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Los Buenos Modales lanzaron Vice City en marzo

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Los Buenos Modales y el detrás de escena de uno de los mejores discos de 2021

La banda estrenó su segundo disco, Vice City, que concreta un período de cambios y evolución del proyecto en los últimos cuatro años

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10 de abril de 2021 a las 05:03

Aunque bien podría haber sido hace un siglo, con todo lo que ha pasado en el último año, fue en 2016. El secreto se iba pasando de boca en boca. Había que escuchar a Los Buenos Modales. ¿Qué rayos eran Los Buenos Modales? Aparecidos por sorpresa, el nombre era el de un colectivo formado por dos DJs, Pan (Santiago de Souza) y Dubchizza (Guillermo Beschizza), que habían convocado a un grupo de raperos y se habían despachado con un disco excelente, repleto de canciones bailables y sumamente memorables. Un álbum lleno de picardía, estilo y energía, que tendió un puente entre el hip hop local y la música popular, en un momento en el que el rap uruguayo agarró una curva ascendente para posicionarse con firmeza en el panorama sonoro local.

Pasaron cinco años, y Los Buenos Modales ahora son una banda hecha y derecha, con nueve miembros estables, y una dinámica colectiva más orgánica. De una convocatoria hecha casi que como un experimento se conformaron como un grupo formal, y con ese planteo encararon su segundo trabajo, estrenado hace algunas semanas, y que lleva por título Vice City.

Atrás del nombre del disco hay una referencia obvia, que será evidente para cualquier mayor de veinte años: el videojuego GTA: Vice City, un clásico de los 2000 ambientado en una caótica y estilizada versión alternativa de Miami en la década de 1980. Además de la referencia pop, y de conectar el disco con el hecho de jugar, también es el filtro por el que pasa Montevideo, presente en las canciones de distintas formas, desde referencias sonoras evidentes como el tango o la música de Jaime Roos, hasta el espíritu de los temas.

Berna, uno de los raperos del grupo, explica que “todos los integrantes de los Modales hemos curtido mucho la ciudad, y eso es inevitable que esté representado, porque además es una ciudad que está llena de influencias, de estímulos. Por más que es chica, pasan pila de cosas que puedan ser simples para el ojo en el día a día, pero a la hora de inspirar influyen directamente”.

De Souza complementa: “creo que las canciones del disco son como pequeñas ventanas a lugares de la ciudad con los que te podés sentir identificado, momentos específicos, por la personalidad de cada canción. A veces abrís y es un sótano con gente perreando, otras es una escena romántica en un balcón de la Ciudad Vieja. Todo llevado a la exageración y buscando esa una especie de nostalgia futurista, que no sepas en que tiempo estás parado”.

Hacer un disco que tiene como presencia central a una ciudad tiene un significado particular en estos tiempos, donde la relación con los exteriores, las calles y el movimiento se han resignificado, y la circulación por la ciudad se mira de otra forma. La banda, de hecho, comenzó a trabajar en Vice City antes de la pandemia, pero la llegada del covid-19 no solo alteró los planes de lanzamiento y significó la suspensión de eventos como el Montevideo Rock 2020, en el que Los Buenos Modales estaban en la grilla, así como el festival español Primavera Sound, en el que también tenían previsto participar, sino que también los llevó a volver a trabajar en el álbum, modificarlo y repensarlo para reflejar los cambios vividos en el mundo en los últimos tiempos.

Con la incertidumbre y las dudas traídas por la pandemia para los artistas como escenario, la banda decidió demorar el lanzamiento para encontrar un momento más favorable, y viendo que la realidad no cambiaba, tomaron la decisión de apretar el botón rojo y lanzar los misiles.  

Creo que es un buen momento para que haya canciones nuevas, porque también es un pequeño acto de rebeldía y de libertad. Decir 'no puedo hacer nada, pero al menos esto depende de nosotros'. Y que eso genere olas, que es la intención principal. El primer disco lo hicimos con cero expectativas de cómo iba a salir, quién lo iba a escuchar. Fue para nosotros. Y en este hubo una toma de control, de decir ‘esto siempre fue para nosotros, como nosotros queríamos, y a darle’. Romper esas realidades que estaban pasando. La gente tampoco esperaba mucho, porque se dilató tanto el disco, y salió medio rápido también. Por ahí se habían olvidado, y cayó el anuncio ‘sale en diez días’, y eso estuvo bueno también”, dijo De Souza.

