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Larrañaga, Sanguinetti y Tabaré: ¿lograrán sus metas?

En cada partido hubo motivos para celebrar pero persisten dudas acerca de la posibilidad de éxito de sus planes

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02 de marzo de 2019 a las 05:03

Tres preguntas se ciernen sobre el Uruguay al final de una semana intensa y comienzo de feriado largo.

¿El gobierno podrá aprovechar el último año de gestión para concretar planes pendientes y mejorar significativamente la evaluación popular?

¿La enmienda constitucional de Larrañaga será aprobada y el país reinstaurará la cadena perpetua y tendrá militarización de la seguridad pública?

¿Cómo será la versión de Sanguinetti-candidato en una campaña electoral y cuánto cooperará para que el proyecto de coalición opositora sea un éxito?

Muchos hechos políticos significativos, concentrados en pocos días.

El fin de semana pasado, el Partido Socialista realizó dos Congresos (49° Ordinario de programa, y 29° Extraordinario de estrategia): se trata del partido origen de la izquierda uruguaya que definió documentos de programa y que se debate entre dos mitades de “ortodoxos” marxistas y “renovadores”. 

El lunes, el líder blanco Jorge Larrañaga (Alianza Nacional) entregó al Parlamento los paquetes con 405.521 firmas para un plebiscito de enmienda constitucional sobre seguridad pública, que comprende (a) habilitar “allanamiento nocturno”; (b) frenar liberaciones anticipadas para delitos graves como violación sexual, rapiña, copamiento, extorsión, secuestro, homicidio; (c) crear una Guardia Nacional con integrantes de las FFAA para orden interno; (d) “cadena perpetua” para violación sexual de menores y homicidio, y para homicidios muy agravados, con revisión de pena a los 30 años de prisión. Y el arranque de marzo fue con un viernes de protagonismo para los dos únicos uruguayos que fueron electos por el pueblo en dos elecciones.

Por la mañana, Julio María Sanguinetti, protagonista político de primera línea desde la agonía de la democracia hasta el presente, lanzó su postulación: “¡Voy a ser candidato (…) sí señores!”.

Por la tarde, Tabaré Vázquez salió a defender su gestión, tratar de entusiasmar a los frentistas y comprometer obra para lo que resta del quinquenio.

Volviendo a las tres preguntas del inicio, veamos las respuestas que asoman.

Sobre la primera pregunta. Vázquez tiene convicción de cumplimiento de su agenda esbozada en junio de 2014 y delineada en marzo de 2015, porque la mayor cantidad de metas fueron cumplidas, pero sabe que la gente reclama más seguridad y eso es un déficit. También es consciente de que los frentistas quieren más obras para sentir orgullo cuando defiendan lo hecho.

En seguridad, el presidente siente que la represión al delito iba bien y todo se entreveró con el cambio de proceso penal, pero que con ajustes se puede mejorar y hay tiempo para hacerlo.

En obras, la carpeta de planes para iniciar en este tiempo es enorme, gigante.

Pero para Tabaré, el éxito no se mide en el chek list de lo prometido, ni en concretar mejoras, aunque quizá eso sirva a largo plazo para reconocimiento por rutas, trenes, puentes, escuelas, liceos, polos educativos y deportivos iniciados en este período.

Para lograr efecto importante ahora, la mejora en seguridad y empleo debe ser fuerte de verdad.

Como le pasa a Martínez, que lo van a juzgar si logra que Montevideo sea una ciudad no mugrienta, a Tabaré lo medirán con una vara poco complaciente.

Podrá mejorar y entusiasmar, pero no será fácil lograr esa meta. 

Para la segunda pregunta, el punto de partida de Larrañaga es muy alto porque demuestra que logró que firmara más gente que la de su propio sector y porque como hay reclamo popular de “mano dura” (lo que ve en las encuetas), eso obliga al sistema político a que debata sobre su propuesta.

Pero el éxito político de Larrañaga no se dará con la aprobación de la reforma constitucional, que es posible pero no fácil, sino en la consolidación de su liderazgo y el crecimiento de su sector.

Hasta ahora logró un resultado contundente con la recolección de adhesiones y el protagonismo frente a los que le abandonaron y quedaron relegados a baja incidencia, pero le cuesta convertir “firmas” en “intención de voto”. Mientras no consiga reagrupar fuerzas y crecer en adhesiones, el éxito del plebiscito no será suficiente. Tampoco parece fácil eso al inicio de este tramo de campaña.

La tercera pregunta tiene más vueltas. Sanguinetti emerge otra vez como el gran articulador político, hace visible la alianza que se viene tejiendo hace tiempo entre blancos, colorados e independientes, y se posiciona como un referente de estrategia.

El experimentado líder no deja que se confundan sus objetivos; como futbolero y apasionado de la política, no le gusta perder y por eso muestra con claridad que tiene dos metas: (i) que el Partido Colorado mejore su caudal electoral y su fuerza partidaria, y (ii) que sea protagonista de una coalición de gobierno para asumir dentro de un año.

Sanguinetti será clave en el proceso, pero no necesariamente en el liderazgo de la construcción de la alianza. Convencerá que es el que maneja los hilos, aunque el titiritero real hará esa tarea fuera de los focos de la prensa y la platea, porque para que sea efectiva, precisa reserva. Y porque ese armado será una responsabilidad colectiva de pocos políticos, de diverso color.

Pero Sanguinetti tiene una experiencia en negociar, acercar posiciones y hallar el común denominador para lograr acuerdos, como nadie tiene.

Pese a la juventud y menor experiencia, Lacalle Pou viene trabajando el armado de esa alianza con una paciencia y eficacia que la izquierda subestima, solo por prejuicios. 

Las conversaciones no comienzan ahora; se iniciaron mucho antes de que Talvi rechazara un acuerdo con Sanguinetti y forzara al expresidente a salir a escena como actor principal.

Pero ahora en el ring pisa un peso pesado. 

¿Podrá Sanguinetti cumplir sus metas? La primera, de levantar al Partido Colorado es posible aunque con un techo no muy alto. La segunda, no depende exclusivamente de su desempeño, sino de otros actores, lo que agrega complejidad.

Termina una semana en la que todos tienen algo para festejar.

El Partido Independiente se rearma y va sumando apoyos; los blancos de Lacalle Pou se entusiasman con la gira “por el país”; y los de Larrañaga celebran el éxito de su campaña de firmas; los batllistas tuvieron un viernes histórico; y los frenteamplistas volvieron a la calle, con congresos y recorridas por comités, y una militancia que se levanta para decir presente.

Comenzó marzo y ahora sí podemos decir: “¡largaron!” 

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