Rugby > ANÁLISIS

El rugby atraviesa uno de los debates mas trascendentes de su historia

En medio de problemas económicos y una guerra entre los torneos y los combinados, el debate es hacia dónde ir

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29 de septiembre de 2018 a las 05:04

La alarma la planteó Agustín Pichot. Sin vueltas, el vicepresidente de World Rugby declaró que el modelo del rugby internacional está en peligro: “Si me preguntás como hombre de negocios, el aspecto comercial no está funcionando”, dijo a The Guardian. “Si me preguntás desde el juego, tampoco está funcionando. ¿Está el juego internacional bajo amenaza? Creo que sí. Mirá los balances de algunas naciones y podés ver exactamente dónde nos encontramos”.

El deporte está en expansión, sí, y cada vez más gente sabe de rugby o lo mira. Pero la pulseada por el poder está planteada y en su fase más cruda. ¿Los protagonistas? Las ligas de clubes más poderosas del mundo, por un lado, y la World Rugby, a cargo de las uniones y las selecciones, por el otro. Es que mientras las ligas profesionales están en la cresta de la ola, muchas uniones nacionales están atravesando serios problemas financieros y, lo que es peor, dificultades para encontrar un plan de negocios sustentable.

La Premiership inglesa acaba de rechazar una millonaria oferta de 308 millones de euros para comprar la mayoría de su paquete accionario (propiedad de los 12 clubes que la integran) de parte de CVC Capitals, la compañía que fue dueña de la Fórmula 1. En Francia, los presupuestos se han multiplicado, y Stade Français lidera esta temporada la tabla de presupuestos con 34 millones anuales. El presupuesto más bajo es de Grenoble, con 14 millones, que igual es más del doble del que tienen los dos equipos escoceses y los cuatro galeses que integran el Pro14 (5 millones de euros cada uno) y hasta de los ingleses, que tienen 7 millones de tope salarial aunque con la posibilidad de contratar dos jugadores por fuera de ese presupuesto.

El que paga quiere imponer condiciones. Y por eso la competencia de clubes se ha extendido en los últimos años. Sumando a las ligas y las copas europeas los partidos de selección, los jugadores top de Europa están disputando cerca de 35 partidos por año. Si para el fútbol esa cifra no llama la atención, para el rugby, un deporte de contacto en el que son necesarios descansos mucho mayores, es muchísimo, y es garantía de lesiones.

El problema es que esas ligas han salido de la órbita de las federaciones de sus países, y por ende de World Rugby. Y no están dispuestos a que les marquen el paso.

Pero para peor, el rugby de selecciones sufre. Porque mientras el número de jugadores crece y varios mercados emergentes (Estados Unidos, Brasil, México) muestran interesantes cifras potenciales, son las naciones de más alto nivel las que atraviesan turbulencias. La principal es la falta de competitividad. El grupo de selecciones top es chico, y las distancias con los que vienen abajo, grandes. El tier 1 (los que juegan el Seis Naciones más los cuatro del Rugby Championship) marcan diferencias grandes con el tier 2, salvo por las excepciones de Fiji o Samoa, y alguna victoria aislada de Japón o Georgia.

Eso lleva a que los grandes quieran jugar entre ellos, y a que los Mundiales tengan pocas sorpresas. De hecho, a cada Mundial clasifican los 12 mejores del torneo anterior y solo ocho plazas se disputan por eliminatorias. Sería impensable ver a Irlanda peleando con España por un lugar, a Nueva Zelanda con Tahití, a Sudáfrica con Uganda o a Argentina con Chile.

Así, por más rivalidades que haya, ver a los mismos jugando siempre entre ellos es un freno a un crecimiento mayor. Más allá de los torneos tradicionales del Hemisferio Norte y del Sur, el 56% de los partidos de los tier 1 son amistosos: a eso se reducen las ventanas internacionales de junio y noviembre.

Además, algunas uniones están atravesando serios problemas. Australia, por ejemplo, ha pedido auxilio al estado por sus problemas económicos, mientras el rugby pierde pie respecto a otras disciplinas como el rugby league o el cricket.

Por eso, World Rugby intentó mover piezas. El año pasado, la directiva encabezada por el inglés Billy Beaumont y el argentino Pichot negoció con todos los actores un calendario de 2020 a 2032, que mueve la ventana internacional de junio a julio para que los jugadores europeos tengan un mes de descanso tras terminar las ligas europeas. A eso también le agregó el compromiso de que al menos seis partidos por ventana fueran cruces entre países tier 1 y tier 2, basados en la idea de que la única forma de crecer es jugar contra los mejores.

Pero los resultados son lentos. Por ejemplo, el pasaje de la ventana de junio a julio derivó en que las ligas planifiquen extender un mes más su calendario. De ahí el enojo público de Pichot.

Esta semana, World Rugby presidió una reunión clave en Australia. El cambio más radical propuesto por Pichot, según el francés Midi Olimpique, es establecer una liga de naciones en noviembre de cada año, entre los 12 mejores equipos del mundo, divididos en tres series de tres equipos, con semifinales y final, de manera de darle un atractivo a la ventana por fuera de los test matches. Con eso desparecería la ventana de junio.

La idea generó discrepancias, y el que puso el grito en el cielo fue Inglaterra, que genera ingresos por más de 10 millones de libras en la ventana de noviembre, en la que es local. Es una excepción: el resto necesita que sus partidos de selecciones sean más rentables.

Por lo pronto, todas las jerarquías del rugby mundial fueron especialmente cautas en dar detalles sobre lo hablado en Australia. Saben que tienen que buscar formas de que el rugby de selecciones de primer nivel tenga un giro, porque de eso depende buena parte del futuro del rugby.

 

INTERÉS DE URUGUAY

Si avanza el proyecto de la Liga Mundial, la duda es qué ocurrirá con la competencia para los países tier2, entre los que está incluido Uruguay. Una posibilidad cierta es una Liga B, con ascensos y descensos. El compromiso de World Rugby con los mercados emergentes fue mencionado explícitamente en el comunicado del organismo, una pista de que la posibilidad de una Liga B está sobre la mesa.

 

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