Vice City, digno sucesor del primer álbum del grupo, ya está en las calles de la ciudad que retrata a su manera. Sobre ese disco y sus desafíos, los cambios del grupo desde sus inicios y la colaboración con figuras como No Te Va Gustar y Cristina Morán, Pan y Berna hablaron con El Observador.

Entre un disco y otro pasaron cinco años. ¿Se les hizo larga la espera, o como eran parte del proceso no fue tan así?

Berna: Para nosotros no fue una espera, fue un proceso larguísimo, de mil idas y vueltas, pero no en un sentido negativo, sino que nos pasó que antes de la pandemia ya teníamos un disco hecho. Y cuando se tiró para atrás y apareció esta nueva realidad que vivimos, ese disco se volvió a poner sobre la mesa, se volvió a trabajar desde la música, las letras, las grabaciones. La banda entera se fue unos días a Piriápolis a regrabar todos los beats; todo lo que era hecho por computadora ahora, en su mayoría, está tocado por músicos. Ya no son esos dos productores, con raperos y músicos contratados, sino que es una banda con vocalistas, músicos, compositores. Fue la realización de la banda más allá del resultado. Fue una transformación permanente, mirar para adentro, pensar las cosas, y ahora salir con esto que se viene trabajando hace bastante. 

Pan: Naturalmente se dio una resignificación en todo. Cuando sucedió todo lo que sucedió y te parabas frente a las maquetas de las canciones, había un montón de dudas. ¿Es pertinente? ¿Es empático con lo que está pasando la gente ahora? Son canciones que hablan de una ciudad y de nosotros surcando esa ciudad, entonces me pasaba de escuchar algunas cosas y no creérmelas. Sabía que no las iba a poder defender en este mundo. Lo dejamos enfriar un tiempo, porque además no podíamos juntarnos, y nos llevó unos meses entender donde estábamos, que precisábamos para volver al disco. Se decidió desde un principio que tuvieran más participación los músicos en la composición y la hicimos entre los cinco músicos en partes iguales, porque el vivo de Los Buenos Modales empezó a hacerse fuerte en un momento, mucha gente nos conoció ahí y por las versiones que habían mutado en comparación al primer disco. Entonces, de cara a este disco nuevo pensamos cómo llevarlo al vivo. Y el proceso que hicimos en Piriápolis estuvo demás, porque las versiones cambiaron un montón y las escuchás ahora en el disco terminado y está el mundo prepandemia, el mundo de la pandemia, y hasta una intención de un futuro. Tuvimos eso de agarrar las canciones y hacerlas mierda pensando en cómo nos sentíamos en ese momento.

B: Hubo dos instancias de esas. Otra fue un año antes de la pandemia, en la que nos juntamos los vocalistas a grabar las voces y escribir letras. Nos fuimos a Cuchilla Alta y de ahí salieron un montón de canciones que están en el disco. Fue como un camping de letras, pero hasta un mes antes de que saliera el disco había gente regrabando partes y cambiando cosas. Era imposible que el disco saliera antes. 

P: Salió cuando tenía que salir. Se resignificó. Y si bien puede ser un acto un poco egoísta, porque fue "que salga ahora porque nosotros queremos", tiene que ver con eso, con necesitar un poco de escape y de libertad y de generar nuevos paisajes, nuevos lugares a donde llevar la cabeza. Y si las canciones se sostienen y son buenas, van a correr en el mundo en el que estén. Confiamos en estas canciones. 

¿Qué canciones cambiaron más en ese proceso?

P: Mayday fue una de las que más cambio. Era la que menos nos convencía en un momento. 

B: Afuera del disco quedaron, mínimo, siete canciones. Y fue todo por votación. Una planilla para cada uno y se votaba que temas queríamos adentro. 

