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La guerra entre Rusia y Ucrania reflota el acuerdo Mercosur - Unión Europea: los motivos y expectativas

Los bloqueos impuestos al gobierno de Vladimir Putin y la necesidad del bloque europeo de diversificar sus proveedores de energía y materias primas le abren una puerta a los países del Mercado Común del Sur

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27 de marzo de 2022 a las 05:00

El 24 de febrero, luego de semanas de juegos especulativos e intentos frustrados por detener lo que parecía inevitable, Rusia bombardeó Ucrania. Ese jueves en Moscú, el presidente ruso Vladimir Putin anunció que había decidido lanzar una “operación militar especial” para responder al llamado de ayuda de la “República de Donbas” y con el objetivo de “desmilitarizar” y “desnazificar” Ucrania.

Ese día, además de dar inicio a la guerra, se cambió el contexto geopolítico mundial y en cuestión de semanas, los objetivos, necesidades y prioridades de los países más grandes del mundo experimentaron cambios importantes o debieron abordarse con mayor celeridad.

Los 27 países de la Unión Europea (UE), al igual que Estados Unidos, impusieron distintas sanciones —principalmente económicas— a Rusia por su invasión a Ucrania. Desde el bloqueo de las reservas internacionales de divisas del Banco Central Ruso hasta el congelamiento de los activos de Putin y cientos de políticos y oligarcas rusos, entre otras.

Podría pensarse en que es una situación momentánea pero no parece factible que, una vez culminada la guerra, las relaciones de los distintos países con Rusia no vuelvan a ser las mismas. ¿Cuál es el problema? Que las relaciones son bilaterales y si bien los países pueden sancionar a Rusia, también dependen mucho de lo que los soviéticos les brindan.

La UE tiene una dependencia relevante con Rusia en el abastecimiento energético, de materias primas y de alimentos. Rusia exportó durante 2021 cerca del 45% del gas que se consumió en todo el bloque. Los rusos también vendieron casi un 26% del petróleo y un 46% de su carbón al bloque europeo.

Pero además, Rusia y Ucrania aportan el 28% las exportaciones globales de trigo, un 20% de las de maíz y 80% de las de aceite de girasol. A eso se la suma el rol preponderante de los fertilizantes rusos en las cadenas de alimentos globales.

La importancia de las exportaciones rusas y ucranianas al mundo no tiene discusión. Lo que si se aceleró en la UE es la discusión sobre minimizar esa dependencia con Rusia. En ese contexto, vuelve a estar sobre la mesa el acuerdo entre el Mercosur y la UE como alternativa para el suministro de gas, petróleo y materias primas.

Ese acuerdo se había estancado en octubre de 2020 tras una negociación de dos décadas. Sin embargo, hace algunas semanas, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania confirmaron a Deutsche Welle (DW) que el país “apoya la realización de un ambicioso acuerdo UE-Mercosur por razones geoestratégicas, económicas, de política exterior y de sostenibilidad” siempre y cuando “los países socios asuman compromisos jurídicamente vinculantes en materia de protección del medioambiente, social y de Derechos Humanos que puedan aplicarse y verificarse”.

Expectativa y cautela

Gonzalo Oleggini, consultor en negocios internacionales y logística, dijo a El Observador que el Mercosur tiene una “ventaja extra” ya que la última oportunidad en la que se estuvo por cerrar el acuerdo, la UE “se protegía porque tenía proveedores regionales y locales”. Sin embargo ahora “quiere cambiar a uno de esos proveedores y es la oportunidad de meternos”.

Según Oleggini, si Argentina y Brasil pudieran proveer un 10% nada más de la energía que le vende hoy Rusia, estaríamos hablando de unos US$ 3.000 millones por mes.

Brasil es uno de los principales productores mundiales de etanol y es un país petrolero con capacidad para crecer en las exportaciones” mientras que Argentina “tiene la segunda reserva de gas más grande del mundo y además tiene petróleo”, explicó.

No obstante, el experto alertó que Brasil está organizado “como para poder aumentar su oferta” energética y “puede responder en el corto plazo” mientras que en el caso de Argentina es necesario pensar más en un “mediano y largo plazo” ya que es un país en el que es “difícil lograr inversiones por su falta de confiabilidad”.

Con la misma lectura, el experto se refirió a la producción de alimentos y destacó a Argentina como uno de los principales productores de trigo y a Brasil de maíz. “Estamos hablando de una oportunidad histórica desde el punto de vista productivo”, aseguró. De todas formas, señaló que Argentina “debería producir el doble o el triple para poder llegar al mercado europeo”.

