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La cueva de todos

Los niños de Tailandia no son los únicos que padecen adversidades

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12 de julio de 2018 a las 05:00

En aeropuertos, bares, restaurantes y cualquier otro espacio público del planeta donde pudiera haber un televisor, algo relacionado al fútbol pero que no tenía nada que ver con el mundial de Rusia acaparó durante los recientes días la atención del mundo, y subrayo la palabra mundo, porque lo insólito en ocasiones tiene perfil global. Miles de millones de personas sintonizando lo mismo: la historia de 12 niños tailandeses atrapados en una cueva mientras las aguas subían y la desesperación se colectivizaba. Seguramente en diciembre figurará entre las noticias más vistas y comentadas del año. De seguro. La historia tuvo final feliz, menos para la persona que falleció en el intento de salvataje.

Si uno presta atención a la atención prestada al hecho, siente en forma inmediata una inaudita sorpresa, y no solo porque la noticia se hizo viral en las mentes de la gente y en los medios de comunicación, los cuales, viendo el interés colectivo, la emitían con insólita frecuencia, aprovechando las mediciones de los llamados ratings inmediatos. Fue como una pequeña película en tiempo real, en la cual los niños y quienes salieron a rescatarlos pasaron a vivir en una simultaneidad empírica en la que el público también fue protagonista, capaz de opinar con sus emociones.

Ahora bien, pensándolo en frío y con la distancia de perspectiva posterior a las emociones, ¿por qué se le prestó desmesurada atención a un hecho que sucedió a tantos miles de kilómetros de distancia, cuando, además, quienes corrían peligro no eran cientos ni miles de seres humanos, esto es, la noticia no tenía carácter de impactante como puede tenerlo un terremoto o tifón que puede dejar miles de muertos? La lógica del éxito masivo del hecho resulta poco comprensible.

Por otra parte, en el mundo, ahora mismo, miles de niños sufren y mueren sin recibir atención de nadie y menos la de los medios informativos, miles –sin exagerar podría decir que son millones– de niños de todas las edades que padecen más y tienen menos posibilidades de supervivencia que los de Tailandia. Aquí mismo en Uruguay tenemos mucho para mirar y lamentarnos al respecto, sin necesidad de que las cámaras tengan que entrar a una oscura caverna.
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