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La reconstrucción de Venezuela

La situación del país caribeño lleva a que los venezolanos estén entre la espada y la pared, a pesar de que hay una cuota de esperanza, aún nadie puede saber qué es lo que ocurrirá 

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17 de febrero de 2019 a las 05:04

Parece un poco apresurado hablar de la reconstrucción de Venezuela cuando todavía no se ha producido la caída del régimen dictatorial del señor Maduro, que es la condición sine qua non para comenzar la reconstrucción del país toda vez que Maduro, y antes Chávez con su trasnochado socialismo del siglo XXI, son los causantes de la debacle del país caribeño.

Aunque, bueno es reconocerlo, tampoco andaban muy bien las cosas en tiempos anteriores cuando el país despilfarraba los ingresos del petróleo y no se diversificaba las fuentes de producción. El petróleo fue para Venezuela el “excremento del diablo” ya que se dejó seducir por las riquezas de corto plazo y no armó un plan de largo plazo para equilibrar subidas y bajadas del precio internacional.

Pero lo realmente grave fue el autoritarismo de Chávez, que produjo un grave deterioro institucional, y su empeño en establecer lo que no funciona –el socialismo, ni del siglo XIX ni del XXI- que produjo un grave descalabro económico. Descalabros que se agravaron bajo la presidencia de Maduro, carente del carisma de Chávez y mucho más incompetente.

Hoy Venezuela está en una encrucijada. Con el fin del mandato de Maduro el pasado 10 de enero y el cambio de autoridades de la Asamblea Nacional, único órgano elegido democrática y legítimamente, se ha abierto una ventana de esperanza. Pero nada hay definido. Puede abrirse del todo si se logra convocar a elecciones libres, legítimas, sin proscriptos, y bajo monitoreo internacional, postura que está recogiendo cada vez más fuerza. En caso contrario, puede cerrarse del todo y consolidar la permanencia de Maduro en el poder, con la fuerza de las bayonetas, lo que equivale a profundizar la actual situación de agobio económico y social y a que se profundice la represión. 

Pero el llamado a elecciones no es la solución global. Aún con elecciones libres, será preciso contar con el chavismo que aún cuenta con un núcleo duro de apoyo, que a estar por lo visto en las últimas elecciones representa por lo menos a un tercio de la población.

Y suponiendo un triunfo de la oposición, primero deberá tejer acuerdos entre todas sus partes pues su fraccionamiento durante años ha facilitado el auge del chavismo. 

Por lo demás, será difícil y llevará tiempo reconstruir una economía que perdió la mitad de su PIB en los últimos 4 años, que tiene una hiperinflación galopante y una estructura productiva destruida. De seguro habrá una especie de Plan Marshall para ayudar a Venezuela pero habrá obstáculos formidables. Por de pronto, se desconocen los compromisos financieros del régimen de Maduro con China y con Rusia a cambio de petróleo futuro. Pero son cifras importantes. Habrá que reinvertir para restablecer la capacidad de producción de petróleo que ha caído a la mitad por falta de inversión en Pdvsa. Habrá que invertir en infraestructura sanitaria, logística y educativa. Habrá que facilitar el regreso de los millones de venezolanos que optaron por el exilio.

Pero sobretodo habrá que trabajar en restañar las muchas heridas que dejó el accionar del gobierno de Maduro y sus fuerzas represoras: la Guardia Nacional Bolivariana y el Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia). Y habrá que tratar de evitar que los miembros de estos organismos se pasen a una suerte de guerrilla interna contra el nuevo régimen democrático. Cosa nada improbable dados los niveles de violencia empleados y por más amnistía que ofrezca Guaidó.

Y por último, es vital la reconstrucción institucional de Venezuela. Muchas instituciones claves como el Parlamento, el Consejo Electoral y el Tribunal Supremo han sido destruidos o vaciados de contenido o de independencia por el chavismo. La misma Constitución Bolivariana que hizo aprobar Hugo Chávez –el famoso librito azul que llevaba en el bolsillo de su camisa y citaba con ocasión y sin ella como si  fuera la Biblia- quizá debería ser revisada porque no parece que cumpla los requisitos básicos de una constitución republicana con todos los pesos y contrapesos propios de un estado de derecho. Es una constitución hecha a la medida de Chávez, que admite la reelección indefinida. Sin Chávez, mejor es volver a limitar el poder, cosa de la que se precia toda república.

No será pues tarea fácil la que enfrenta el hermano país venezolano. Pero debe aprovechar esta oportunidad de reconstruir casi de cero para eliminar no solo los males introducidos por el chavismo sino aquellos que ya existían y que llevaban a la población a buscar ante todo la protección del estado, a trabajar poco, a vivir de las rentas del petróleo. No era un buen camino y la aparición del dúo Chávez- Maduro lo confirmó. Pero no hay que perder la esperanza de un verdadero cambio porque, como dijo el poeta Jorge Guillén, en su destierro: “Que los muertos entierren a sus muertos, / jamás a la esperanza”. 

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