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Las guerras, Estados Unidos y los Oscars

Hollywood y las guerras que Estados Unidos peleó a lo largo del siglo XX se conectan con la entrega de los Oscars. Diferentes épocas y visiones han dado excelentes películas sobre conflictos sangrientos

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06 de febrero de 2015 a las 19:07

A lo largo de la historia, los imperios proyectaron sus grandezas, sus conquistas y sus victorias a través del arte. Estados Unidos es el último imperio de la historia y el cine ha sido una de sus armas simbólicas más importantes para difundir su papel bélico en el mundo.

A lo largo del siglo XX y a comienzos del XXI, los Estados Unidos han estado presentes en las principales guerras y el cine siempre ha sido vehículo primero de exaltación del heroísmo, de orgullo por la violencia. Por la victoria en nombre de la libertad y de la democracia representada en la bandera de las barras y las estrellas.

Pero los sentimientos, las visiones y las valoraciones de los diferentes directores de La Meca del cine cambiaron a lo largo de las décadas y con los distintos significados de cada conflicto. A su vez, todo esto se monta con los premios Oscars, el principal evento festivo de la industria del entretenimiento en Estados Unidos.

Si el primer premio Oscar a mejor película se lo llevó una cinta sobre dos aviadores de la Primera Guerra Mundial, donde la muerte por el patria era vista como un motivo de orgullo y como un valor en sí mismo, luego la Academia de Artes y Ciencias varió sus inclinaciones y premió visiones muy críticas sobre la guerra como instrumento de poder de EEUU en el exterior.

El camino es tortuoso, y no puede serlo cuando en cada guerra hubo posturas encontradas tanto en la opinión púbica como en el sistema político, en los productores, en los realizadores y en los actores.

Pero a grandes rasgos, el trayecto va desde las dos guerras mundiales, donde Estados Unidos mantenía el estandarte del bando bueno frente a un enemigo despiadado, con cara de alemán o de japonés. Salvo algunas excepciones, como la de Samuel Fuller, la guerra de Corea es la gran obviada del cine.

Las visiones más críticas llegaron con la guerra fría y sobre todo con Vietnam, donde el bando bueno se transformó en el bando monstruoso y decadente.

En los tres lustros del siglo XXI, Estados Unidos tuvo dos guerras abiertas, en Irak y en Afganistán. El cine se ha referido a ellas con éxito de taquilla y con posturas que generan polémica.

Solo héroes románticos

La primera película ganadora del Oscar fue Wings (Alas) en 1928, dirigida por William Wellman. Narra la historia de dos pilotos, rivales y vecinos, que son del mismo pueblo, les gusta la misma chica y viajan a Francia para pelear en la misma división. El cine de Hollywood se refugió en historias aéreas para evitar la ausencia de grandeza de los enlodados soldados que morían como insectos en las trincheras. Hombres francos y valientes realizando destrezas por los aires en biplanos intrépidos. La participación de Estados Unidos se produjo sobre el final y no tuvo el costo humano que significó para los otros aliados (Francia e Inglaterra). En 1930 Lewis Milestone dirigió con éxito Sin novedad en el frente adaptando a Eric Maria Remarque y también obtuvo el Oscar a mejor película.

Orgullo y violencia

El cine de Hollywood se embanderó con la causa aliada en la Segunda Guerra Mundial y mandó a sus mejores directores al frente de batalla a filmar. Frank Capra, John Huston o el gran John Ford realizaron excelentes documentales que sirvieron como propaganda para las audiencias. Ford recibió un Oscar por La batalla de Midway. Luego vino la mirada menos concesiva hacia una guerra en la que su ejército contribuyó de forma directa a la victoria. Películas como Patton, de Franklin Schaffner, que obtuvo en Oscar en 1970, fue un retrato ácido y descarnado sobre uno de los generales estrella de la victoria aliada. El guionista fue Francis Coppola, quien daría su propia versión de una guerra atroz.

