Opinión > COLUMNA/EDUARDO ESPINA

Las peores películas de 2018

Filmes de los cuales se esperaba mucho y fueron un gran fiasco 

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26 de enero de 2019 a las 05:01

En 2018 se estrenaron en el mundo 12.169 películas. De ese total, 11.819 figuraron en el sitio web Metacritic, dedicado a recopilar reseñas de filmes (como también de álbumes musicales, DVD, programas de televisión y libros). Por consiguiente, tal como la propia realidad se encarga de afirmarlo, nadie las vio todas, aunque la mayoría recibió algún tipo de reseña o comentario. En caso de que alguien las hubiera visto todas –tarea imposible pues se necesitaría un año con más de 365 días– sería la única persona en el planeta que estaría calificado para hacer la lista de las 10 mejores y las 10 peores. 


No fue un año que quedará para el recuerdo, pues hubo pocos filmes cuyos directores calificarían para “genio original”, calificativo que alude a alguien que logra aportar algún aspecto innovador en la disciplina artística en la cual se desempeña. En 2017 hubo alguna que otra película realmente original, ¡Huye! (Get Out), una de ellas, pero el año pasado, en cambio, ninguna consiguió destacarse por formas estéticas fuera del paradigma y del canon de lo ya establecido. Si bien 2018 no será recordado por una película original de las que hacen época (a la cabeza solo me viene una, la dinamarquesa The Guilty, del debutante Gustav Möller), su imagen en lo relativo al cine permanecer en la memoria como un año en el que hubo sobredosis de películas malas, algunas peores que otras y unas cuantas insólitamente horrendas.


Obviamente, una posible lista de las peores películas de 2018 sería extensísima, pues la percepción, el criterio y el sentido crítico se apuran en afirmar que se hacen cada vez más producciones llamadas a defraudar a cualquier mente crítica. La paradoja que define a nuestros días es esta: en el afán por entretener a la fuerza, el cine hace películas aburridas, sin pies ni cabeza, hechas a las apuradas, incluso por gente de la cual podría esperarse más. La era de los zafarranchos y barrabasadas es esta. Vive sus días de gloria. Las tres peores películas de 2018 se destacan por encima de las demás por un detalle no tan menor: no cumplieron con las expectativas que sobre ellas había, considerando la gente talentosa que estuvo involucrada en la filmación. 


Son tres fiascos enormes, que resultan tan impresentables que se imponen a otros horrores de 2018, como las superproducciones Jurassic World: El reino caído, Robin Hood, Avengers: Infinity War, Venom, Aquaman y Rascacielos: Rescate en las alturas. Así pues, demostrando que cuando la inteligencia y la imaginación fracasan en complicidad, el desastre en la pantalla puede superar los límites concebibles, las tres peores del año recientemente concluido son: 12 horas para sobrevivir: El inicio; Milla 22: el escape; y Birdbox: a ciegas. 


12 horas para sobrevivir: El inicio


La saga The Purge comenzó bien, con un filme inicial que concitó interés por mezclar el cine de horror con el cine de aventuras acompañado de comentarios políticos al sesgo. De principio a fin la historia funcionaba muy bien aceitada, porque el enigma de fondo mantenía su blindado secreto hasta los minutos finales, y porque los personajes trasmitían credibilidad, algo bastante difícil de lograr en este tipo de filme que suele venir cargados de disparates. Puesto que la primera, 12 horas para sobrevivir  (2013), funcionó muy bien comercialmente, vinieron enseguida dos más: 12 horas para sobrevivir: Anarquía (2014), y 12 horas para sobrevivir: El año de la elección (2016). Ambas demostraron a las claras que la premisa se había agotado y que la factoría estaba haciendo productos fallidos. Pero, como ya lo sabemos tan bien, en Hollywood hay una realidad incuestionable: las cosas siempre se pueden hacer peor. 


