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Jonathan Iglesias, de El Tanque a Francia para comprarle una casita a su madre

El ex El Tanque Sisley pasó de un mundo precario y duchas de agua fría a hacerse un lugar en el fútbol galo

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10 de diciembre de 2018 a las 05:00

El “Día D” fue como buenos uruguayos disfrutando de un asado, entre amigos. Ahí se encontraban Jonathan Iglesias, que en ese entonces jugaba en El Tanque Sisley, su representante Héctor Resola, quien jugó nueve años en Francia y el entrenador uruguayo radicado en el país galo, Pablo Correa.

Las buenas temporadas del “Bochita” en el equipo fusionado le llamaron la atención al DT y éste se lo hizo saber.

“Vamos a ver cómo podemos hacer, pero me gustaría que fueras a jugar al equipo que dirijo”, le dijo a Iglesias, Correa, quien en ese entonces comandaba a AS Nancy.

“Quedé como en un ruido porque estando en El Tanque y que se fijara en mí era increíble. En la temporada siguiente le comenté a mi representante que quería mejorar en la carrera y me pidió que comenzara a aprender francés”, contó el jugador.

Pero claro cientos de futbolistas llegaron a tomar clases de idiomas que luego solamente le sirvieron para la anécdota, por lo que Iglesias se tomó todo con muchísima cautela.

“Era un martes, estaba en mi octava clase de francés y Resola me llamó para decirme que cuando saliera nos encontrábamos en un restaurante de Carrasco. No entendía nada, además estaba vestido con un pantalón deportivo”, recordó. En ese lugar también se encontraba Carlos Curbelo, socio del representante del jugador y exfutbolista referente también en Francia. “Él me dijo, ‘te vas al Nancy a jugar y tenés tres días para organizarte”.

Al Bochita le explotaba el corazón de felicidad y lo primero que hizo fue llamar a la madre y decirle que iba para la casa que tenía que hablar con ella y con su abuela. Las dos vivían en Belvedere, en una casa muy precaria.

“Las encaré y les dije que tenía dos noticias, una buena y una mala. ‘La buena es que se van a mudar a la casa en donde yo estoy alquilando y la mala es que nos vamos a empezar a extrañar mucho porque el viernes me voy a vivir a Francia’. Los tres nos abrazamos y nos pusimos a llorar”, recordó emocionado Iglesias.

En Nancy recibió continuamente la ayuda del entrenador Correa, quien le brindó herramientas para que se adapte lo más rápido posible.

“El único que hablaba español era él entonces me dijo que si yo hacía el esfuerzo los compañeros me iban a ayudar, que les iba a causar gracia el acento pero si me apartaba y hacía la mía, la ayuda iba a ser por un par de días. Por suerte me adapté enseguida y en seis meses podía tener una conversación en francés”, agregó el ex Progreso.

Además de darse cuenta que allá la pelota corría mucho más rápido que en Uruguay y que el ritmo de juego y entrenamiento no eran el mismo, las costumbres fueron un inconveniente al principio.

“Acá se cena a las 7 de la tarde, entonces en los primeros días a esa hora estaba tomando mate y comiendo pan con dulce de leche”. Fue ahí cuando el exfutbolista uruguayo e hijo del socio de su representante, Gastón Curbelo, quien le dio una mano grande también en Francia, le dijo que físicamente le iba a servir mucho cambiar la alimentación charrúa.

Pero no solo la comida fue un tema, en el vestuario también pasaban cosas que le llevaron al asombro: “Teníamos un jacuzzi en el vestuario y en el de El Tanque a veces nos bañábamos con agua fría. Entonces primero me metí en las duchas como siempre sin calzoncillos, pero ellos me empezaron a mirar raro porque se bañan todos con la ropa interior puesta. A mí me parecían raros ellos. Lo peor fue cuando me metí en el jacuzzi sin nada. Hablaban entre todos pero como todavía no entendía bien el idioma no me importo. Al tiempo me explicaron y nos reíamos, es un tema de la cultura de acá que no se muestran”.

En la primera temporada jugó 33 partidos en la Ligue 2, lo cual lo llenó de orgullo, pero uno de los momentos más felices lo vivió en sus primeros seis meses cuando llegó su madre a visitarlo.

“Fue muy emocionante por el reencuentro y además porque justo estaba nevando, parecía una niña. De tanta emoción que tenía me dijo: ‘parece que cayera del cielo la nieve’. Le respondí, ‘y sí mamá, ¿de dónde querés que caiga? Fue hermoso lo que vivimos”, recordó.

El año de contrato se finalizaba y cuando el club francés tenía que hacer uso de la opción de compra no la firmó y la negociación con El Tanque Sisley para arreglar un nuevo préstamo al principio no fue sencilla hasta que se llegó a un acuerdo con dinero de por medio.

Cuando se llegó a una solución volvió a practicar con el grupo, pero en la nueva temporada jugó solamente nueve partidos como titular.

“El momento más duro igual fue cuando terminó mi contrato, ahí el club ascendió pero quedé libre y estuve seis meses sin equipo”, aseguró Iglesias.

El jugador vivió varias idas y vueltas en donde aparecieron representantes franceses ofreciéndole oportunidades pero con firma de exclusividad, por lo que el uruguayo le fue fiel a su agente y no aceptó las propuestas, hasta que el presidente de Nancy y su agente le hicieron llegar una propuesta de Clermont Foot y aceptó el contrato.

“Teníamos una entrenadora, Corinne Diacre. Cuando llegué escuchaba a mis compañeros decir que era terrible, muy estricta, casi una militar y dije ‘¡Pah, dónde me vine a meter!’. Ella quería imponer mucha autoridad, por ejemplo no nos dejaba jugar a las cartas en el ómnibus porque gritábamos mucho y quería dormir”, recordó Iglesias, quien disputó todos los partidos de la temporada y luego firmó por un año más.

“Se fue la entrenadora y en el primer partido con DT nuevo a los 8’ me luxé el codo, el equipo ganaba y cuando el doctor pidió el cambio hice la gran “Palito” Pereira y le dije ‘no salgo, no salgo’. Terminé jugando los 90’”, aseguró el futbolista.

Actualmente Iglesias, quien es el subcapitán de Clermont, se encuentra cómodo  en el equipo, rechazó la posibilidad de regresar a Nancy, firmó contrato hasta 2020, está proyectando estudiar en Francia para ser entrenador y con los ahorros se compró una casa en Uruguay, en donde vive su mamá, el amor de su vida.

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