Según el consultor en negocios internacionales y logística, hay un desafío político para el acuerdo UE–Mercosur que son los acercamientos entre los gobiernos de Argentina y Brasil con el presidente ruso Vladímir Putin. El presidente argentino, Alberto Fernández, se reunió con Putin en Moscú el pasado 3 de febrero mientras que Bolsonaro lo hizo el 16 del mismo mes. Ambas reuniones apuntaban, principalmente, a la cooperación económica entre los países. “No es sencillo que ahora Argentina y Brasil, que son quienes pueden comandar una negociación con la UE, estén de acuerdo en acelerar ese proceso cuando han hecho una asociación estratégica con la propia Rusia mientras que la UE te está diciendo ‘quiero un acuerdo contigo para sustituir a Rusia como mi proveedor’”, alertó.

Marcos Soto, decano de la UCU Business School, se mostró más “escéptico” en cuanto a la posibilidad de avanzar en el acuerdo. “Esta situación coyuntural en realidad no modifica las diferencias de fondo que existen entre el Mercosur y la UE. Además, la expectativa es que este conflicto armado no se extienda mucho en el tiempo de modo que tampoco creo que la UE relegue sus reparos para con el acuerdo por una eventualidad coyuntural”, consideró.

Soto dijo ser “cauto” y sostuvo que si bien es probable que las sanciones impuestas a Rusia deberían exceder la duración del conflicto armado, “también es cierto que luego los intereses y las urgencias económicas empiezan a primar. Lo que está pasando con el embargo a Irán es un buen ejemplo. Irán estaba sancionado y como se empiezan a precisar los recursos —sobre todo el petróleo— se levantan las sanciones”, apuntó.

El experto manifestó que “las diferencias de fondo permanecen” y que en la medida que “no haya cambios vinculados a posturas dentro del Mercosur y de políticas activas – sobre todo ambientales – difícilmente se llegue a un acuerdo”.

De todas formas, tanto Oleggini como Soto coincidieron en que es necesario que el Mercosur tenga una postura activa en pos de la reactivación de las negociaciones. “Como Mercosur debemos juntar nuestras capacidades negociadoras y ver qué posibilidades hay de retomar esto”, planteó Oleggini. En ese sentido, añadió que “ahora toca la proactividad desde nuestras cancillerías y nuestros negociadores, que están referenciados a la negociaciones”.

Soto, por su parte, sostuvo que “debería aprovecharse esta posible ventana para volver a mover los papeles, avisar y retomar los temas que están pendientes” con un Mercosur “activo y abroquelado o con voces únicas”.

Embajador: “Nunca se perdió la confianza”

Paolo Berizzi, embajador de la UE en Uruguay, dijo a El Observador que si bien desde el bloque “nunca se perdió la confianza en que el acuerdo se pueda firmar” y se mantienen “optimistas”, es cierto que “la situación de guerrapodría acelerar su ratificación.
Berizzi explicó que es difícil que las relaciones con Rusia puedan volver a ser lo que eran antes y reconoció que se está buscando disminuir la dependencia energética y de materias primas de la UE con ese país. “Es un poco prematuro para decirlo pero las relaciones con América Latina pueden mejorar justamente por el hueco que se crea en la relación con Rusia a causa de su invasión ilegal de Ucrania”, manifestó.
“Estamos mirando a 360 grados. Empezando por las urgencias y luego siguiendo con las materia primas menos urgentes. La idea es efectivamente diversificar nuestros proveedores y, al mismo tiempo, aumentar nuestra autonomía en productos esenciales como componentes de medicamentos y fuentes de energía”, explicó.
El diplomático destacó que en este momento Europa está valorando de buena forma “el comportamiento de los socios latinoamericanos” frente a la guerra entre Rusia y Ucrania. “La postura de los socios sudamericanos está creando una imagen positiva en Europa que puede ayudar a finalmente cerrar el tema del acuerdo”, añadió.
Para Berizzi, el acercamiento puede darse más por el lado político que por el económico. “Yo no sé si va a haber mayores exportaciones porque la UE va a buscar otros mercados, eso todo está por verse, pero si un plan político ya que desde el lado europeo se ve mucho mejor lo que está haciendo América Latina y la importancia de los valores en las relaciones internacionales”, señaló.
Tener socios confiables que no solo compran tu producto sino que respetan las democracias, los derechos humanos, el derecho internacional y no violan las fronteras esto trae de vuelta la importancia de la confiabilidad de los socios tanto en materia política como en materia comercial y pueden ayudar a acercar las posiciones para finalizar este acuerdo”, expresó el diplomático.

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