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Las memorables anécdotas de africanos en el fútbol uruguayo

Le ponían limón al mate, tomaban Fanta naranja con bananas y se levantaban a correr a las 5 de la mañana

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19 de septiembre de 2018 a las 12:55

A lo mejor por las condiciones de pobreza en las que vive la inmensa mayoría. Tal vez por su humildad y su silencio. O por esa condición de pelear ante la adversidad como único medio para salir adelante. Vaya uno a saber la razón pero si algo tienen los uruguayos es que se identifican rápidamente con los futbolistas africanos que vinieron a pelearla desde el pequeño país para trascender en la vida.

No son muchos los africanos que desembarcaron en el fútbol uruguayo pero los que vinieron, por provenir de culturas tan diferentes, dejaron innumerables anécdotas en sus equipos. Desde ponerle limón al mate, pensando que daba mejores resultados en el sexo, hasta la locura por el pollo o el gusto por tomar Fanta naranja con bananas.

El regreso del camerunés Pierre Webó a Nacional permite repasar algunos de las historias de africanos en el fútbol uruguayo.

Un traductor para Yawson, por favor

La historia se remonta a la década de 1980 cuando el entonces presidente de Peñarol, Washington Cataldi, viajó a traer dos jugadores africanos. Una rareza para la época. Y así fue como desembarcaron el ghanés John Yawson y los sudafricanos Shaka Ngcobo y Ace Knomo.

El Indio Walter Olivera recordó a Yawson “como un puntero ligerísimo". "Lo que pasa es que eran más livianos, en aquel fútbol se les hacía más difícil poder jugar. El de antes era otro juego, hoy ha cambiado mucho. No eran malos”.

El hecho llamativo es que Cataldi, “dentro del paquete”, incorporó a un “traductor”. Según el sitio Campeón del Siglo, incorporó a “El Padrino” Mario Tuane. El entrenador chileno le garantizaba entender a los africanos porque había estado trabajando 30 años en la Sudáfrica del Apartheid.

El mate de Daloko

Washington Perdomo, utilero de Plaza Colonia, recordó a Referí en su repertorio de historias una vivida con el africano Daloko.

“Vinieron en 2005. Había un señor, yo le decía señor porque era grande, Franco Daloko. Al principio conmigo era medio reacio, no querían darme ni la billetera, pero ese hombre empezó a venir acá. Y lo empecé a agarrar para la joda. Le hacía calentar el agua de la caldera porque me pedía cosas que yo no podía. Franco decía: 'Yo no vine a jugar al fútbol, yo vine a pasarla bien'. Andaba por todos lados y al otro día estaba muerto. Y yo le decía que para el sexo era bueno tomar mate. Fue y se compró un termo, mate, yerba. No sabía que había que calentar el agua y tomaba mate con agua fría y decía 'a mi no me pasa nada'. Y el golero Vigo le dice: '¿pero a vos el Negro no te dijo que había que ponerle limoncito?'. Se compraba limones y exprimía tres o cuatro adentro del termo. Tomaba y te convidaba. Era horrible, pero si no tomabas se enojaba”.

Fanta naranja con bananas

En el año 2000 Tacuarembó hizo ruido contratando a tres africanos que causaron impacto en el departamento: Tatap, Momó y Mbiakop. Los tres de Camerún.

Momó, que era el más carismático de todos, tenía locura por el pollo con papas fritas. Pero un detalle que revelaron los dirigentes de entonces fue que les gustaba la Fanta naranja y que solían acompañarla con bananas.

Angbwa Benoit, el corredor

Apenas lo subieron al primer equipo los hinchas de Nacional se embanderaron con aquel lateral robusto que corría por la banda. Se llamaba Angbwa Benoit. Y pronto comenzaron a trascender las historias del muchacho procedente del club Fovu Baham.

Cierta vez, en plena madrugada, lo “descubrieron” debajo de una capucha de un equipo deportivo corriendo por la rambla. Con el tiempo se conoció que Benoit se despertaba a las 5 de la mañana para salir a correr antes del entrenamiento. Sus compañeros no lo podían creer. Jugó tres años en Nacional.

Locura con Akongo

Un verano de 2002 desembarcó Joseph Akongo en Los Aromos. El hombre llegó sin el consentimiento del técnico Gregorio Pérez, pero el Contador Damiani se jugó a su apuesta. El hecho es que en uno de los primeros partidos de la temporada a Gregorio se le dio poner a Akongo. El africano entró, marcó un gol y lo festejó como la final del Mundial. La enloqueció con Akongo y cuando los partidos se complicaban lo pedían a coro: “Aaakoooongo, Aaakoooongo”. Marcó un par de goles más y se fue sin pena ni gloria.

El rezo de Mustafá

Washington Perdomo contó a Referí otra historia vivida en Plaza con otro africano llamado Mustafá: "Yo no sabía que era musulmán y que llega cierta hora donde deben rezar y que en ese momento no se puede entrar donde están. Estábamos en unas cabañas en Rocha y me mandan a avisarle que estaba la cena. Yo tengo la costumbre de que no te entro a un cuarto sin golpear. Llamo, no contesta. Llamo otra vez, nada. ¿Le habrá pasado algo? Y se me da por abrir y veo una alfombra y lo veo inclinado. Y eso para ellos, si lo veía ahí, era malo. ¡Ay cuando veo eso! Me entraron unos nervios y salí como loco. Voy donde estaban los jugadores y les digo 'no sean malos, me mandaron a buscarlo sabiendo que estaba haciendo eso, ahora me agarra el moreno y me muele'. Cuando lo veo venir serio, porque era serio, me llama y me dice: 'Contigo todo bien, vos sos mi padre”.

