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Karen junto al intendente de Lavalleja, Mario García, quien recibió su tercera dosis el pasado 19 de agosto

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Karen Orona: la vacunadora que quedó viuda en pandemia, acompañó familias en CTI y convenció a sus compañeras de vacunarse

Karen es licenciada en enfermería, trabaja en Minas y cree que sin vocación "en vez de una solución, das un problema".

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01 de febrero de 2022 a las 05:03

Marzo de 2020 fue un antes y un después en la vida de la licenciada en enfermería Karen Orona. A la llegada del coronavirus se le sumó la muerte de su esposo y la ardua tarea de tener que criar a tres hijos menores en soledad. Por si fuera poco, en su trabajo vivía de cerca cómo decenas de pacientes internados no resistían al virus.

Un año después, las vacunas llegaron a Uruguay. Fue entonces cuando una compañera le pidió hacerse cargo de la inauguración del vacunatorio en Minas de un día para el otro. Sin estar preparada, la historia de Karen pasó a ser una más entre las miles de vacunadoras uruguayas que entremezclaron su labor diaria para colaborar en el suministro de las inyecciones contra el covid-19.

Con miles de dosis dadas, Orona repasa sus últimos meses con la tranquilidad de haber trabajado por vocación pero también con el recuerdo del estrés que pasó en algunos momentos. 

Durante el primer día, se encargó de recibir a los anotados, vacunó a algunos -incluida una vacunadora- y cambió la sala de registro a un lugar con mayor ventilación. Recuerda esa experencia como un "caos" y asume que en el trayecto sintió "mucho estrés" porque no quería tener errores. "Para mí fue un caos. Yo no había estado en reuniones, no había participado. Cuando me di cuenta estaba con todo el personal para organizar el vacunatorio, había gente pidiendo cosas por todos lados y estaban todos los medios de prensa", recordó a El Observador.

Sin descanso, estuvo casi 10 meses vacunando y también recibiendo a pacientes contagiados que cursaban la enfermedad de forma grave. Por sus manos pasaron sus tres hijos, el intendente de Lavalleja, Mario García, el vicepresidente de Antel, Robert Bouvier, y hasta un adulto que la increpó afirmando que él le pagaba su sueldo y tenía que ser vacunado a toda costa, pese a no estar agendado. 

Orona vacunando al vicepresidente de Antel, Robert Bouvier

Karen, por un lado, percibía la complicidad y el afecto de los pacientes que asistían al vacunatorio y se retiraban agradecidos luego de recibir su dosis. Incluso sin conocerla, algunos le hacían llegar regalos, como un monedero, una cartera, un perfume, pañuelos, bombones o un dulce de higo casero.

Pero por otro, tenía que apelar a su maña y empatía para calmar el desconsuelo de las familias que se despedían de sus familiares internados en CTI a través de un vidrio: "Una vez en particular hasta me puse a rezar por un paciente porque ya no se le podían hacer más cosas. (En el CTI) el paciente sale por un lugar con todas las coberturas que tenés que hacerle para que no te contagie a vos y la familia no lo ve. Eso es horrible. Fue una experiencia mala porque uno tenía que llamar a las personas y decirles 'falleció', 'vengan', y que lo vieran un segundo porque era un área de covid donde no se podía estar, pero enriquecedora a nivel profesional para mí y todo el equipo que trabajó", reconoció.

"Si tú me trasladás un problema, siempre me queda en el tintero lo que la persona me pidió y lo trato de solucionar", sentenció.

El equipo de vacunación de Minas

A sus 41 años, la licenciada disfruta de atender al público, pese a que muchas veces se va "mal" cuando recibe un reproche. Entre un sinfín de experiencias que se multiplicaron durante la pandemia, prefiere quedarse con que su vocación la ayuda a dar soluciones en lugar de problemas. "Mi trabajo con la gente me gusta. Es vocacional, porque si vos estudiás y hacés un curso de vacunación, también tenés que tener vocación hacia el público. Tenés que tener ese carisma que se precisa, más hoy en la situación que estamos pasando. Si a la gente, en vez de una solución, le das un problema, está bravo".

Los hijos de Karen ya saben que la rutina de su madre no es muy proclive a respetar sus horarios de trabajo. A veces tienen que acompañarla de regreso al hospital cuando ella vuelve en busca de expendientes. De hecho, son contados los días en los que se pasa seis horas fuera de casa. Lo mismo quizás le suceda en la licencia de febrero, que tiene previsto interrumpir, en caso de ser necesario.

"Voy a sacar licencia en febrero y si en carnaval hay que trabajar ya le dije a mi encargada que iba. Si están las segundas dosis, no vas a dejar clavada a tu compañera por irte de vacaciones. Si tengo que cubrir las dosis y trabajar con los niños lo voy a hacer", aseguró. "La persona adulta ya sabe a lo que va puntualmente. Vos la recibís, chequeás que esté en la agenda de ese día, pasa, se registra y ya sabe que va a vacunarse. El niño lleva otro espacio. A muchos ni siquiera los padres le dicen que van a vacunarse. Es otra preparación, otros tiempos, no es tan apurado. Con ellos tenés que tener más paciencia. A veces se dan cuenta en el momento y no se quieren vacunar y les tenés que hablar, conversar y abrazarlos", agregó.

La campaña de vacunación a los niños entre 5 y 11 años comenzó el pasado 12 de enero

Parte de su tarea en el último año también se ha limitado a convencer al personal que trabaja en su rubro. "A muchas compañeras del hospital las convencí para vacunarse. A veces la gente de la salud es complicada porque no se vacuna. Me pasó con una compañera que me dijo 'yo no sé, Karen, si quiero o no quiero; no me decido a vacunarme'. Y mientras ella habló todo eso yo la registré, la vacuné y ni se enteró. Me dijo: '¿Me la doy o qué hago?' 'Yo ya te la di', le dije. Después se fue contentisíma porque ni se había enterado y ya se había vacunado", relató Karen, quien todavía recuerda como si fuera hoy aquella primera vez que vacunó a un paciente, en 2008, frente a la atenta mirada del doctor Fernando Arrieta, quien le pidió vacunarlo "bien" porque era hincha de Nacional.

El vacunatorio habilitado en la ciudad se encuentra en el barrio La Filarmónica

Desde el día en que terminó su carrera, Karen supo que antes del trabajo estaba la vocación: "En el hospital a veces pasan las seis horas, me voy, y si me quedan algún estudio pendiente de un paciente vuelvo al rato a ver cómo le fue a la persona, si ese estudio vino, se hizo. Es vocacional, vos te comprometés con el servicio. Si vos tenés una persona en un área hospitalaria y está internado es porque tiene una carencia de algo y necesita de vos. Vos tenés que ayudar a solucionar el problema", concluyó.

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