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Guardianes de su propio liceo: estudiantes se organizan contra la inseguridad

Un grupo de alumnos hizo turnos para evitar robos

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20 de abril de 2019 a las 05:03

El caso del liceo de Pan de Azúcar ocupó los titulares de prensa esta semana, pero no solamente porque entraron ladrones ocho veces desde que comenzaron las clases, el 1° de marzo, sino debido a la forma que encontraron los estudiantes para denunciar el problema. El jueves 11 de abril, durante una asamblea de profesores en la que analizaban el último hurto, los liceales agremiados les anunciaron que ante la falta de servicio de custodia policial durante las noches, ellos asumirían la vigilancia del centro. Eso no ocurrió porque –al enterarse de la medida– las autoridades solicitaron a la policía que cubriera también las noches con el servicio de 222 y desde este martes, como ellos lo corroboraron, la Jefatura de Policía de Maldonado ya dispuso una custodia de 24 horas para la institución.

Sin embargo, la inquietud de los estudiantes ahora –que durante la Semana Santa siguieron haciendo guardias durante el día hasta la hora en que llegaba el agente–, es que su historia no se siga contando como un fenómeno de inseguridad pública ni que continúe prestándose al “sensacionalismo” de los medios de comunicación, dijeron.

“No luchamos contra la inseguridad, sino por el presupuesto: no existe que no tengamos ventanas que no puedan cerrarse bien, que todavía no instalen las rejas que dijeron que iban a poner o que no haya cámaras o alarmas”, protestó Gonzalo Márquez, un exalumno que integra el consejo de egresados del gremio estudiantil. 

Ramiro Sosa, otro de los agremiados parado a su lado, dijo que vive en el “barrio peligro”, como se conoce al barrio Belvedere pero no comparte ese calificativo. “Ni siquiera cierro la puerta al dormir”, contó, y los compañeros asintieron.

Y tampoco les interesa que la Justicia capture a los delincuentes. “No sabemos quiénes son y desde el primer momento queremos evitar eso: la cacería de brujas es impropia de nosotros. No es nuestra labor ni nos importa”, dijo Márquez.

Miedo

Al lado del centro educativo, en una cooperativa de viviendas, Ángel y Florencia tomaban el desayuno en el frente de su casa, al rayo del sol. Él contó que ya no dejan la ropa colgada en la puerta cuando salen o se van a dormir.  “Si les roban todo a ellos, hasta los útiles, ¿no nos van a robar a nosotros?”, cuestionó.
Florencia, también estudiante del liceo y con un niño a upa –va al turno nocturno-, contó que de noche ya no se anima a salir sola al almacén, cuando años atrás era impensado que fuera así.

Raquel Buzón, vecina de una cooperativa ubicada del otro lado de la ruta 60 a una cuadra del centro educativo, repite lo que muchos: “La gente tiene miedo”. 

Una farmacia a tres cuadras del liceo sufrió un asalto tres semanas atrás y les robaron más de $ 4.500. Lo mismo le ocurrió a otra sucursal de la misma cadena que está a la entrada del pueblo. “Antes esto era más tranquilo”, dijo Estephanie Borges, empleada del local.

Sentado en el despacho del municipio, frente a la plaza de la localidad, el alcalde nacionalista Miguel Plada coincidió. “Son cosas que no se estaban dando en los últimos tiempos. Después de esta semana y lo que ocurrió en el liceo no podemos decir lo mismo”, sostuvo el jerarca, quien por otra parte consideró “valiente” la actitud de los jóvenes. 

“Hay dos posibilidades: o no hago nada o hago algo y ellos optaron por lo segundo, si bien no compartimos que hayan asumido el riesgo de cuidar el liceo a esas horas”, aseguró. 

Desencuentro y felicitaciones

Las diferencias entre los estudiantes y la comunidad no están solo en la apreciación sobre el peso de la inseguridad en el pueblo. Hay quienes –cuentan– los insultaron en las redes sociales o les transmitieron en persona el rechazo con el gremio por la medida que tomaron. 

Pero, además, dijeron los jóvenes, les hubiera gustado sentir más cerca el apoyo de la comunidad, o que les hubieran prestado más atención cuando repartieron folletos en la ruta para concientizar a la gente sobre lo que les ocurría.

“La población es una lástima. Esto es chiquito, nos conocemos todos, y es un pueblo solidario pero no lo fue con nosotros”, lamentó Leila Freire, madre de tres alumnos del liceo y ella misma estudiante de segundo ciclo en el turno de la noche.

Cuando comenzaron a hacer las guardias en el predio de la institución el fin de semana, recibieron al menos dos denuncias de vecinos que llamaron a la policía diciendo que había “gente extraña” en los alrededores del liceo. Eso les cayó mal así como también que sólo se acercaron vecinos a llevarles comida un día.

De cualquier forma, el ánimo del grupo mejoró sobre el mediodía del miércoles, cuando leyeron en el portal Ecos que el consejero de Secundaria Javier Landoni se había comprometido a atender su situación y que los felicitaba por su “compromiso” con el liceo.

Consultado por El Observador, el consejero dijo que Secundaria respondió al otro día de que los alumnos anunciaran su decisión. “Ellos pidieron seguridad y al otro día, el mismo jueves, la reforzamos, y estamos analizando el presupuesto para instalar alarma”, dijo Landoni. Agregó que el próximo martes visitará el liceo con el arquitecto del Codicen “para ver cuánto falta para terminar la instalación de las rejas y para mejorar la iluminación, obras que ya están empezadas”.

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