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20 de noviembre 2021 - 5:01hs

En mi larga trayectoria profesional, vuelvo hoy con la memoria a una revista europea de la sociedad, que llega a Montevideo, en la cual me desempeñé durante una temporada como corresponsal.

Recuerdo que en una ocasión una muy conocida diseñadora de modas dijo algunas verdades permanentes, entre ellas: “Cuando se trata de vestir a una mujer se cubre su cuerpo. El vestido tiene una finalidad maravillosa, porque es el encargado de mostrar la grandeza del alma que la viste”. Recordando a Antoine de Saint-Exupéry podemos decir “lo esencial es invisible a los ojos”. Ahí está el arte del diseñador.

Por eso hay que alabar a la madre que se esfuerza por enseñar a sus hijas las virtudes del pudor y de la modestia. Ella no es una señora pasada de moda, anticuada. Con su ejemplo de vida y enseñanza procura ser sensata, transmitiendo valores, tesoros que no se pueden desechar fácilmente sin dañar la belleza de las personas.

Por eso no se me va de mi memoria las imágenes de  los trajes de novia de un desfile de modas. Allí tuve ganas de gritar a las diseñadoras y a los diseñadores, que no es necesario desvestir a la mujer para mostrarla.

Esto último no es por seguir una tradición en los vestidos de novia.  Es por exigir a la moda que haga realzar lo de humano y bello que tiene la mujer, como decía la diseñadora citada más arriba: “el vestido...  es el encargado de mostrar la grandeza del alma que lo viste”.

El diseño de un traje de novia puede ser muy personal y salir del estereotipo tradicional, lo que sí se le puede pedir, además de la elegancia y buen gusto es que refleje la humanidad de quien lo porta y no ser un disfraz muy imaginativo pero ridículo.

Lo dicho es válido también para el vestido que puede llevar la novia a la ceremonia civil, que por lo general es algo preparado para la ocasión.

Temas:

Dignidad femenina

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