El comportamiento en la vida cotidiana > Estrechar las manos

El saludo, el agradecimiento

De viejos tiempos a actuales, el saludo siempre está. Pueden haber nuevas formas, pero aún nos estrechamos la mano.

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22 de marzo de 2019 a las 05:00

El saludo siempre se ha considerado como una muestra de educación y de respeto. Es verdad que los tiempos actuales han aportado nuevas formas externas. Antiguas o recientes son manifestaciones que no pasan inadvertidas. No da lo mismo saludar a un rector de una universidad que a un compañero de curso. No es una discriminación ahora que de tan de moda está. Es simplemente ser amable y respetuoso con esas dos personas distinguiéndolas mentalmente.   

Una característica muy nuestra es la amabilidad. La vivimos sin darnos cuenta. Ortega diría que es un don. En tanto Gasset podría afirmarlo con su consentimiento. Es evidente que he hecho una broma porque todos sabemos quién fue Ortega y Gasset, el ensayista español que estuvo por estas tierras de América del Sur en el  pasado siglo. Broma o no, hasta al más ilustrado puede caer con el chiste que no es un chiste sino un verdadero test o prueba de conocimientos.    

Saludamos con una sonrisa y no menciono a la de la Mona Lisa. Nuestro rostro se ilumina cuando saludamos en nuestro hogar, a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo. Ahí está la amabilidad. Sin acudir, a Ortega y Gasset viene a mi cabeza, aquel saludo que inmortalizó Juana de Ibarborou en su “Chico Carlo” para su Susana. Un saludo que era un discurso, con muchas preguntas. También expresaba buenos deseos. Todo rodeado de cariño.

No me acostumbro ni me sorprendo cuando un muchachito se apresura a abrir la puerta del auto cuando llego cada mañana al estacionamiento. Le doy una pequeña recompensa y me emociono cuando escucho las palabras de agradecimiento. Me parece que todos son afables, afectuosos. Son los componentes de la amabilidad.

Hay unas palabras que no se olvidan. De niño aprendí aquello de “merece” y “merecidas”. Mis ausencias de mi tierra no han logrado quitarlas de mi léxico. Me dicen que esos términos ya no se usan, que son cosas del interior. Me sublevo porque los que habitamos la tierra uruguaya estamos siempre muy próximos. Quizás desearían decirnos que el “merece” no se usa. Puedo contrariarlos con lo sucedido en mi reciente viaje a Montevideo. Para los desplazamientos debo usar una silla de ruedas y agradezco todo detalle de amabilidad. Siempre escuché como respuesta un “merece”. En mi defensa, debo traer a cuento que no era del interior “el transportista” casual. Era montevideano puro, el muchacho que me ayudó. El durante las vacaciones en la Facultad de Arquitectura, realizaba algunas tareas en la atención de los pasajeros. Al darle las gracias me dijo sonriente: “merece”.

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