Parece claro que el canciller, Luis Almagro, no tenía forma de impedir que el presidente francés Nicolás Sarkozy le dijera al mundo el viernes 4 que Uruguay es un “paraíso fiscal” que debe ser apartado de la comunidad internacional. Pero quizás podía haber estado enterado que ese día el G20 iba a tratar ese polémico asunto, o podía haber manejado de otra manera las relaciones diplomáticas relativas al hecho o, por lo menos, haber explicado mejor los vaivenes de los contactos que el Ministerio de Relaciones Exteriores mantuvo con los países involucrados.
El canciller de los pasos vacilantes
Luis Almagro tuvo una participación errática en varios temas fundamentales