Opinión > EDITORIAL

El título de Villar

El tema merecía otro tipo de respuesta por parte del oficialismo 

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17 de julio de 2019 a las 05:04

El episodio en torno al currículum de Graciela Villar, que ha sido postulada como compañera de fórmula del candidato presidencial del Frente Amplio, el exintendente de Montevideo Daniel Martínez, no ha sido tomado con la seriedad que amerita el caso por parte del partido de gobierno. Dirigentes de la coalición de izquierda han desviado la atención del asunto de fondo con teorías conspirativas, en particular, el manido argumento de que se trata de una campaña sucia de la oposición con la complicidad de medios de comunicación.

De un tiempo a esta parte, ha ido perdiendo vitalidad el cumplimiento de las mínimas reglas de la formalidad, especialmente en la política. Parecería que todo da lo mismo, que hay engaños que son tolerables y que ha calado hondo la expresión acuñada por el expresidente José Mujica “como te digo una cosa, te digo la otra”.
Durante un cierto tiempo –no importa cuánto– en la página web de la Junta Departamental de Montevideo se llegó a presentar a la exedila

Villar como psicóloga que no es, según surge con claridad de una investigación periodística de El Observador. Menos aún podría tener una formación académica en psicología social como se dijo luego.

Habrá hechos mil cursos en psicología, pero no es psicóloga como llegó a informar la Junta Departamental. 

Mal puede alguien adjudicarse un título de psicólogo si solo cuenta con estudios básicos de Secundaria. Y es imposible tener un diploma en psicología social –que tiene un rango de maestría y se exige una formación mínima de una carrera universitaria de grado– sin haber terminado cuarto año de liceo.

Luego que se destapó el tema, Villar reconoció que no tenía ningún título universitario y fue ella misma quien transparentó su escasa formación académica. Pero no ha habido una explicación sobre quién o quiénes fueron responsables de difundir una información curricular falsa en la página web de la Junta Departamental sobre la ahora aspirante a la vicepresidencia frentista. 

Villar puede haber tenido muchas razones comprensibles para no completar los estudios como era su deseo según ha explicado en estos días. Pero el problema de fondo es otro: la información engañosa o falsa difundida en un sitio oficial departamental. Que se haya informado a la ciudadanía de que un legislador departamental ostenta un título universitario que no tiene.

A Villar la han consultado en estos días por una idea suya que llamó la atención sobre el destino que deberían tener las viviendas abandonadas de Montevideo, que muchos interpretaron como una violación a la propiedad privada. Ella dijo que los medios de comunicación difundieron su propuesta sin el debido contexto. “Las frases fuera de contexto”, dijo, “lo que da es una verdad a medias que termina siendo una mentira”. 

¿Y qué podríamos decir entonces de su formación en psicología luego “corregida” en el portal de la Junta Departamental de Montevideo?

No estamos ante un hecho irregular comparable al del falso título universitario del ex vicepresidente Raúl Sendic, con el cual incluso firmaba documentos oficiales. Pero el tema merecía una actitud más enérgica y una respuesta más transparente. 

El hecho en sí y las reacciones del oficialismo son conductas que terminan horadando a la política y con ello la buena salud de la democracia.

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