están centrados en “el trabajo de equipo: aprender a escuchar, dejar a un lado el ego y trabajar la creatividad”, añade Nadine González.

Los dos últimos meses se dedican a “la orientación y la inserción” en el mundo laboral mediante empresas asociadas que financian en un 20% Casa93 Mirail (el resto son subvenciones públicas).

Lily Barteaux, con 21 años, pelo corto teñido de rosa y aspecto “gótico”, está en plena tarea. “Lo que me gusta aquí es que puedo desarrollar mi universo creativo. La técnica ya la tengo”, asegura convencida.

Temas:

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