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La ciudad de los muertos

Me puse a revolver papeles viejos y apareció un texto que escribí hace años y, que yo recuerde, es mi única pieza con un final feliz

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07 de julio de 2019 a las 05:00

No queda casi nada. Lo primero que desaparece es la emoción. No hay deseo, no hay dolor, no hay pasión. Los recuerdos estallan y queda un manto de cristales rotos. Ya nadie sabe a quién pertenecen. Eso es por los pedazos de alma adheridos a las cenizas, fragmentos de espíritu mezclados con el polvo. No albergan un solo átomo de emoción pero todavía son capaces de entender, de una manera arbitraria e inútil, el universo.

Es un fragmento de un texto de mi autoría, del que acabo de encontrar el original (una impresión de archivo Word, en realidad). Son siete párrafos escritos para acompañar fotos del Cementerio Central, sacadas por un gran amigo, Gabriel García Martínez, desde su ventana del noveno piso, con vista a la citada necrópolis.

García participaba en un taller del Centro de Fotografía de Montevideo (cdf) basado en el libro Las ciudades invisibles, de Ítalo Calvino. Había elegido el capítulo dedicado a la ciudad de los muertos, Eusapia, y se había puesto a sacar fotos desde el living de su casa. Un día llegó a la mía, me mostró las fotos y me preguntó si me interesaba escribir unas letras alusivas.

Eran imágenes analógicas, en blanco y negro. Frías, duras, de una belleza enigmática. Para mí fueron un estímulo inmediato. Ni siquiera leí el texto de Calvino. Ya tenía todo lo que necesitaba.

Cae la noche y, tal vez por costumbre, aparecen las conversaciones. Se habla mucho por medio de citas: “la fina seda se rompe”, “la oscura raíz del grito”, “serán ceniza, mas tendrá sentido” –para hablar de las más íntimas– y también las que evocan el sonido y la vida, como aquella célebre de Darío: “vino de la viña de la boca loca”. Las palmeras y los cipreses pueden entender esas voces y acompañados por la brisa ejecutan una coreografía secreta.

El trabajo se publicó en la revista española Fiat Lux, que se dedicaba al tema del crimen con pretensión literaria y que tuvo una vida muy breve aunque intensa. Las fotos fueron expuestas en una exposición colectiva en el cdf junto con los trabajos sobre otras ciudades de Calvino y sin los textos.

Los nuevos llegan durmiendo, porque llegan de día. Su presencia se notará por la noche, cuando los despierte el grito de un pájaro y sus palabras serán extrañas, confundidas por el asombro de ya no tener miedo, de haber perdido la esperanza, esa traidora

Yo me quedé con ganas de hacer un libro pero el problema era que había solo ocho fotos con sus respectivos textos y ninguno de sus autores tenía la mínima intención de alargar el asunto, así que todo quedó en veremos.

Ahora me puse a revisar páginas amarillentas y encontré estos textos que postulan una suerte de final feliz, en el que la muerte es la serenidad de las almas, que se encuentran sin rencores ni expectativas, en un universo de poesía.

“Afuera” y “antes” se usan como sinónimos. Se dice “afuera es de noche” y quiere decir que antes todo era oscuridad y ahora hay entendimiento, que antes existía el miedo y ahora la calma. Se dice “antes yo estaba solo” y significa que afuera nadie se conoce, que cada alma está pegada a su cuerpo y no puede comunicarse con otra.

Esta vez lo que más me atrae de esta versión de la ciudad de los muertos es que no es vida después de la vida sino muerte, pura y dura, donde no solo no existe la dicha ni el dolor sino que no existen los individuos; tan solo un vestigio de lucidez colectiva, provisto vaya uno a saber por qué divinidad y a santo de qué.

Los nuevos llegan durmiendo, porque llegan de día. Su presencia se notará por la noche, cuando los despierte el grito de un pájaro y sus palabras serán extrañas, confundidas por el asombro de ya no tener miedo, de haber perdido la esperanza, esa traidora.

Ahora me pregunto, porque no puedo con mi genio, si no aparecerá un ángel del mal que intente penetrar las duras paredes de Eusapia con un rayo de esperanza y poblar de zozobra a la ciudad de los muertos, alterar para siempre la paz de los sepulcros. 

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