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La historia de Un río de libertad, la foto que evidenció el grito ciudadano contra la dictadura

Su autor, Américo José Plá, cuenta los entretelones de una de las imágenes más potentes de la fotografía contemporánea

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27 de noviembre de 2018 a las 05:03

Aprieta el botón del portero eléctrico y escucha que la voz, eléctrica y distorsionada por el transmisor, da una orden clara. “Sacate todas las identificaciones. Vos venís como invitado de la familia”. Mientras el ascensor sube los pisos del edificio a una velocidad mecánica, el fotógrafo ejecuta la directriz y guarda, apurado, todos los carteles que anuncian su profesión y su medio. La cámara, colgando a un costado, espera con menos de 36 tomas para hacer historia.

Pero en ese momento la historia está todavía distante, esperando paciente para inmortalizar los instantes que ahora son parte del presente. Es 27 de noviembre de 1983, el verano se empieza a sentir en Montevideo y el murmullo en los alrededores del obelisco es importante. De a poco, en Parque Batlle los rostros, pancartas y las voces se van colando entre la vegetación. Allí se concentrarán, según las cifras que más adelante se manejarán, unas 400 mil personas. 

En el edificio, el ascensor llega al final del recorrido. El fotógrafo se enfrenta, entonces, a la puerta del apartamento al que debe ingresar. Repasa en su mente las tomas planificadas, las reuniones en el semanario, las estrategias que todos acordaron implementar en caso de riesgo. La idea es simple: tomar una imagen que sirva de tapa para la edición de mañana y en la que se vea una panorámica que evidencie, más o menos, que los rumores estaban en lo cierto y que el acto será multitudinario. Que marcará un antes y un después en el país. 

Pero cuando la puerta se abre y el fotógrafo se dirige al balcón, se encuentra con un panorama, ciertamente, desalentador. Junto a los integrantes de la familia propietaria del apartamento que, curiosos, se asoman al vacío que da hacia bulevar Artigas y 18 de Julio, está también un grupo de inteligencia de la policía. Ataviados con lentes finitos, larguísimos, los oficiales escrutan la multitud que de a poco copa la avenida Luis Morquio y los alrededores del monumento a los Constituyentes. 

En ese marco, el fotógrafo se obliga a movimientos sutiles. Se acerca al balcón y con la cámara –profesional, de esas que levantan sospechas y atraen miradas– enfoca a la multitud que se pierde entre los árboles del parque. Dispara una, dos, cinco veces. Sabe que tiene la foto, que el río ya quedó inmortalizado. No demora mucho tiempo más allí arriba; corre el riesgo de que entiendan a qué responde su presencia y que le requisen la cámara. Se despide de la propietaria y en minutos está corriendo –o pedaleando, ya no recuerda– en dirección a su estudio.

Cuando llega a su local de Luis Alberto de Herrera y Monte Caseros, empieza al proceso de revelado. Avisa al semanario que tiene las fotos. Cuando llegan los responsables, miran primero las imágenes y después a él. “Pepe –le dicen– ¡qué lindas fotos del parque que tenés!”.

La historia va a la contratapa

La foto, se sabe, se llama Un río de libertad y fue la contratapa de la edición del 28 de noviembre de 1983 del semanario Aquí. Fue tomada el día antes por Américo José Plá en el acto del obelisco, la última gran manifestación ciudadana en los años previos a la reapertura democrática. Hoy, esta imagen que representa la unión del pueblo en pos de la resistencia, cumple 35 años. Es, y Plá concuerda, la inmortalización de una de las últimas veces en que el pueblo uruguayo dejó de lado sus diferencias para manifestarse en conjunto.

Por su composición –un mar blanco de gente y pancartas que avanza sinuoso entre las orillas verdes del Parque Batlle– y por su relevancia política, la foto es una de las destacadas en el libro Fotografía en Uruguay. Historia y usos sociales. Tomo II, editado por el Centro de Fotografía de Montevideo. Se convirtió inmediatamente en un símbolo de aquellos años, potenciada además por un título que la incrustó en la memoria colectiva con una fuerza irreversible.

“El título fue una idea de Antonio Dabezies, que era responsable gráfico del semanario; multiplicó el efecto de la foto. Después de algunas semanas, me llegaron noticias de que, por ejemplo, la colonia de uruguayos en Australia había reproducido y fotocopiado esa edición del semanario. Tenían más tiraje que el propio semanario en Uruguay”, recuerda Plá, que ahora tiene 62 años y que pasó por las redacciones de El dedo, Guambia, Aquí, Democracia, Este Diario, El País y que desde 2012 es fotógrafo del Hipódromo de Maroñas.  

Si bien Un río de libertad marcó su carrera, esta fue la enésima toma que Plá sacó durante aquellos años tumultuosos en los que ser fotógrafo era, con frecuencia, peligroso, y significó un colofón para varios años de práctica previa en el arte de tomar imágenes a escondidas. Según recuerda, muchas veces debían guardar los rollos en las medias u otros lugares para evitar las requisas cuando salían a fotografiar pequeñas marchas que los semanarios políticos –como Aquí– cubrían. 

“No había tantos fotógrafos como ahora, entonces llamábamos la atención. Se hacía un trabajo un poco clandestino, porque tratábamos de sacar lo que la prensa grande no sacaba, temas que no trataban. Muchas veces trabajamos a escondidas, tratando de ser discretos. Más de una vez terminé sacando fotos, volviendo el rollo para atrás, guardándolo donde no lo pudieran encontrar o dándoselo a alguien y poniendo un rollo vacío en su lugar. Hacías eso cuando lograbas una foto que te parecía que valía la pena y querías resguardarla”.

Todas esas ocasiones quedaron eclipsadas por este multitudinario acto que quedó marcado a fuego en su retina y que luego transmitió a través del lente de su cámara. “Me gusta recordar el acto, sé que despierta emociones en mucha gente y eso me gusta. Muchos, cuando ven la foto y están conmigo, me dicen 'yo estaba ahí', o 'mis padres estuvieron ahí'. Era una cosa de todos los uruguayos, porque después vinieron las divisiones y solo la selección volvió a convocarnos a todos juntos. Por eso estuvo bueno”.

 

En aquel momento, Plá cargaba su cámara con las convicciones de alguien que pretendía ver en ella un arma de resistencia. Hoy su entusiasmo tiene matices, pero aún así sobrevive en él la certeza de que aquella foto que tomó mientras la corriente humana avanzaba entre los árboles, de verdad influyó en el rumbo de los acontecimientos. “Cuando tenía veinte o treinta años, yo hablaba de la cámara como un arma para cambiar el mundo. Ahora no sé si es tan así, pero era mi forma de trabajar y militar”.

El fotógrafo sabe que Un río de libertad estuvo durante mucho tiempo presente en los livings uruguayos. En aquellos tiempos, era común encontrar la contratapa de Aquí impresa y pegada en mural clavado en las paredes de los hogares. Hoy, él todavía guarda la imagen original y desprovista de textos en un pequeño portarretratos de vidrio de 20 x 30. Un testimonio que hoy cumple 35 años y cuya fuerza semántica golpea con la misma forma que cuando apareció, a la mañana siguiente del acto, en los kioscos de Montevideo.  

Este artículo es parte de la serie Detrás de la foto, que recoge las historias que dieron lugar a algunas de las imágenes más icónicas comprendidas dentro del libro Fotografía en Uruguay. Historia y usos sociales. Tomo II.

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