P: Volver es otra que cambió mucho. Es una canción que atacamos todos juntos como banda. Era de las que menos me gustaban y ahora es una de las que más me gusta, por el proceso de la canción en sí, que implicó ir a referencias muy cruzadas. El tango se entendió casi al final, por las caídas del estribillo. Se cruzó un mundo en el que hay samples de sables láser, Jaime Roos, Barrio Sur, y una cosa súper grimey, del Reino Unido, se genera una mutación que viene por desprenderte del ego de compositor y laburar entre cinco personas, cada uno aportando desde donde sabe, y el otro confiando que era lo mejor. 

B: Por más que todas esas cosas y esos sonidos estén ahí, no hay ninguno que no pertenezca a la banda. En Los Buenos Modales hay gente que escucha tango, gente que vivió o vive en Barrio Sur, y tampoco es "vamos a hacer esto porque está buenísimo", no es que está pensado. Son cosas que aparecen porque van ahí. 

La banda se formó en 2016 como un proyecto de dos DJs que convocaron raperos para un disco

¿Les parece entonces que ya hay un sonido y una serie de referencias e influencias comunes para Los Buenos Modales?

P: No sé si tanto, porque no nos ponemos de acuerdo en las cosas que nos gustan. Las discusiones son eternas. 

B: Es imposible. En los asados siempre hay alguien preguntando "¿quién está con la música, puedo poner yo?" 

P: Me parece que es un tema de confianza. Es un tema de que realmente no nos queremos mentir, y nos ha pasado muchas veces de calzarnos ropa que no es para nosotros. Si vos estás incómodo, se nota. Si estás mintiendo se nota, y eso es algo que aprendimos en este tiempo. Las veces que tratamos de pensar y planificar qué hacer, fueron las veces que nos sentimos más incómodos. Y cuando hicimos las cosas como nos salían de las pelotas, sentimos mucho más miedo, pero el resultado fue mejor. Creo que nos influenciamos mucho a nosotros mismos, Los Buenos Modales es muy meta, funciona con autoreferencias todo el tiempo, hay referencias a nuestras infancias, porque hay videojuegos, dibujitos, pelis que se comparten. Somos niños de los 90. 

B: Es muy loco como siendo que tuvimos infancias super distintas, coincidimos en un montón de cosas. Eso te das cuenta charlando en grupo, no tanto en la dinámica de banda. Pero por ahí en una canción vos y otro hacen referencia a lo mismo. 

P: Creo que lo que se logró en este disco es pulir ese recurso de ser autoreferencial o de estar pendiente de ese tipo de cosas. Encontramos un montón de texturas que nos ponen en un espacio de nostalgia del futuro. 

Dos colaboraciones

En la canción Otra liga, parte del nuevo disco, participan Martín Gil, Denis Ramos y Mauricio Ortiz, la sección de vientos de No Te Va Gustar, en un tema que remite inmediatamente al sonido de esa banda, sobre todo al de sus primeros discos. Los Buenos Modales fueron los encargados de abrir una serie de shows de la banda en Argentina, y de allí surgió un vínculo que se reafirmó con esta colaboración.
“Los engañamos, les dijimos que era para un solo tema y terminaron grabando para todo el disco”, cuenta con una risa Santiago de Souza. “Es de las primeras bandas que fuimos a ver en vivo. Hay cosas que las naturalizás, pero si lo pensás, es fuerte. La canción tiene esa sección de vientos que es un homenaje directo al Pilsen Rock 2005. Por ahí son bandas que dejás de escuchar en algún momento porque cada uno va por su lado, pero hay un respeto, una admiración y una cercanía personal con muchos de ellos. Está bueno eso, y haber logrado pasar el hilo entre ellos, influencias de otros países, hace que para nosotros tenga sentido. 
Para Berna, la colaboración significa un reconocimiento hacia el rap. “Hasta hace un tiempo para muchos músicos el rap era una burla. Decías que hacías rap y empezaban como a rapear burlándose. Y ahora mucha gente con trayectoria lo está incluyendo, o se están acercando para colaborar, y eso te da a entender que se está haciendo música que es respetada”, consideró el rapero.
Por otra parte, en el videoclip de la canción Baile triste participa la legendaria actriz y comunicadora Cristina Morán, invitada a través de un contacto en común de la banda. “Llegó, se maquilló, se puso el parche, preguntó ¿qué tengo que hacer?, se aprendió la letra en vivo, hizo su risa, y listo. Increíble, fue una divina", recordó Pan.

