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Un paquete de carqueja, un cuento de Landriscina y el festejo de la cercanía: la despedida a Omar Gutiérrez

El entierro del conductor en San José fue multitudinario y en él se elogiaron los valores que encarnaba "el Flaco"

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14 de septiembre de 2018 a las 05:03

"Acá están los vecinos y las vecinas", dice el sacerdote Juan Andrés Verde en el medio del cementerio de San José. A su alrededor hay una multitud que está ahí para despedir a Omar Gutiérrez. Son las tres de la tarde, hace calor, y una hora antes la ciudad entera acompañó la caravana que lo llevó hasta ahí desde la sala velatoria. 

El entierro del conductor radial y televisivo empieza con un mensaje que insta a imitar los buenos valores que pregonaba, algo que se repite a lo largo de la ceremonia. Ser generoso, ayudar al que lo necesita, ser sencillo y respetuoso. 

De repente, en medio del discurso de Verde, un hombre apoyado contra uno de los mausoleos, grita: "Gordo, tengo el último paquetito". Estira el brazo y le pasa a la familia de Gutiérrez, una bolsa transparente que adentro tiene algo verde. El hombre contará unos minutos después la razón de esa ofrenda final. Federico Novis es conocido como "el yuyero". Recorre todo el país y a Gutiérrez lo cruzaba todo el tiempo en San José, en Montevideo, o donde fuera. "Me compraba carqueja y me daba $50 cuando precisaba. El Pepe Guerra hacía lo mismo". Novis llegó a dedo al cementerio desde Paso de Pache, al norte de Canelones. 

El paquete que Novis le dejó a Gutiérrez, desató un aplauso gigante, y tenía –justamente– carqueja; fue su manera de devolver la generosidad que el conductor demostraba. Esa que se elogió todo el tiempo. Verde utilizó una historia del argentino Luis Landriscina para expresar la dureza del momento: "Para que un niño nazca, tiene que morir en la panza. Los partos tienen dolor siempre, pero las madres a veces lo olvidan cuando tienen al niño en brazos por primera vez. Con esto pasa lo mismo. Para ir al cielo hay que morir en vida, y duele perder a alguien, pero no es un adiós, es un hasta luego". 

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Luego tomó la palabra Jorge da Silveira. El periodista deportivo pidió permiso a la familia, que estaba parada junto a él, y habló sobre las bondades de Gutiérrez. "Era un fuera de serie en todos los órdenes. En el periodismo, hombre respetado, valiente, que siempre dijo lo que pensaba y supo ganarse el respeto de la gente de todas las tiendas partidarias", dijo Da Silveira; también destacó la "calidez" como conductor. "Un fenómeno de solidaridad (...) siempre ayudando a todos los que podía sin pedir nada a cambio", agregó. Para finalizar destacó la "lealtad indestructible propia de los hombres que no fallan cuando no tienen que fallar".

Da Silveira explicó que Gutiérrez era tan bueno que, sin darse cuenta, lo estafaron tres veces. Lo mismo recuerda Luis Alberto Muhlethaler, el Colorado que de hecho, era conocido como el Colorado de Omar Gutiérrez. Amigos desde que el maragato inició su carrera, Muhlethaler lamentó que la situación económica de Gutiérrez no haya sido mejor pero, aseguró, que esas estafas ocurridas en las dos décadas pasadas lo complicaron. 

"Se fue un grande", afirmó Muhlethaler. "Un tipo que le deja a la televisión su sencillez y su generosidad. Era abierto, ayudaba a todos los que lo precisaran". El Colorado dijo que el conductor cambió la televisión con su impronta particular: "El era así, no es que apagaban la cámara y cambiaba. Me acuerdo que para el primer programa se plantó ahí de jean y zapatillas, con termo y mate y un pucho, los gerentes del canal estaban como locos. 'Pongase el traje', le decían. Y él no se lo puso". 

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Luego de las palabras de Da Silveira, Verde reafirmó la intención de recordar a Gutiérrez con alegría y aseguró: "Esta era su verdadera riqueza, el amor de todos". Otro aplauso, decenas de lágrimas, tanto de los familiares más cercanos como de los extraños que solo lo conocían por mirarlo en la tele. Con un "bzzzzz" que interrumpe el tono solemne de la ceremonia, dos drones pasan por encima del cementerio.

El ataúd fue llevado hasta su lugar, mientras la multitud avanzaba entre las tumbas y mausoleos. El cementerio de San José debe haber visto pocas veces a una congregación tan numerosa y variopinta. Viejos y jóvenes, niños y adultos. Ernesto Negrín, el dueño y líder de la banda Casino; el intendente de San José, José Luis Falero; los periodistas Fernando Vilar y Carlos Muñoz. Viejos compañeros de De Igual a Igual como el humorista Álvaro Navia y el mago Ariel.  Y muchos, muchos anónimos, que también le tiraban besos, lloraban y oraban con los ojos cerrados. 

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Cuatro funcionarios de uniforme azul se subieron con el féretro a una plataforma sobre un montacargas y lo colocaron dentro de su nicho. Ahí se desató el último aplauso, mientras la losa con la inscripción "Flia. Gutiérrez Larré" era colocada.

"¡Buen viaje, Flaco!", se escuchó. Bien fuerte. De a poco, la multitud se empezó a retirar. A la salida, una señora paró al colorado y le dijo: "Una lástima esta pérdida". Y él le contestó, con una sacudida de cabeza: "Él sigue acá".

 

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