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Es inaceptable

"Es inaceptable que se mantengan gastos públicos innecesarios a costa del trabajo de los uruguayos de bien"

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23 de agosto de 2019 a las 05:00

Por Carlos María Uriarte, especial para El Observador

Es inaceptable e irracional que los uruguayos, habiendo sido bendecidos con el país que tenemos, estemos transitando por momentos como los actuales.

Vivimos en un país donde nos sobran los alimentos sanos y saludables, gozamos de agua dulce en abundancia, estamos lejos de las guerras y no estamos expuestos a fenómenos climáticos y/o cataclísmicos. Sin embargo, vivimos angustiados por problemas que nosotros mismos nos los provocamos.

Si bien es cierto que si nos comparamos con la región estamos bien, existen muchos ejemplos en el mundo de países en los que, con menos recursos, su población vive mucho mejor que nosotros. Incluso nosotros mismos lo supimos hacer en el pasado.

Uruguay, habiendo sido con Nueva Zelanda hace 15 años de los países donde se producía la leche más barata del mundo, hoy es de los más caros atrás de Estados Unidos. Pero Nueva Zelanda sigue siendo de los que produce más barato, y uno de los países más prósperos del mundo.

¿No tendríamos que analizar con profundidad qué hizo Nueva Zelanda y qué hicimos nosotros para tomar medidas antes de que sea demasiado tarde?

 

Es inaceptable que produciendo alimentos para 30 millones de personas, haya uruguayos que no logran su sustento diario.

 

Es inaceptable que haya más de 300 mil uruguayos que hoy tienen dificultades para conseguir trabajo y otro tanto que ni siquiera lo busca y vive de las dádivas del Estado.

Es inaceptable que se mantengan gastos públicos innecesarios a costa del trabajo de los uruguayos de bien.

Es inaceptable que haya quienes acomodados en lugares estratégicos del aparato estatal tienen su día a día asegurado, sin merecérselo.

Es inaceptable e inmoral que los uruguayos hayamos endeudado a nuestros nietos. Hoy los uruguayos debemos en concepto de deuda externa US$ 11.000 cada uno, cuando en 2004 debíamos US$ 4.000. Nuestra deuda por habitante hoy es mayor que la de los brasileños y argentinos.

Es inaceptable e irracional que seguido seamos testigos de cómo se pone en riesgo la viabilidad de  empresas, por problemas que no tienen relación con los daños que provocan sin que los responsables se hagan cargo de los mismos.

Sin desmerecer el trabajo de los sindicatos que son muy necesarios, en los últimos tiempos hay sindicalistas que se han empoderado de tal forma que provocan daños sin medir las consecuencias y  muchas veces arriesgan la fuente laboral de quienes dicen defender.

El caso de Conaprole es quizás el más emblemático, pero desgraciadamente no es el único. Siendo un orgullo nacional que deberíamos defender todos, frecuentemente la vemos amenazada por un puñado de personas que ganan en promedio mucho más que la inmensa mayoría de sus remitentes que son quienes generan los fondos necesarios para pagarles sus sueldos.

En los últimos años el sector agropecuario ha sufrido un aumento de costos productivos, fundamentalmente provocado por un tipo de cambio subvaluado y precios de tarifas y combustibles sobrevaluados, al ser utilizados como herramientas de recaudación. Esto ha provocado efectos negativos en la producción nacional que, salvo la carne y la madera, no son compensados por los precios internacionales de nuestros bienes agropecuarios.

La consecuencia fue un deterioro muy importante en los márgenes productivos del sector, lo que ha provocado una contracción de la producción, reducción de la cantidad de empresas y menor oferta de trabajo en el medio rural; pasamos de 4.500 tambos en 2009/10 a 3.700 hoy; de cultivar 1,3 millones de hectáreas de soja en 2014/2015 a 1 millón en 2018/2019, y de sembrar casi 200 mil hectáreas de arroz en 2010/11 a 135 mil hoy, al mismo tiempo que se perdieron casi 13 mil puestos de trabajo en el agro y la agroindustria.

En la última década, uno de cada cuatro productores rurales -aproximadamente 13 mil en total, la mayoría pequeños- abandonaron la actividad. La alternativa para ellos y sus familias, que no tienen escala económica y/o no cuentan en el medio rural con la suficiente disponibilidad de servicios básicos como educación y salud, es migrar a la ciudad en busca de oportunidades, lo que, en la mayoría de los casos, no encuentran. Esto es un lujo que el país no se puede dar.

 

Es fundamental que quienquiera deba tomar decisiones al respecto en el próximo gobierno, haga los máximos esfuerzos para lograr revertir esta realidad.

 

Para ello se deberá trabajar en pos de un agro económicamente rentable, socialmente responsable y ambientalmente sostenible, que contribuya cada vez más al desarrollo integral del país, que ofrezca oportunidades a las familias del campo y que sea reconocido por todos los uruguayos como uno de los principales motores de la economía nacional.

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