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El piso flotante que cambió la vida de un barrio: el antes y después de Capurro

Empezó de a poco y se transformó en un objetivo; conocé el camino que recorrió este club para crecer

El presente

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18 de enero de 2020 a las 05:02

Cuando Martín Santaello asumió la presidencia del Club Atlético Capurro, una de las primeras llamadas que recibió fue de Mario Rivas, un médico deportólogo vinculado a Larre Borges. El consejo fue claro y basado en la experiencia del Larre: “Si querés dejar de ser un cuadro de Tercera poné piso flotante. El cambio de piso te va a cambiar como club. Primero el piso y después sigan para adelante”. Martín tomó el consejo, asumió un diciembre y tres meses después ya se ponía manos a la obra para renovar la cancha. Primero el piso.
Equipo con nombre de barrio

Empezar por empezar, eso fue lo primero que tuvo que hacer la directiva que ya lleva tres años trabajando. El principal problema a resolver era la financiación. Es que una cancha colocada, pronta para que la pelota pique, vale alrededor de US$ 40 mil. Pero no era simplemente poner el piso nuevo.

Cuenta Santaello: “Nosotros teníamos la cancha abierta con caídas para que el agua corriera. Hubo que nivelar primero, de paso agrandamos el piso y lo llevamos al oficial, teníamos una cancha de 14 metros por 26 metros y la medida FIBA es de 15 metros por 28 metros. Al agrandarlo ya no nos servían las jirafas y los tableros, hubo que tirarlas y poner nuevas. Además pintar de nuevo y mover barandas”. 

El antes

Haciendo números el cálculo daba unos US$ 80 mil de inversión para toda la obra. “Para nosotros”, dice su presidente, “como club de barrio que somos, no contamos con un mecenas que ponga plata, la opción que tuvimos fue juntar dinero propio, siempre pensando que solo con eso no nos iba a dar”.

Viendo hasta donde alcanzaba, el club empezó con varias movidas: “Hicimos una venta de metro cuadrado, pagar US$ 100 por un papelito que decía ‘vale un metro cuadrado’. Estuvimos dos años y medio juntando el dinero. Vendiendo camisetas, rifas, pencas, comidas, aniversario del club, cantina”, recuerda Santaello. “Son vecinos que se arriman”, dice el himno del club.

Sos la esquina de la escuela

Una vez recaudado los primeros US$ 40 mil, el siguiente paso fue firmar un convenio con el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP). Santaello explica que los clubes tiene cuatro caminos para poder financiar sus obras: “Con ingresos propios que vos inviertas. El MTOP y su convenio. La ley de COPRODE que devuelve impuestos a quien invierta en un club y la otra opción son los presupuestos participativos de la intendencia”.

Convenio para la realización de Infraestructura Comunitaria del MTOP, es el nombre oficial del plan que el propio ministerio describe como: Una ayuda económica, en efectivo y no reintegrable, que brinda esta cartera para la construcción de obras comunitarias de interés social.

El MTOP los lleva realizando hace más de 25 años, pero esta última administración los ha priorizado. Lo primero que pide el ministerio al solicitante es una cuenta en el BROU. Capurro no tenía, ni allí ni en ningún otro banco. A su vez, el BROU para abrir una cuenta a nombre del club le exigía que presentara un balance. Cuando Santaello asumió hacía nueve años que no se hacía un balance. Hubo que esperar el primer año de gestión para poder realizarlo.

Papeles en orden, permisos obtenidos, el gobierno otorga el 50% del costo de la obra a realizar. Lo entrega en tres cuotas a medida que va avanzando la construcción. A cambio pide una contrapartida social. Y allá fue el presidente al liceo 54, que realizaba las clases de gimnasia en un salón multiuso muy chico, a ofrecerles el club.

Desde el liceo preguntaron si podían usar el gimnasio antes de que se firmara el convenio, era abril del 2018 y el convenio se firmó en 2019. Todo ese tiempo el liceo fue igual. Los contratos dicen que Capurro tiene que prestar 8 horas semanales el gimnasio, lo hace por un total de 40. No se van a poner finos si de ayudar al barrio se trata. 

Volver a jugar en tu club

Hace unos años había un grupo de veteranos que jugaban en su club, en Capurro.

Uno era su presidente. Cada martes había doma. Pero en un momento comenzaron los dolores, primero chicos, luego grandes. Rodillas, tobillos y caderas avisaban. Hubo que cambiar de cancha, buscar mejores pisos: Atenas, Neptuno, San Telmo, el periplo fue largo y variado. Ese mismo grupo el primer martes de febrero volverá a su club, y cuando pisen la cancha, el guatambú, la madera con que está hecho el piso, le devolverá su propio reflejo.

La cancha se inauguró en diciembre. “Se cumplió nuestro sueño, y todavía somos muchos los que no caemos en la realidad de que Capurro tiene Piso Flotante”, decían las redes sociales del club.

Ahora es tiempo de la segunda parte de aquel consejo: Primero el piso y después sigan para adelante. 

¿Qué hay por delante? Lo cuenta Santaello: “La idea es trabajar este año para el presupuesto participativo del año que viene. Cerrar la cancha de fútbol 5 y hacer otro gimnasio. Nos han llamado equipos de vóleibol y handball buscando un club para entrenar. Con una cancha sola no nos dan los horarios para tener otros deportes. La idea es que el club empiece a crecer a nivel social y poder ofrecer otras disciplinas”.

El camino de un club de barrio para lucir sus mejores ropas. El sueño de la casa propia en condiciones, la excusa y condición para seguir creciendo. Algunas líneas le hubiera dedicado Benedetti en su libro La Borra del Café, a la reluciente cancha que cuida rodillas de chiquilines y señores que no quieren dejar de jugar a lo que más le gusta. 

 

 

LOS PISOS QUE FALTAN DE LOS CLUBES DE LA FUBB

Son muy pocos los clubes que participan en competencias oficiales de la Federación Uruguaya de Básquetbol (FUBB) que todavía no han dado el paso al piso flotante. La FUBB lo pone como requisito para poder jugar en la liga, no así en el metro ni la DTA. Uno es el caso de Miramar, ascendido a Primera, deberá actualizar su piso si quiere jugar de local en su cancha. Desde el club estiman que para poder llegar en tiempo las obras deberían empezar en abril a más tardar. Buscarán el convenio con el MTOP.  Auriblanco se encuentra en trabajos de nivelación para poder colocar el nuevo piso. Marné lo intentó pero todavía no pudo recaudar la plata que necesitaba. Las otras canchas con piso duro son las de Albatros y Reducto.

 

EL PALACIO Y SU PISO, UNA DONACIÓN

El piso del Palacio Peñarol fue una donación por parte de FIBA a la FUBB. Cuando se derrumbó el techo del Cilindro Municipal (donde actualmente se construyó el Antel Arena) y no había un estadio donde jugar, la FUBB hizo un convenio con Peñarol para colocarlo en el Palacio y por cinco años el club le cobraba a la federación 30% menos de alquiler.

Después de eso el piso quedaba para Peñarol, que es su actual propietario. Hemos seguido en relación con ellos, porque para la Americup invertimos unos US$ 60 mil en reparar vestuarios y baños, a cambio obtuvimos una cantidad de horas para usar el Palacio que todavía seguimos utilizando.

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