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Fidel Castro hunde a Bernie Sanders

La democracia estadounidense vivió una jornada histórica en un año electoral que tuvo la primera gran sorpresa

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07 de marzo de 2020 a las 05:00

La semana pasada Joe Biden estaba políticamente muerto. Iba a la zaga en las encuestas, su campaña carecía de fondos como para competir de igual a igual con la de otros candidatos que llevaban la delantera en la preferencia popular, y el panorama electoral a la vista indicaba que los mejores días de su carrera en el servicio público pertenecían al pasado. Sin embargo, demostrando que no solo en las películas de Hollywood la gente puede revivir, el veterano político ha renacido de las cenizas, habiendo dado una de mayores sorpresas electorales de todos los tiempos.  

En el llamado Super Tuesday, y en el cual 14 estados de la Unión Americana votaron en las primarias partidarias, el ex vicepresidente salió triunfador en diez de ellos, derrotando a las encuestas, a los periodistas que en reiterados vaticinios afirmaron que su carrera acabaría el martes en las urnas, y a los escépticos que lo consideraban pieza de museo. Biden está más vivo que nunca y se perfila como el candidato de fierro en el partido demócrata. Ha desplazado de las luminarias a quien había comendado hasta la fecha la puja por la nominación, Bernie Sanders.

A partir de esta semana, luego de que Elizabeth Warren y Michael Bloomberg abandonaran la contienda tras el pobre registro obtenido el “supermartes”, la carrera de los demócratas hacia la Casa Blanca es solo de dos, la cual, salvo que Sanders sufra una inesperada debacle a corto plazo (nada imposible considerando lo ocurrido el martes pasado con otros candidatos), puede durar varios meses más, hasta la convención partidaria que comenzará el próximo 13 de julio.

El veterano político de 77 años de edad, que de ganar las elecciones nacionales de noviembre se convertiría en el presidente más longevo de la historia estadounidense, tiene ahora el viento a favor. Hasta ahora, por varios meses ya, había sido como una figura de decoración, el invitado de piedra a la fiesta, magnificado ese rango por las cifras de las encuestas. No obstante, a último momento los votantes hicieron memoria y fueron a lo seguro.

Le dieron el voto al candidato que ha dedicado su vida a la política y que por ocho años fue el vicepresidente de un presidente popular, Barack Obama. Los votantes afro-americanos, que con lealtad en las urnas pagaron la lealtad de Biden a Obama durante dos periodos presidenciales, y la franja electoral mayor de los cuarenta años de edad, compuesta en su mayoría por la clase trabajadora, unieron fuerzas para apoyar a quien en cierta forma representa la estabilidad y el ala moderada del partido, esto es, la tradición demócrata en el sentido más profundo de la palabra.

Bernie Sanders gastó una fortuna en publicidad electoral en los estados que votaron el martes, muchísimo más que Biden, quien incluso en algunos de los estados no hizo campaña por falta de fondos. Pero Sanders terminó la noche con poco, con mucho menos de lo que había calculado, él y las encuestas, las cuales volvieron a equivocarse.

A Sanders lo han liquidado varios factores. Uno de ellos irrefutable. Cuando días atrás, en una entrevista en el prestigioso programa periodístico 60 Minutes, hizo comentarios elogiosos al régimen dictatorial de Fidel Castro perdió en cuestión de segundos a gran parte del electorado indeciso. Una mayoría que estaba silenciosa le dio la espalda, dudando al instante de su criterio y de si era la persona idónea para ocupar el principal cargo del país. A esta altura, nadie con pensamiento crítico y cierta inteligencia analítica puede defender la dictadura castrista y sus acotados logros, ni siquiera en materia educativa, tal como intentó hacerlo Sanders. Es como que alguien elogiara los logros de Hitler por haber reactivado la industria alemana y por haber transformado al país en una potencia económica y militar. En el popular programa televisivo The View, del cual es una de las conductoras, la actriz negra Whoopi Goldberg dijo una frase lapidaria que quedó resonando y fue reproducida en infinidad de medios informativos: “No hay nada maravilloso en una dictadura”.

Con comentarios que han desnudado su pensamiento de fondo y debilitado su poder de convicción, Sanders perdió mucho terreno en poco tiempo. Aún falta bastante para que las primarias concluyan, pero una cosa luce cierta: a partir de ahora el resto de la contienda le será cuesta arriba para el senador por el estado de Vermont, no solo por los errores de perspectiva cometidos y de los cuales es el único responsable, sino también porque Joe Biden ha despertado, y la clase media trabajadora, parte de la cual había pasado al bando republicano en las pasadas elecciones, parece estar con él.

El viejo león regresó a su plena forma para recordarle a todos, principalmente a Donald Trump, que no está derrotado y que será protagonista de lujo en un contexto político cada vez más parecido a una jungla y en el que se necesita a un rey inteligente, que sea también decente.

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