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Las fiestas de Navidad y Año Nuevo

“Las fiestas” se viven en el corazón. Los saludos, los besos, los abrazos los regalos son símbolos que materializan lo espiritual más allá de la lógica y de la voluntad.

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14 de diciembre de 2018 a las 16:08

Parecería que nos gusta englobar en “las fiestas” -las próximas fiestas- unas celebraciones que encierran ante todo un hondo sentido espiritual. Mencioné en una nota anterior y como al pasar, lo de la increencia. Por eso, antes de seguir adelante doy por tierra lo de la increencia. Existen datos que muestran que reconocemos ser cristianos en una gran mayoría.

No es ésta una ocasión para  iniciar una discusión que no tendría sentido. Nos reafirmamos y preparamos para celebrar unas fiestas muy grandes que poseen raigambre. No estamos en el hemisferio Norte y las llamadas fiestas de Navidad y Año Nuevo nos encuentran en pleno verano, con calor y las vacaciones.  

Quizás vuelvan a la memoria aquellos versos que ilustraban nuestros estudios de Literatura. A lo mejor no nos decían mucho porque éramos jóvenes y todo era un presente lleno de sorpresas. El poeta volvía con “Pasó un día y otro día/un mes y otro mes pasó ...”. Esos versos pertenecen a una antigua leyenda. “Las fiestas” se acercan y nos recuerdan que tienen un motivo muy diferente de la simple diversión. Las próximas celebraciones de Navidad y Año Nuevo están muy vivas y expresan realidades que están más allá de la lógica y de la voluntad. Para vivir las fiestas no hace falta dinero, sino riqueza interior.

Es el momento para pensar, para la calma aunque el bullicio que nos puede envolver quiera apartarnos de lo espiritual. Las balconeras en los frentes de las casas no son un adorno. Nos recuerdan que la fiesta de Navidad se aproxima. Cuando alguien con sencillez nos dice “Felices fiestas” nos desea un bien. No son palabras de cortesía que suenan bien y no obligan.

Fue Aristóteles quien muchos siglos atrás sostuvo que la felicidad depende de cada uno de nosotros. Por eso y con sinceridad debemos gozar de lo que deseamos a los demás. La felicidad no está reñida con el sacrificio ni con el dolor. La felicidad vuela más alto y, por eso no nos sorprenderemos si  vemos una sonrisa en los que sufren espiritualmente o materialmente. Ellos se sienten envueltos también en la alegría de todos. No rechacemos su saludo si  nos desean felicidades.

Cuando era niño la Misa de Nochebuena se celebraba a la medianoche del 24 de diciembre. Las horas que pasaban después de la cena nos  parecían interminables y eran solamente tres. Con noche serena y estrellada subíamos alegres por avenida Viera hasta la plaza y la catedral de Salto. Después y de regreso, bajábamos la cuchilla y si nos encontrábamos con vecinos y amigos, era espontáneo el saludo de “feliz Navidad” o “Muchas felicidades”.

Navidad y Año Nuevo son dos fiestas muy grandes. Sé que no son reliquias del pasado. En esos días se ponen de manifiesto y se expresan realidades que están más allá de la lógica y de la voluntad. El “Día de la familia” ha quedado en el olvido porque  nuestras raíces son cristianas. También la historia nos muestra a Artigas en ”Purificación” y para mayor testimonio es sabido  que allá había un  pesebre, esa representación sencilla  donde entre un buey y una mula nació Jesús.

Quizás alguna vez nos hemos preguntado el porqué de los regalos en Navidad. Sé que la investigación llega lejos. Sin embargo, atesoro una respuesta sencilla. Sabemos por la Escritura que unos hombres que cuidaban sus rebaños en la noche, fueron avisados del nacimiento de Cristo y, de inmediato fueron a verlo, a adorarlo y le llevaron con alegría sus corazones. “Vayamos  hasta Belén y veamos este hecho que acaba de suceder” se dijeron.  Por eso,  los obsequios que nos hacemos son, por lo general sencillos. Una lancha sería algo impropio.

Año Nuevo está muy unido a Navidad. Nos desearemos también entonces felicidades. Hay que creer en la felicidad porque ella nace de la conformidad íntima entre lo que se quiere y lo que se vive. Acostumbramos a brindar, a desear a otros un bien. “Las fiestas” se viven en el corazón. Los saludos, los besos, los abrazos los regalos son símbolos que materializan lo espiritual más allá de la lógica y de la voluntad. Serán momentos sencillos y nos daremos cuenta, una vez más, de lo que supone una mirada de cariño o un apretón de manos con quienes nos respetan, nos quieren y nos comprenden.

“Pasar las fiestas” no termina de encerrar el espíritu  de los momentos irrepetibles de Navidad y Año Nuevo.  En una celebramos el nacimiento de Cristo y, en la otra, el inicio de un tiempo nuevo. No son fechas de tiempos idos. En las personas mayores descubriremos quizás la huella indefinible que dejan los sufrimientos pero junto a una sonrisa. “Yo siempre fui feliz” me dijo una señora añosa mirándome a los ojos. Junto a ella y en un estante  conservaba muchas fotos. Allí estaban su esposo, sus hijos, sus nietos y bisnietos. Me confió que  los esperaba porque iban a ir a visitarla. Era una casa de salud y ella ya no salía.

Para recibir la Navidad, el coro dirigido por Martin Bergengruen cantará  el lunes 17 a las 20.00 en la parroquia del Sagrado Corazón de Punta Carretas. Dicen que la música eleva el alma y es tiempo para hacer llegar nuestro cariño, nuestro afecto. Los medios tecnológicos lo permiten. Basta poner en cada mensaje algo personal para quien lo reciba pueda decir “Ha pensado en mí en esta Navidad y en este Año Nuevo”.

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