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Eduardo Franco, el cantante que se hizo mito con Los Iracundos

A tres décadas de su muerte, un documental se detiene en el impacto de Los Iracundos y el legado que dejó su vocalista

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11 de agosto de 2018 a las 05:00

En Paysandú se está creando un mito. Un hombre que murió hace tres décadas y dejó una herencia de canciones se está transformando en una figura que trasciende el arte. Se convierte en monumento, en guía espiritual. Es Eduardo Franco, vocalista y compositor de Los Iracundos, cuyo legado es analizado en el documental Un tal Eduardo.

Su director, Aldo Garay, estaba filmando El círculo en la ciudad del litoral cuando se cruzó con el busto del cantante que se encuentra en la avenida España, en el centro de Paysandú. Años después conoció a la hija del artista, Gisselle Franco, y se dio cuenta de que allí había algo para investigar.

Como sucede, por ejemplo, con Gilda o Rodrigo en Argentina, Eduardo Franco se ha convertido en una figura sagrada, con devotos que visitan su ciudad natal y su tumba para homenajearlo. En su mausoleo en el Cementerio Central de Paysandú hay plaquetas, flores, fotos, tributos, ofrendas y banderas firmadas. Argentinas, chilenas y hasta una ecuatoriana. De todo el continente proceden los adoradores.

Aldo Garay
El director de<i> Un tal Eduardo</i>, Aldo Garay.
El director de Un tal Eduardo, Aldo Garay.
Garay se encontró con todo eso y fue conduciendo la película hacia ese lado de la figura de Franco. El mito más que la biografía. "Primero hubo una investigación de la figura, para potenciar y para descartar posibilidades narrativas, porque también podés encontrar un personaje con una épica imponente.

Eduardo la tiene musicalmente, pero también tiene una trayectoria corta, murió a los 43 años, y además fue una persona de perfil bajo, muy enfocado en su banda".

Explica el realizador: "En el apogeo del formato del solista melódico: Django, Camilo Sesto, Raphael, Leo Dan, Palito Ortega, él optó por estar en una banda. Había logrado una notoriedad muy grande como escritor, y como cantante, podría haberlo hecho, pero optó por quedarse con Los Iracundos. Siempre vivió en Paysandú, incluso en el pico de popularidad. Eso me pareció un punto muy interesante. Si hacía la biografía, era un corto".

A medida que fue investigando a Franco, Garay fue encontrando a los protagonistas del documental, que tienen un vínculo emocional con el iracundo. "Me pareció más intenso y más vivo, que representa mejor su legado".

Las historias

Víctor Hugo Azañero visitó Paysandú siete veces. Este psicólogo peregrina a la ciudad desde su casa en Lima, Perú para visitar –en el aniversario de su muerte– la tumba de Franco, dejar una ofrenda e interactuar con otros fanáticos de Los Iracundos.

Se saca fotos con su bandera peruana y un vinilo dentro del mausoleo del artista, registra su paseo con una cámara y visita todos los lugares donde la banda dejó huella; busca, además, discos, vinilos y toda la memorabilia que pueda encontrar de Los Iracundos. En su país, en el día del nacimiento de Franco, organiza festejos de cumpleaños. Se reúne con los fans y juntos tocan sus canciones.
Azañero se encarga de comprar y decorar con fotos la torta con la que le cantan el feliz cumpleaños al artista muerto.

Un tal Eduardo rodaje
Garay en el rodaje del documental en el teatro Florencio Sánchez de Paysandú
Garay en el rodaje del documental en el teatro Florencio Sánchez de Paysandú
En todas sus apariciones en el documental, a Felipe Fagián lo acompañan unos sonidos de sintetizador sobrenaturales, de película de ciencia ficción berreta (pero también parecidos a los que usaban Los Iracundos, aclaró Garay), mientras explica que recibe mensajes que, desde el más allá, le envía Eduardo Franco.

"La relación con Eduardo empezó con un episodio que tuve, que lo sentía cantándome una canción en este oído, lo veía cantando. Y se me dio por hacer de puente, de canal". El mensaje fue una canción sobre la vida de Franco y una profecía sobre los tiempos de la humanidad en el mundo. Fagián confiesa que tuvo otros contactos, y que sabe de otros "elegidos" que también recibieron canciones desde la octava dimensión, el lugar donde los viajeros espirituales residen.

Fagián está convencido de que Franco vino al mundo a dejar un mensaje y se fue. En su carta desde el otro mundo, el cantante pide que haya un cambio; dice que la vida es un misterio; afirma: "Dios existe y yo sé dónde está"; y reitera que es un mensaje del más allá, mientras los sintetizadores siguen sonando. Eso, según el director, no es para burlarse o ser irónico, sino para jugar con los elementos que da la realidad, porque los sintetizadores salen de los parlantes de la estancia La Aurora, donde se hace la entrevista.

Pero también hay espacio para su familia. Su viuda, Dana, muestra su archivo y refleja su postura sobre el impacto que tuvo en su vida estar casada con él, así como su opinión sobre el surgimiento de bandas tributo y de versiones de sus canciones; mientras que su hija Gisselle reflexiona sobre la pérdida. En una de las frases más potentes de la película, dice: "Extraño su voz, pero no la de cantante, su voz de hablar. Me quedé con muchas preguntas para hacerle".

En un momento de Un tal Eduardo se manifiesta la idea de que Los Iracundos son más populares en el interior que en Montevideo, porque representan "la pureza del romanticismo y la sensibilidad". Garay comparte esa postura, y lo vincula con el peregrinaje, algo que sucede en el extranjero pero en Uruguay no tiene precedentes.

