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La Unasur está en vías de extinción

La organización regional atraviesa una crisis inédita con la salida temporal de seis países y dificultades internas para nombrar a su secretario general

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15 de julio de 2018 a las 05:00

Por Fabiana Culshaw

Al borde de la desaparición. Ese es el riesgo que corre la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), organismo que desde hace bastante tiempo viene cayendo en una verdadera inercia.
Desde el 31 de enero de 2017 la organización permanece acéfala, ya que sus Estados miembros no han podido designar al secretario general que debe suceder al colombiano Ernesto Samper (2014-2017). La postulación del diplomático argentino José Octavio Bordón no tuvo el apoyo necesario y desde entonces la conducción está acéfala.

El pasado 18 de abril, los cancilleres de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú anunciaron que dejarían de participar en forma temporal en la organización, precisamente por la falta de consenso para elegir a una nueva cabeza y por la "alarmante situación de indisciplina" en su seno, según expresaron en una carta formal a Bolivia, país que ejerce la presidencia rotativa de Unasur.

Colombia, en particular, echó leña al fuego con las recientes declaraciones de su presidente electo, Iván Duque, quien dijo que Unasur "es una caja de resonancia de la dictadura" venezolana.

Esta semana se sumó el anuncio del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, de que la sede de la organización, situada al norte de Quito, se convertirá en un centro de estudios superiores indígenas.

"Vamos a tener el centro de las universidades indígenas en un edificio que ya no sirve, carísimo", que costó unos US$ 45 millones, dijo Moreno en Quito sobre la actual sede de la Unasur, un futurista complejo arquitectónico que ha ganado algunos premios internacionales.

"Tenemos que hacer el trámite a la Unasur para que nos devuelva el edificio, para que ahí esté la universidad indígena", reiteró.

La Unasur está siendo igualmente cuestionada en su razón de ser, y sus defensores, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, no han sido capaces de revertir la situación.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, salió al paso a los cuestionamientos, haciendo un llamado a la "conciencia suramericana" y alertó sobre unas supuestas "presiones que está ejerciendo Estados Unidos para fracturar la unidad regional". La reacción del mandatario puede explicarse por el papel clave de Venezuela en la creación de la Unasur, a instancia del extinto Hugo Chávez, pero que, con la crisis humanitaria, el apuntalamiento que ejerció otrora en el organismo se ha visto debilitado.

El presidente boliviano Evo Morales, por su parte, dijo que intentará llegar a un consenso con sus pares para lograr el retorno de los seis países mencionados.

Alertas y riesgos

En la medida en que Unasur es generalmente vista como una institución altamente ideologizada, las opiniones sobre su eficacia están muy divididas.

Mientras algunos afirman que se trata del fin de las instituciones promovidas por una izquierda que nació para contrarrestar el peso de EEUU en los procesos de decisión de América Latina, otros reivindican su existencia como una forma de construir mayor identidad suramericana.

Hay quienes interpretan la retirada transitoria de los seis países como un anuncio de la muerte de Unasur, al tiempo que otros ven el hecho como una alerta que podría acelerar soluciones.

Por lo pronto, los países críticos no han dicho que abandonarán la Unasur y, aunque mantendrán su aporte financiero al organismo, algunos de ellos han advertido que el desembolso representa un peso fiscal.

"No podemos estar lanzando ese dinero a una institución que no funciona", dijo el canciller chileno Roberto Ampuero, cuyo país aporta US$ 800 mil anuales a la organización.

Histórico declive

A medida que los gobiernos llamados "progresistas" han ido perdiendo poder en la región –con la salida de Luiz Inácio Lula da Silva de la Presidencia en Brasil, el fallecimiento de Chávez, la culminación del mandato de Rafael Correo, en Ecuador, y el fin del ciclo kirchnerista en Argentina–, la Unasur ha perdido la relevancia que tuvo en sus inicios.

"Esa organización atravesó su mejor momento antes de que entrara en vigor su acuerdo constitutivo en el año 2011, lo que es un gran contrasentido. En esa época, se presentó como un ejercicio de independencia de América del Sur frente a Estados Unidos, pero los gobiernos actuales de la región son más pragmáticos y no quieren darle la espalda a Estados Unidos, incluso muchos de izquierda", dijo a El Observador Giovanna de Michele, internacionalista y profesora de la Universidad Central de Venezuela.
La analista opina que Unasur ha sido expedita en la convocatoria a debates y reaccionó ante algunos problemas políticos, como el intento de golpe de Estado en Ecuador en el año 2010 y el derrocamiento del presidente Fernando Lugo en Paraguay en 2012. Pero, salvo esas excepciones, no ha dado soluciones concretas a la región, ni siquiera ante la pobreza o la desigualdad social, que tanto embanderó en sus inicios. "No tiene la estructura ni los mecanismos necesarios para ello", observó.

De Michele se refiere a que el Banco del Sur terminó siendo una "quimera" y que varios megaproyectos, como la carretera interoceánica, el anillo energético suramericano, el gasoducto binacional colombo-venezolano y hasta la creación de una moneda común en la región, quedaron en nada.

Por su parte, Fabio Sánchez, director de Investigación y profesor de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda, de Colombia, se refiere a los logros del organismo, sin dejar de reconocer los problemas que enfrenta.

A su entender, Unasur representa una fase avanzada del proceso de "suramericanización" promovido históricamente por Brasil y, pese a sus dificultades, ha avanzado en algunos frentes.

Entre sus logros, Sánchez observa que la organización actuó ante problemas graves, como la crisis secesionista en Bolivia, o la Operación Fénix (incursión de Colombia en territorio ecuatoriano) de 2008. Asimismo, valora la inauguración de la Escuela Suramericana de Defensa (Esude), la Unidad Técnica de Apoyo Electoral y la Biblioteca Gabriel García Márquez. Sin embargo, es evidente que esa enumeración no resulta suficiente para gran parte de los países miembros, lo que ha llevado a su actual crisis.

Existe una correlación entre el declive de Unasur y la llegada de Luis Almagro a la secretaría general de la Organización de los Estados Americanos (OEA). "Su posición democrática firme revitalizó la OEA y se fueron relegando otras instancias, como Unasur. Es probable que la región continúe por ese camino", proyectó De Michele.

Los bloques regionales que mejor están funcionando en la actualidad no son los de concertación política como Unasur, sino los de integración comercial y económica, en especial la Alianza del Pacífico. Mercosur tuvo su ralentización, pero está logrando recuperar espacios perdidos desde su posible alianza estratégica con la Unión Europea. Los tratados de libre comercio también han venido a complementar los mecanismos de integración.

Contra reloj

Si Unasur desapareciera, sería un suceso prácticamente sui generis en la región. Generalmente, las organizaciones que se debilitan se transforman en otras entidades que recogen los valores de sus orígenes y redefinen sus bases con mayor vigor o nuevos líderes.

En este caso, habría que cuestionarse si están dadas las condiciones para que surja alguna reformulación de Unasur. Hasta donde se ve, parecería no ser así. Sin ir más lejos, los dos grandes de la región, Brasil y Argentina –con Michel Temer y Mauricio Macri, respectivamente– apuestan por un cambio en la hoja de ruta.

"A pesar de las críticas negativas, Unasur tiene todavía mucho que aportar para la unión de Suramérica. Valdría la pena que se conserve o que se redefina", señaló Sánchez.

En lo que sí existe unanimidad es en la observación del limbo en el que ha caído el organismo y en que, si no aparecen respuestas en las próximas semanas, se comprometerá aun más su continuidad.
No hay duda que el "más vale tarde que nunca" es más que riesgoso en este caso. Cada día cuenta.

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