31 de octubre de 2023 13:15 hs

Con su vasta producción de soja, carne, algodón y ahora también maíz, Brasil se erigió en una potencia mundial del agronegocio, un sector pujante que al mismo tiempo cosecha fuertes críticas, especialmente por la deforestación que provoca en la Amazonía el avance de la frontera agrícola.  

El Ministerio de Agricultura lo anunció recientemente: se espera que el valor de la producción agrícola brasileña alcance este año un récord histórico de 1,15 billones de reales, equivalentes a unos US$ 234.000 millones, si se suman actividades conexas, como la venta de insumos y la industria alimentaria.

El monto representa una cuarta del Producto Bruto Interno (PBI) y el sector explicó casi la mitad de las exportaciones del país en el primer semestre, dinámica que es consecuencia de las abundantes tierras fértiles, la innovación tecnológica y las masivas inversiones de las últimas tres décadas que alzaron a Brasil al podio de las potencias agrícolas mundiales.

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El gigante sudamericano es actualmente el mayor productor y exportador mundial de soja, azúcar y café. También es el principal proveedor de carne bovina y de pollo, y el segundo de algodón a escala global. Este año, además, destronará a Estados Unidos como primer exportador mundial de maíz.

Desde la época colonial, el desarrollo de Brasil giró en torno a la tierra: primero fue la caña de azúcar, luego el algodón, le siguió fiebre del caucho y finalmente el ciclo del café, que duró más de un siglo.

Sin embargo, el punto de inflexión vino en las décadas de 1960-1970, cuando la dictadura militar en el poder puso en marcha la llamada "revolución verde", que estimuló la expansión de la frontera agrícola hacia el norte amazónico y las sabanas del Cerrado, localizadas en la región centro-oeste del país. En ese contexto, y empujada por la demanda china, se expandió la soja, utilizada masivamente para alimentar animales de consumo.

"Los trabajos de mejora genética, las técnicas de corrección de acidez del suelo, de fertilización y el desarrollo de pesticidas permitieron que la soja, seguida del maíz y el algodón, se expandiera hacia las regiones tropicales del país”, explica la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa).

El desarrollo del cultivo sin tener que remover la tierra y la introducción, a principio de los 2000, de variedades transgénicas, que hoy ocupan entre 80% y 90% de las superficies dedicadas a la soja, maíz y algodón, permiten a Brasil encadenar dos y hasta tres cosechas por año. El resultado: esos cultivos se triplicaron en 20 años.

No obstante, el modelo que permitió la expansión enfrenta muchas polémicas. Entre 2019 y 2022, el agronegocio mantuvo una relación de proximidad con el expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro.

Cuando el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva regresó al poder, prometió “mano dura” contra la deforestación en la Amazonía, que se había disparado durante la gestión de Bolsonaro, y la protección de las tierras indígenas, dos asuntos sensiblemente relacionados con la expansión del agronegocio.

El agro, los pesticidas y las consecuencias de su uso en la salud humana y el medio ambiente, y los transgénicos, también entraron en la mira en las negociaciones con la Unión Europea (UE), que condiciona la conclusión de un acuerdo de libre comercio alcanzado con el bloque regional Mercosur a garantías medioambientales.

¿Cuáles son las perspectivas?

Al tiempo que avanza en su promesa de erradicar la deforestación en 2030, Lula da Silva deberá transigir con el agronegocio, apoyado por un poderoso lobby en el Congreso. El ex líder sindical, que precisa de la recaudación fiscal para financiar sus programas sociales, está intentando abrir nuevos mercados para los productores brasileños, negociando acuerdos comerciales, especialmente con China, su principal socio.

"Brasil podrá ser el mayor productor de soja, maíz, algodón, café, de todo lo que quiera porque tiene tierra, sol, agua y sobre todo tecnología", dijo este martes el líder del Partido de los Trabajadores en su transmisión semanal por YouTube. El sector agrícola, en tanto, procura mejorar sus credenciales para no ahuyentar a los consumidores internacionales, cada vez más preocupados por consumir productos ecológicos.

"Las empresas agropecuarias trabajan muy duro para la trazabilidad. Es algo fundamental para valorizar su carne en las exportaciones", afirma Caio Carvalho, presidente de la Asociación Brasileña del Agronegocio (ABAG).

André Nassar, presidente de la poderosa Asociación Brasileña de las Industrias de Aceites Vegetales, destaca por su parte el acuerdo concluido este año con la Asociación Nacional de Exportadores de Cereales para conciliar el cultivo de soja y la protección de las tierras del Cerrado, la zona núcleo de la producción agrícola y ganadera.

Sin embargo, los ambientalistas afirman que no es suficiente. "La deforestación cero sería el paso más relevante", afirma Cristiane Mazzetti, portavoz de Greenpeace Brasil. "El monocultivo a gran escala perjudica la biodiversidad. Deben priorizarse otros modelos, como la agroecología", agrega.

También los profesionales de las ciencias agrarias afirman que se trata de un tema urgente. Apuntan que el cambio climático ya está afectando los rendimientos del agro. "Hay que avanzar hacia un modelo sostenible", afirma Britaldo Soares Filho, experto en modelado de sistemas ambientales de la Universidad Federal de Minas Gerais. "Al impulsar la degradación ambiental, el agronegocio está perjudicándose a sí mismo”, advierte el especialista.

 

(Con información de AFP)

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