Mohammed y Manta

Audu Mohammed fue de los que más recorrido tuvo en el fútbol uruguayo jugando en los dos grandes, Cerro, Wanderers, Bella Vista, Deportivo Maldonado y Tacuarembó.

Acaso la historia más conocida de Audu fue el día que Carlos Manta brindó la famosa charla en el equipo de la tierra de Gardel y ante la atenta mirada de todos le preguntó “¿Usted me quiere mucho a mí?”. Sí, respondió tímidamente el nigeriano. Y Manta repreguntó: “¿Dejaría a su novia por mí?”. Depende, dijo en tono bajo Audu ante la risa de todos.

Hillman, el africano de la C

A los 16 años viajó junto a dos compañeros cameruneses que también venían a probar suerte en el fútbol uruguayo.

Eran las 2 de la mañana de un 15 de enero de 2009 cuando el avión que los traía desde Camerún aterrizó en el aeropuerto de Carrasco.

"Nos estaba esperando Luis Noé, que era la persona que teníamos como referencia cuando llegamos a Uruguay", explicó Steve José Hillman. Fueron más de 30 horas de vuelo y varias escalas para atravesar los casi 8.500 kilómetros que separan Camerún de Uruguay.

La panza ya empezaba a hacer ruido y Hilmman recuerda cuál fue su primer comida en Uruguay: "Una hamburguesa en el carro El Águila Blanca. Era lo único abierto a esa hora, se me fue bastante rápido la idea de comer en restoranes y me di cuenta que el camino iba a ser difícil".

Webó, cuatro idiomas

Pierre Webó volvió esta mañana a Uruguay y el suyo es un caso especial. Se trata de un jugador preparado más allá de lo que ocurre en el campo de juego. Llegó a Uruguay sabiendo hablar inglés, francés, el dialecto de su tierra y aprendió rápidamente el español. Eso fue fundamental para adaptarse y consagrarse como goleador con la camiseta de Nacional.

La conmovedora historia de Changa

La vida era dura en la tribu Manjako. Los días en Gunjur, un pueblo de las afueras de Gambia, en África, pasaban en medio de la pobreza de una familia grande donde la madre viajaba para recolectar verduras.

Changa salió de su país con una mano atrás y otra adelante. Apenas US$ 50 en el bolsillo. Miraba los carteles en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, y no sabía para dónde agarrar. Pasó un día entero sin comer allí. Y llegó a Uruguay. Lo subieron a un ómnibus de Peñarol. Los ojos grandes. Una mezcla de temor y desconfianza le invadía el cuerpo. No hablaba una palabra. No conocía el idioma. Solo se expresaba en inglés.

"No conocía nada de Uruguay. Cuando llegué fui a la casa de Carlos Larghero y Marissel, en Pocitos. Cuando fui a entrenar no entendía nada. El segundo día me encontré con Iván que hablaba un poco de inglés. Cuando llegué a casa le dije a Carlos: 'Sabés que tengo un compañero que habla muy bien inglés, se llama Luis Cartes'. Y me dijo: 'Bueno, un día invitalo a comer'", comenzó contando Changa a Referí, rodeado de su mamá adoptiva Jenisse Maidana, sus hermanos Iván y Luana y sus compañeros Fabián Píriz y Erick De los Santos.

Y ese día llegó. En plena comida el odontólogo Larghero, que había traido a Changa a Uruguay, le contó a Cartes la historia.

"El hombre me comentó que se tenía que ir porque vivía en España y me dijo que a Changa lo iba a dejar pero no sabía cómo, ni con quién. Que tenía un apartamento en Pocitos pero que la señora que vivía ahí era una señora grande y no era compatible que viviera con ella. Y me dijo que lo iba a dejar en una pensión", comenzó diciendo Iván a Referí.

El chico, golero de las juveniles aurinegras, continuó con el relato: "Cuando me contó pensé en la cantidad de gente del interior que me contó lo duro de vivir en pensión".

Iván volvió a su casa destruido anímicamente. Su amigo africano quedaría sin rumbo en Uruguay. No tenía contrato con Peñarol y su visa se vencía. Ese día su madre Jenisse lo esperaba para comer. El chico cruzó la puerta y lo primero que le contó fue la historia.

"Mamá, ¿te acordás del compañero africano que tengo? Bueno, Changa Bass se tiene que quedar solo en Uruguay. ¿Se puede quedar con nosotros?", le dijo Iván. Su madre no lo dudó ni un instante. Sin consultar siquiera a su esposo Héctor, respondió afirmativamente.

Se desmayó de hambre

Perdida en el tiempo quedó una historia que se generó en el año 2006. Resulta que Los Aromos se conmovieron ante la llegada de un delantero angoleño a prueba. Su nombre: Marcio Marga Benvindo. El hombre llegó, se puso la ropa de Peñarol y saltó a la cancha. En pleno entrenamiento se desparramó en la cancha. ¡Se desmayó! No había desayunado. Así como llegó al complejo de los aurinegros, partió.

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