El primer disco fue más una convocatoria de parte de los DJs, y esta vez ya tuvo un encare de banda desde el principio, ¿cómo fue ese cambio?

P: El proceso del disco arrancó en cuanto terminamos el primero. Con Guille (Dubchizza) estábamos armando beats a los pocos meses, y durante un tiempo fue así: nosotros dos teniendo el control de las ideas y el planteo artístico del proyecto, que con el tiempo fue mutando. Se sumó gente, entraron cabezas, se rompió el miedo a colaborar, y se tomó la decisión. 

B: Hubo una reunión en la que se planteó si todos queríamos participar en la creación, y se definió.

P: Ellos ya habían empezado a escribir, y después todos participaron en la elaboración de la música y las letras. El disco anterior era de beats con gente cayendo arriba y ahora hubo manufactura y se buscó que todo tenga relación. Fluyó de manera orgánica. Pero hace tiempo que estamos laburando como unidad.

Una frase hecha del mundo musical es que el segundo disco siempre es el más difícil, más en casos como el de ustedes, cuando al primero le va muy bien. ¿Fue así? ¿Sintieron la necesidad de pelearle a ese primer disco?

B: Había que pelear con nosotros mismos y con lo que habíamos creado, que básicamente era una banda que tocó el mismo disco durante tres años y que tenía un público que lo seguía siempre. Eso era muy loco, porque más allá de que siempre tratamos de sacar un single o de reversionar alguna canción, o de tener algún invitado para darle a la gente algo nuevo, era reloco que se siguieran llenando las salas. Había que hacer un disco que estuviera a la altura de esa banda que habíamos creado. Lo bueno es que todos nos conocíamos de antes y ya éramos amigos, entonces los procesos creativos se dieron de forma más natural. Es más difícil sentarte a crear con una persona con la que tenés compromiso creativo pero no compartís tanto. 

P: Fue más difícil al principio. Cuando hicimos los primeros beats teníamos una cosa de "esto no es". Ahora miro para atrás y era un poco de ansiedad, de que habíamos tenido una buena recepción y nos daba la sensación de que no era eso, aunque ahora muchos de esos beats están en el disco. Pero también en un momento se empezó a ver como el primer disco de Los Buenos Modales. El primer disco donde nos depuramos y ese colectivo se convirtió en este grupo, con estos miembros y roles asignados, entonces la pregunta fue "¿cómo tiene que ser un disco de Los Buenos Modales?", pensando sobre todo en su potencial y sus herramientas. Este parate nos vino bien para volver a ese estado primario donde no importaba cómo se resolviera o si a la gente le gustaba o le importaba, sino realmente sacar nuestro potencial al mango, e ir a dormir tranquilos de que a pesar de todo, el disco salió. Entonces, no sé si hubo una presión de segundo disco, menos en un contexto como este en el que no sabes que puta va a pasar mañana. Hay cosas que ya no controlás. 

El año pasado participaron del Montevideo Rock, y en la emisión en vivo hubo algunos comentarios criticando su presencia en el festival, ¿cómo lo vieron en ese momento y cómo se llevan con ese purismo de los géneros, al que de hecho hicieron referencia en el festival?

B: Nos cagamos de la risa. Porque además habíamos reversionado unos temas que estaban muy rock and roll. 

P: A mí me parece obvio que la gente se caliente con nosotros. Creo que parte del encare de este segundo disco y de esta segunda parte del proyecto fue asumir que representamos un montón de cosas muy odiosas para mucha gente. Y no está mal. Querer incomodar y empujar ciertos límites siempre fue parte del discurso de la banda. Es un tren que no tiene problema en ir al palo y partirse al medio, porque nació como algo espontáneo, real y muy nuestro, algo a lo que por suerte le fue bien, y no podemos más que estar agradecidos con todos los que nos dan pelota. Eso está demás y nos sigue asombrando mucho, porque era un chiste. Y si hay gente que se calienta con este chiste, es porque lo estamos contando bien. No podés caerle bien a todo el mundo. 

B: Si le caes bien a todo el mundo, hay algo que estás haciendo mal. 

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