"Alguien de Paysandú puede tener una sensibilidad más cercana a la de Buenos Aires o a un argentino que a la de un montevideano. Franco es un personaje uruguayo pero con una resonancia internacional, y se puede tomar su modelo de homenaje como más cercano a lo extranjero que a lo uruguayo", considera el director.

Legado iracundo

Matías Singer es el cantante y guitarrista de la banda Los Nuevos Creyentes que, en el estreno de la película el próximo 23 de agosto, realizará un homenaje a Los Iracundos versionando cinco canciones de los sanduceros. Fueron convocados por Micaela Solé, la productora de la película. El músico confiesa que junto a sus compañeros tenían un gusto y un respeto por la banda de Franco, y que habían escuchado algún vinilo, como producto de su gusto por la música de las décadas de 1960 y 1970, pero no eran fanáticos.

Sin embargo, luego de ver Un tal Eduardo, su postura con respecto a Los Iracundos cambió; el vínculo se hizo más cercano, a medida que también comenzaron a preparar la presentación del estreno. "Encontramos algunas cosas parecidas entre las dos bandas, menciones en las letras a la cuestión de la fe, a lo místico. Nos encantó", explica Singer.

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Detalló que las dos bandas tratan las relaciones amorosas y los conflictos, con un tono de melancolía y tristeza, además de las menciones religiosas. Singer destaca que, en sus letras, Franco mencionaba mucho a los ángeles, aunque puntualiza que la banda que integra lo toma desde un punto de vista de la iconografía, y que lo espiritual refiere más bien al grupo en sí, mientras que el cantante de Paysandú "tenía un mayor compromiso con la espiritualidad".

En lo sonoro, Singer también ponderó elementos de Los Iracundos que los atrajeron: el sonido tradicional de la época, la voz de trovador, el uso de efectos como el reverb (la permanencia del sonido luego de que su fuente original dejó de emitirlo) o el fuzz (distorsión), las canciones instrumentales y los covers que interpretaban, sobre todo en su primera época. "Antes éramos más de Kano y los Bulldogs, o de Los Mockers, cosas un poco más pesadas, pero después del documental tenemos una mayor compenetración y un mayor respeto por la banda. No éramos fans, ahora sí lo somos", afirmó.

El cantante de Los Nuevos Creyentes señala como elemento llamativo de lo que revela el documental la relación de los fanáticos con la figura de Eduardo Franco, algo que no se repite con otros artistas uruguayos. "Eso me pareció lo más conmovedor. Sabía que había una locura con Los Iracundos, pero no que había permanecido durante tanto tiempo. Eso te demuestra que no eran el Rombai de su momento, eran algo perdurable", consideró.

Eso lo comparte Garay, que afirmó que Franco se convirtió en una figura única. "Fue un creador popular como ninguno en Uruguay; pudo traducir el melódico a nuestra forma. Fue el gran traductor, el tipo que decodificó mejor este género, que acá no es transitado. Y a veces incluso medio despreciado".

Para Singer, la banda sigue presente en el imaginario popular uruguayo. "Creo que si paro a alguien por la calle ahora sabe quiénes son Los Iracundos, al menos le va a sonar el nombre. Eso no pasa seguramente con otra banda de esa época. Ellos quedaron marcados". Pero además reconoce que hay fanáticos más fervorosos, aunque esos no son tantos, y se concentran más bien en Paysandú o en el exterior.

Garay no cree que estén olvidados, pero sí que han quedado ocultos por otras expresiones musicales, y han desaparecido del panorama, sobre todo luego de la muerte de Franco en 1989. La falta de reediciones, de rescate de los originales, y el deshilache gradual de los integrantes sobrevivientes que establecieron, cada uno, una versión paralela de Los Iracundos, los fueron dejando en un limbo.

Pero Los Iracundos siguen sonando y el legado de Franco se mantiene. Para Garay, esa herencia va más allá de la admiración; es la posibilidad de tener en qué creer y encontrarle un significado personal a sus letras.

"Hay tantos legados como fans. Para todos dejó algo distinto. Dejó luz, iluminó el camino para ellos, llevó felicidad a la gente, que es el cometido de muchos artistas. Hacer mejor la vida. Y eso es muchísimo".

Estreno y homenaje

El preestreno de la película, y la presentación de los Nuevos Creyentes, será el próximo 23 de agosto en la Sala Zitarrosa (18 de Julio y Julio Herrera y Obes) a la hora 21. Las entradas cuestan $ 350 y están a la venta en Tickantel.

Los 20 Iracundos

Actualmente permanecen vivos dos de los integrantes originales de la banda: el baterista Juan Carlos "Juano" Velázquez y el bajista Hugo "Burgués" Burgueño, quienes residen en Ecuador y Argentina, respectivamente. Velázquez se ha dedicado a perseguir a los 20 grupos que ostentan el nombre de Iracundos en toda América sin permiso. Tanto él como Burgueño tuvieron bandas sucesoras que interpretaban los temas de la banda fundada en 1964.

El origen de Puerto Montt

En el documental, a través de imágenes de archivo, Eduardo Franco cuenta el origen de una de las canciones más célebres de Los Iracundos, que toma su nombre de un lugar que nunca visitó en su vida. Franco ya tenía la canción, que originalmente decía "por amor", pero el mánager del grupo, que en ese momento buscaba lugares para vacacionar, le mencionó la ciudad como posible destino, y así se produjo el cambio que la convirtió en un éxito.
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