Personajes > OPINIÓN

Omar, el vecino que descontracturó la televisión

Una serie de recuerdos personales sobre cómo Omar Gutiérrez logró hacer un programa masivo que no le cerraba la puerta a nadie

Tiempo de lectura: -'

12 de septiembre de 2018 a las 17:50

Nunca fui a Disney. No es una cuenta pendiente, ni un trauma de la infancia. Pero de niño esa fantasía siempre está, y lo más cerca que estuve de ir a ese parque de diversiones fue a través de un episodio de Los Viajes del Doce, el programa de Julio Alonso. Mis padres me grabaron la emisión en un VHS y la gasté de tanto que la vi, en una época inmediatamente previa a la computadora, el celular, el cable y Netflix. Ese programa sobre Disney estaba grabado en una cinta que también incluía otro programa uruguayo: la edición de De Igual a Igual posterior al triunfo de la selección uruguaya en la Copa América de 1995. Como no sabía hasta cuándo rebobinar, lo miraba también.

Así que ahí estaba yo, con cuatro o cinco años, mirando periódicamente a ese tipo flaco, alto, de lentes, termo, mate y cigarrillo en mano, entrevistando a un par de futbolistas (recuerdo que uno era Álvaro Gutiérrez, no me acuerdo del resto). Ese es mi primer recuerdo asociado a Omar Gutiérrez. 

Lea también: Recordá a Omar Gutiérrez en videos, el vecino más famoso de la república de San José

Toda mi niñez, el maragato estuvo ahí adelante. La rutina era siempre la misma: volvía a casa de la escuela al mediodía, me sacaba la túnica y la moña y me sentaba a esperar que mi abuela me sirviera el almuerzo. Eso coincidía con el inicio de De Igual a Igual, que arrancaba a las 13 horas. Fueron años viendo ese programa. Vi a Jorge Zabalza quemar la bandera de Estados Unidos. Aprendí quién era "el colorado". El "manden sólidos", el "grito de desesperación" y el "a ver, a ver, como mueve la colita". Vi pasar a políticos, músicos, comunicadores y celebridades varias por ese living. Lo vi emitirse desde San José, Atlántida y mil lugares más. 

Omar Gutiérrez era una rareza en la pantalla. El tipo hablaba como los vecinos del barrio, se refería al público como, justamente, "vecino y vecina", hacía chistes, se vestía de manera informal y era amigable. El resto de los programas tenían a señores de traje y bigote, personajes rígidos y serios. Lo de Omar era una fiesta. Hoy la televisión local es un poco más "canchera", y algo tuvo que ver Gutiérrez con eso. 

También vi pasar por su programa a bandas que nunca en la vida pasarían por la televisión local en otro contexto. Es lo que hoy publican los propios músicos en sus cuentas de redes sociales. Usó una canción de No Te Va Gustar como cortina (Déjame Bailar) antes que la banda explotara. En su estudio estuvieron grupos como Buenos Muchachos, La Teja Pride y Motosierra, o artistas como Dani Umpi, metidos entre los pleneros del momento y los cumbieros argentinos. La difusión para las bandas locales en la pantalla ha sido algo bastante complicado, y algunos de esos grupos no transitaron muchas veces más por la pantalla después de su pasaje por ese living que en realidad era un gran galpón.

La muerte de Omar Gutiérrez generó una ola de amor, respeto, cariño y emotividad que pocas veces se ve en las redes uruguayas. Los que lo conocieron en persona lo recuerdan por su simpatía, su buen carácter y su generosidad. Los que no, lo destacan por haber cambiado el encare de la televisión local, por haber mostrado algo diferente y por abrirle las puertas a todos. Y ese fue su gran aporte a los medios locales.

Lea también: Omar, por Jaime Clara

Soy de la última generación televisiva. La que hizo el quiebre entre la programación estándar y el on demand. Las figuras no estaban en YouTube o en Instagram. O estaban en la tele o no existían. Omar Gutiérrez fue icono de esa época. Y además, democratizó la pantalla (algunos le decían terraja por eso). Se la abrió a todos, y la hacía llegar a todos. Son pocos los que pueden decir lo mismo.

Comentarios