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La política exterior y la mentira

Almagro y la errática estrategia exterior hicieron quedar por un momento al país como cómplice de un chanchullo

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21 de mayo de 2012 a las 00:00

El sábado 5 de mayo El Observador publicó la primera de una serie de notas en las que se informó que operadores argentinos habían intentado sobornar a un diplomático uruguayo –que luego se supo era el presidente de la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP), Francisco Bustillo- para que jugara a favor de Riovia, la empresa que mantiene el dragado del canal Martín García.

El jueves 10, el canciller Luis Almagro nos recibió, junto a otro periodista del diario, en su despacho de la Cancillería. “Yo puedo desmentir del primero al último esos artículos (publicados por el diario)”, dijo, cuando él y nosotros sabíamos que en el cajón de su escritorio un documento dirigido a su nombre daba cuenta de ese intento de soborno. Mentía con meticulosidad diplomática.

Pero una de sus principales preocupaciones, nos dijo, era que luego de la última publicación donde se daban más detalles de los intentos argentinos por beneficiar a Riovia, su par argentino Héctor Timerman lo había llamado para cuestionarlo por la divulgación de la información. No es agradable ver, en vivo, al hombre que representa a la política exterior del país ensayando una burda mentira porque esa caricatura en clave de político que es Timerman lo había rezongado.

Unos días después, el dubitativo Almagro obligó a Bustillo a redactar un comunicado que pretendía desmentir la información, aunque el diplomático se las ingenió para negar las formas aunque no la sustancia.

Sabiendo que estaba de por medio ese intento de coima, Almagro hizo ojos ciegos y oídos sordos a los planteos de Argentina que beneficiaban a Riovia y obligaban a Uruguay a pagar de sus arcas públicas a esta empresa US$ 6 millones más de lo que otra firma ofrecía para dragar.

Hay quienes tienen la convicción de que en esos US$ 6 millones está incluida la coima que aquí se rechazó pero que en otro lado quizás no. Al final Argentina usó el argumento del soborno como una justificación para demorar el llamado a licitación para dragar el canal. Para agravar el bochorno, el viernes el embajador itinerante Julio Baráibar y el vicecanciller Roberto Conde reconocieron que existía el intento de soborno.

Baráibar presentó renuncia porque su sinceridad dejó mal parado a Almagro. Mujica analiza en estas horas si aceptaba la renuncia de un hombre muy cercano a él y que dijo la verdad. No parece lógico que se la acepte. El que sí seguirá en el cargo es Almagro, al frente de una diplomacia errática que por un momento hizo aparecer al país como cómplice de un fallido chanchullo

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