La guerra olvidada

Luego de las dos guerras mundiales y antes del infierno en las junglas y los pantanos vietnamitas, los Estados Unidos se embarcaron en una guerra hoy casi olvidada por el cine: la guerra de Corea. Por suerte para el séptimo arte hubo una enorme director que se ocupó de filmar historias ambientadas en la conflictiva península: ese señor se llamó Sam Fuller. En Cascos de acero (1951) un grupo de soldados estadounidenses debe esconderse en un templo budista rodeado de norcoreanos. Allí se producen situaciones hasta entonces nunca explotadas por el cine, como la presencia de un niño coreano y su relación con los soldados o la reflexión de una religión pacífica como el budismo sobre una situación extrema como la guerra. A pesar de haber sido acusado de reaccionario, Fuller demostró una mano maestra para dirigir cine bélico tocando umbrales de originalidad.

La guerra satirizada

A pesar de que durante las décadas de 1950 y 1960 las pantallas se llenaron de cine de espías y del “peligro rojo”, la película más corrosiva sobre el conflicto de la Guerra Fría entre los imperios norteamericano y soviético la filmó Stanley Kubrick en 1964. Dr. Insólito mostró el rostro más sarcástico y satírico de una posible guerra atómica contra el gigante comunista, y riéndose de los propios miedos fue capaz de decir y de denunciar el contrasentido de la eventual de una guerra que tendría como resultado la extinción de la vida en el planeta.

El infierno más temido

Si los aviadores de la Primera Guerra Mundial eran héroes virginales e impolutos, la guerra de Vietnam y el cine que surgió de ella le demostró a los estadounidenses y al mundo lo que eran capaces de hacer en una guerra pesadillesca y sin sentido. Durante la segunda mitad de la década de 1970, y bajo una administración muy crítica con esa guerra como la de Jimmy Carter, Hollywood se lanzó a filmar películas que retrataron de forma total una guerra de manera dantesca. La más notoria fue Apocalypse now, de 1979, dirigida por Francis F. Coppola y protagonizada por Martin Sheen y Marlon Brando. La guerra se volvió un lugar donde los hombres exploran sus demonios más oscuros, donde aflora lo peor del ser humano en sus versiones más dementes. Apocalypse now se llevó varios Oscars en categorías técnicas, aunque debió ganar muchos más. Otras películas, como El francotirador, de Michael Cimino, y Pelotón, de Oliver Stone, sí se llevaron la mayor estatuilla. La visión era la misma: de esa guerra maldita había que salir de alguna forma, fuera vivo o muerto. Hollywood explotó la tragedia de la mayor derrota militar de los EEUU y como resultado dio grandes filmes. A pesar de que hoy es una guerra a la que pocos se acercan, como un mueble viejo en un depósito, le dio al cine yanqui varias de sus mejores películas bélicas.

¿El fin de los héroes?

Alguien definió Francotirador de Clint Eastwood como un ejemplo de cine “clínico”. Narra la historia del soldado de Estados Unidos en Irak que ostenta el dudoso honor de tener el récord de muertes en una guerra. Pero la distancia que pone la película con respecto al espectador y la elección de los actores (Bradley Cooper como el soldado; Siena Miller, como su esposa) dificulta el sentimiento y deja el filme en un grado de antisepsia. ¿Hacia allí se dirige el nuevo cine bélico? Francotirador es candidata a varios Oscar, entre ellos a mejor película. No hace mucho tiempo, Vivir al límite, otra película “clínica” que mostraba con poco sentimiento y cierto ángulo casi documental la vida de los hombres que deben desactivar las bombas, se alzó con la estatuilla de mejor producción. Los héroes de Irak parecen romper la tradición del héroe, incluso la del antihéroe. Como otros soldados del cine enfrentan una guerra que toca lo patriótico como un cliché y mueren o sobreviven sin pena ni gloria. Quizás todavía no se haya filmado la gran película sobre esta guerra.

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