"Nada es fácil. Y nunca lo fue”, fueron las primeras palabras de Ernesto Prilassnig, rematador y responsable de Arte & Alhajas, dijo a El Observador acerca del trabajo que significa organizar una subasta.
Es que la planificación y posterior puesta a punto de la exhibición y el remate propiamente dicho, lleva tiempo, negociación, dedicación, esfuerzo y coordinación entre todas las partes.
Para Prilassnig, el inicio de la planificación de un remate nace con la captación del cliente. “Eso se logra con los años, con experiencia y trayectoria. Tengo 40 años en esto y en este medio se sabe cómo trabaja cada rematador. Y ahí es donde el cliente deposita la confianza”, explicó.
Una vez que el cliente se contacta con la empresa, el paso siguiente es hacer la evaluación y tasación de los bienes. El rematador dijo que ese es un punto delicado y que hay que tener mucho tacto.
“Hay casos de personas que por diversos motivos se desprenden de objetos que tuvieron durante mucho tiempo. Hay que tener honestidad para decirle al cliente la realidad del mercado, esto al margen del valor afectivo. A veces hay objetos con cotización internacional. Hay que asesorar bien al cliente”.
El martillero cuenta que las piezas tienen un precio determinado y que este necesariamente no coincide siempre con el valor que pide el cliente. “Eso a veces choca con la gente. Es una realidad. En esos casos no hay más opción que explicar y documentar el porqué se manejan ciertas cifras”, comentó Prilassnig.
En relación con los tiempos que lleva organizar una subasta de alhajas, antigüedades, mobiliario o arte, el tasador dijo que una vez que se tiene la mercadería, el proceso de preparación de la actividad se extiende de 15 a 20 días. “La tarea es algo más ágil cuando se diagraman los remates de catálogo”, dijo Prilassnig, que también junto a su hijo, Andrés Prilassnig Cunha, realizan remates judiciales.
El representante de la firma respondió también acerca de si, en la actualidad, el mercado ofrece pocas piezas que sean de calidad o de origen único. Al respecto explicó: “En mi trayectoria he visto objetos que eran maravillas pero que hoy ya no están. Muchas se vendieron al exterior. Igual hay cosas buenas e interesantes, pero lo que cambió fueron los valores. Hoy son diferentes. Quizá antes se cotizaban más, salvo esas piezas que tienen valor internacional”.
El público que hoy concurre a los remates también mereció la opinión del rematador. Para Prilassnig, actualmente el comprador adquiere piezas puntuales y no compra en mayores cantidades como realizaba en otras épocas. “Antes el gusto era distinto. Antes se veían vitrinas con objetos antiguos y de mobiliario que hoy casi no se ven. Creo que hay un período de maduración del comprador”, dijo.
Previo al remate, la vidriera es la exposición. Sobre esa etapa del trabajo, dijo: “La exhibición es muy importante. Sí creo que antes las exposiciones previas a los remates eran más concurridas. Ahora con la información en las páginas web y en redes sociales, eso ayudó mucho a que la gente venga pura y exclusivamente cuando algo le interesa”.
Finalmente y ante el público todo se decide en el remate. Para Prilassnig, “el remate mantiene su dinámica y agilidad habitual. En eso no ha cambiado a pesar del tiempo. Ganó con las llamadas telefónicas y las redes sociales, pero su esencia y transparencia se mantienen siempre”.