The Sótano > The Sótano / Eduardo Espina

El aura contraria que sigue a la selección uruguaya

No es la primera vez que a Uruguay le toca jugar sin uno de sus principales

Tiempo de lectura: -'

06 de julio de 2018 a las 04:55

Uno de los primeros comentarios sobre fútbol que oí lo dijo el hermano de mi abuelo, un italiano que murió muy joven. Un domingo de tarde, después de los ravioles, comentó: “Con el Patrullero Vidal en lugar de Morán, le hubiéramos ganado a Brasil por más goles”. Se refería a la final de Maracaná, en la cual el puntero izquierdo titular no pudo jugar. Por lo tanto, la misma historia de las ausencias en partidos mundialistas trascendentes nació con la historia misma del fútbol uruguayo. Tiene que haber ese innecesario drama para que la tradición se cumpla.

Más acá en el tiempo, en el Mundial de 1970, le tocó a Pedro Virgilio Rocha, mi gran ídolo, quien era la estrella del combinado uruguayo y quedó fuera por lesión cuando lo más importante estaba en desarrollo. Fue descartado para el partido contra la Unión Soviética, y también para el que hubiera sido el gran match de su vida, contra Brasil en semifinales. La duda persistirá. ¿Qué hubiera pasado de haber contado con la presencia del gran delantero, dueño de una patada certera y fundamental? El fútbol como la vida no vive de verbos en subjuntivo, pero la duda persistirá.

O incluso más acá, hace cuatro años, cuando Suárez estuvo ausente en el partido contra Colombia, mismo jugador que hubiese sido fundamental en el partido contra Holanda en Sudáfrica. Sea cual sea el resultado del partido con o sin Cavani y que mantuvo a más de 3 millones de uruguayos hablando del mismo tema por casi una semana, queda claro que hay un aura contraria que sigue a la selección uruguaya, a la cual siempre algo se le cruza en el momento en que sería ideal tener el camino libre de obstáculos.

Hay quienes, pertrechados en una filosofía estoica, afirman que la vida vive poniendo pruebas que hay que superar. Cuando la misma historia se repite, resulta fácil llegar a cansarse de ver repetido lo mismo, aunque al final siempre regresa la vieja expresión popular, la cual sirve más como gesto de resignación que compensatorio, y que dice: es lo que tenemos. Solo un buen resultado hará olvidar pronto el persistente designio.
REPORTAR ERROR

Comentarios

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Cargando...