James DeMonaco, quien había libretado y dirigido las tres primeras de la saga, ha vuelto, no como director pero si como guionista de la cuarta entrega, 12 horas para sobrevivir: El inicio, por lejos, la peor de todas. ¿Cómo explicarlo? O bien DeMonaco escribió el libreto de apuro, o bien se quedó sin ideas. Por 97 minutos el espectador espera que suceda algo que espante al letargo, pero este se radicaliza, por lo que hay que hacer un gran esfuerzo para no abandonar la sala antes de que el filme termine. La labor del elenco es pésima, con los actores mirando la cámara en reiteradas ocasiones como preguntándose ¿qué estamos haciendo aquí? Aunque es una película impresentable, el éxito de taquilla que tuvo demuestra los pobres tiempos en los que vivimos: 12 horas para sobrevivir: El inicio, con casi US$ 140 millones en recaudación, es la más taquillera de la saga, inspirando a los productores a preparar la quinta entrega. 


Milla 22: el escape 


Por su formación académica (estudió en las prestigiosas universidades de Princeton y de Harvard, de las cuales se graduó con honores), por su destacada trayectoria editorial, (fue fundadora de la revista Zoetrope, financiada por Francis Ford Coppola, y editora nada menos que de la histórica revista literaria Paris Review); y por ser una escritora cuyo prestigio viene en alza tras la publicación de su primera novela Eleven Days (2013), la cual fue elogiada por Tony Morrison, premio Nobel de Literatura, Lea Carpenter llegó a Hollywood acompañada por el aura de genio. Se creyó que había llegado alguien que iba a revolucionar la forma de escribir guiones. La realidad ha demostrado todo lo contrario. Con idea y libreto de Carpenter, Milla 22: el escape es un filme sobre el terrorismo que pasa de la grandeza a la nada absoluta en cuestión de pocos minutos. Los tres primeros minutos son formalmente brillantes, pero de inmediato todo se viene abajo y resulta imposible salvar el relato de la debacle. Resulta insólito que un filme cuyo elenco está comandado por el casi siempre efectivo Mark Wahlberg, y que está dirigido por Peter Berg (Horizonte profundo), quien en su compacta filmografía había demostrado pulso para contar una historia con rigor dramático, no haya nada absolutamente salvable, salvo los escasos minutos del comienzo, que parecen de otra película, que parecen estar ahí por error. 


Bird box: a ciegas


Fue promocionada como “la película del año”, y con buena estrategia de marketing llegó a los cines y a la programación de Netflix a fines de diciembre, época cuando se estrenan la mayoría de los filmes que buscan conseguir una nominación al Oscar. En cuanto a promoción y respuesta del público, el filme ha sido un éxito total. Netflix lo promocionó como un filme dirigido por una triunfadora, la danesa Susanne Bier, única mujer en ganar un Globo de Oro, un Oscar y un Emmy, y protagonizado por otra ganadora de premios importantes, la actriz Sandra Bullock. Dos mujeres, además, haciendo una película post-apocalíptica, género hasta la fecha muy masculino. El público mordió enseguida el anzuelo. La semana pasada, Netflix informó que más de 80 millones de suscriptores del servicio de streaming vieron ya la película en las cuatro semanas desde su estreno. Visualmente, el filme es atractivo. Pero debajo de la superficie no hay nada, más bien una nada tediosa y altamente previsible. Cuando a las primeras de cambio sabemos con certeza cuál va a ser el final, es porque la historia resulta insalvable. Ese es el primer y principal problema de Bird box: a ciegas, gran engañabobos de 2018.


El filme comienza con la promesa de que la premisa en juego va a desviarse de las expectativas y generar algo nuevo dentro de un género en el cual hemos visto de todo. Por un momento, que desafortunadamente no es largo, pensamos que después de tanto tiempo, desde la notable Bokeh (2017), el cine post apocalíptico iba a presentar alguna sorpresa. Y como el espectador por naturaleza es ingenuo y le cree a las promesas del cine, espera y espera, pero nada pasa. Mejor dicho, todo resulta tan vacío y postizo, que a la media hora de iniciada la película uno se da cuenta que le están tomando el pelo, y que el libreto no tiene nada para aportar. Como si fuera poco, Bird box: a ciegas es algo así como una ensalada de plagios. Es una película que le robó ideas a una cantidad de historias anteriores; por ejemplo, la escena del supermercado tiene calcos de La niebla (The Mist) y de Tierra de zombis (Zombieland), y una cantidad de aspectos y situaciones provienen de El fin de los tiempos (The Happening), y de Un lugar en silencio (A Quiet Place), en la cual el flanco vulnerable de los seres humanos no era la vista sino el oído. 

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