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Las sanciones económicas a Rusia

Una serie de acontecimientos muestran el predominio que mantiene Estados Unidos en la economía internacional

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04 de mayo de 2018 a las 05:00

Por Alberto Bensión

En el 2014, cuando Rusia dispuso la anexión de Crimea y comenzó a intervenir en el oriente de Ucrania, Estados Unidos y sus países aliados de Occidente resolvieron aplicarle diversas sanciones económicas. Ellas eran la prohibición de transar diversos rubros de comercio exterior y la restricción a determinadas personas y empresas de energía y la banca para mantener negocios con el sistema financiero internacional.

De un modo u otro el gobierno del presidente Putin pudo sobrellevar las dificultades provocadas por las sanciones, sin renunciar a su intromisión en Ucrania y más recientemente en Siria.
En el pasado mes de abril, principalmente como consecuencia de la intervención en Siria, el gobierno del presidente Trump dispuso nuevas sanciones económicas contra Rusia. Ellas tienen un carácter más personalizado que las anteriores, puesto que alcanzan a varios "oligarcas" cercanos a Putin y a varias empresas de importancia para la economía. En adelante, unos y otras tendrán severas restricciones para operar con los mercados financieros cuyos movimientos puedan caer bajo la jurisdicción de las autoridades americanas, sea a través del comercio, las finanzas y la cotización de acciones en los mercados bursátiles.

Al interior de la economía rusa, ello ya está provocando que varias empresas, que hasta ahora habían operado con normalidad con el resto del mundo, comiencen a tener dificultades para proseguir con sus actividades. De aquí que algunas de ellas estén pidiendo ayuda al gobierno, en la forma de una inyección transitoria de liquidez, una compra preventiva de su producción e incluso la "nacionalización" transitoria, a la espera de una futura normalización de las relaciones con el exterior. En todo caso, de una forma u otra, son instrumentos de ayuda que habrán de requerir un aumento del gasto público.

Más aún, determinadas medidas de represalia dispuestas por el gobierno ruso en respuesta a las sanciones americanas se han vuelto en perjuicio de la sociedad. Tal es el caso de la prohibición de importar medicamentos de origen americano, que ha privado al sistema de salud de determinadas medicinas de uso indispensable para el tratamiento de ciertas enfermedades.

Pero hay otros efectos de las sanciones a Rusia que se están manifestando en otras partes del mundo y
que ilustran sobre las diversas formas de interacción que se manifiestan en la economía mundial de estos tiempos.

Una de las empresas rusas sancionadas es Rusal, la mayor fábrica de aluminio del mundo fuera de China, con una participación del 8 % en la oferta mundial. A la vez, una de sus subsidiarias, con sede en Irlanda, es también un productor mundial de importancia de alúmina, un insumo básico de la industria metálica.

La sanción provocó de inmediato una suba del precio internacional del aluminio de un 30% pero en especial el temor de la industria europea de un desabastecimiento de ambos insumos, que a su vez podría derivar en dificultades para la producción de vehículos y aeronaves.

En respuesta a esta perturbación, Washington suspendió por cinco meses la sanción a Rusal y sus subsidiarias, pero con la exigencia de que en ese período su accionista mayoritario, un "oligarca" cercano a Putin, cediese su participación en la propiedad de esas empresas. Aún cuando parece que esta condición fue aceptada por el accionista en cuestión, no está claro aún cuál será el desenlace de este enfrentamiento tan peculiar.

Del otro lado de Europa, desde la desaparición de la Unión Soviética, el Reino Unido se ha beneficiado de un importante ingreso de capitales provenientes de Rusia. En su mayoría ellos fueron destinados a la compra de inmuebles de alto valor, pero también otros activos y gastos corrientes de mantenimiento de las numerosas familias que han optado por residir en forma permanente o transitoria en la isla.

Este ingreso de capitales se fue concretando al tiempo que cobraba cada vez más importancia el trabajo de la agencia especializada en el cuidado del lavado de dinero. Pero ahora, como consecuencia de las sanciones a Rusia, las autoridades americanas han pedido al gobierno de la isla una mayor atención sobre las actividades de las personas y empresas rusas que operan en ella.

Ya en los últimos tiempos las oficinas competentes habían impedido la concreción de algunos negocios inmobiliarios en razón de las sospechas sobre el origen de los fondos. Igualmente se ha vuelto más exigente la aprobación de visas para el ingreso de algunos ciudadanos. Del mismo modo, el año pasado un banco internacional debió pagar una multa muy importante por la participación de su filial de Londres en la transferencia de fondos desde Rusia hacia cuentas radicadas en bancos off shore.

Otro país europeo en el que se sintió un efecto de las sanciones a Rusia fue Suiza. El dato más visible fue una baja de cierta importancia en la cotización de su moneda, en especial en comparación con el largo período previo de estabilidad.

Aparentemente ello fue la consecuencia de una corriente vendedora de acciones en el mercado bursátil, en busca de una liquidez para tomar posición en otras monedas. Estos movimientos fueron provocados por el cálculo precautorio de algunos de los inversores rusos alcanzados por las sanciones americanas, que son a la vez accionistas de empresas suizas.

Estos acontecimientos muestran a la vez el predominio que aún mantiene Estados Unidos en el funcionamiento de la economía internacional y la diversidad de efectos que sus acciones provocan sobre otros países.

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