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Los chips de Taiwán son su verdadero escudo protector

En la pequeña isla que China reclama como propia está la única fábrica de semiconductores de alta gama del mundo, proveedora de todos los países e industrias, verdadera causa de su fortaleza

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09 de agosto de 2022 a las 05:03

A 180 kilómetros del territorio continental chino, se erige TSMC Taiwan Semiconductor, la fábrica que provee la mayoría de los chips de alta gama del mundo, de los que dependen hoy todas las industrias de todos los países, incluidos Estados Unidos y también China.

Estos chips con tecnología de menos de 0.7 nanómetros son producidos por esa empresa clave con la que se fabrican desde aviones de combate hasta paneles solares, pasando por videojuegos o instrumental médico.

Chips que han convertido a este pequeño territorio insular aliado de los Estados Unidos en un “intocable”, porque posee un arma que nadie puede replicar dado su complejidad e importancia estratégica.

Así lo cree el periodista Craig Addison, autor de El escudo de silicio: la protección de Taiwán contra un ataque de China, que conversó con BBC Mundo antes de la última crisis por la visita de la presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos Nancy Pelosi a Taiwan.

Escudo de silicio significa, afirma Addison, que “la posición de Taiwán como principal fabricante mundial de chips avanzados actúa como elemento disuasorio de una acción militar de China. El impacto de una guerra en esa parte del mundo sería tan grande que China pagaría un precio muy alto, incluido un daño severo a su propia economía. El gigante asiático, como el resto de la economía mundial, depende de los chips supersofisticados sólo fabricados en Taiwán” afirma Addison.

Es parecido al concepto de MAD (Destrucción Mutua Asegurada), “porque cualquier acción militar en el estrecho de Taiwán sería tan dañina para China como para Taiwán y Estados Unidos. De modo que evita el inicio de un conflicto y protege a la isla de un ataque militar chino. El costo sería tan grande, no solo para el mundo, sino para la propia China, que el gobierno de Xi Jinping tendría que pensarlo dos veces”, continúa Addison.

A su criterio, el gobierno chino no pudo seguir “con su intención declarada de tomar Taiwán por la fuerza. Si Taiwán no fuera un proveedor tan importante de tecnología para el mundo, es posible que China ya hubiera adoptado medidas para ocupar el territorio”.

Addison dice que los expertos militares de Estados Unidos “están de acuerdo en que China no tiene la capacidad militar para lanzar un ataque a gran escala contra Taiwán. En su testimonio ante el Congreso de Estados Unidos en junio, el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, dijo eso sería complicado y costoso" para Beijing.

“Es difícil creer que Estados Unidos se siente y deje que China se apodere de Taiwán por la fuerza” considera, porque traería “la disrupción masiva de la cadena de suministro global de alta tecnología” y perjudicaría “a la propia economía estadounidense ya que una invasión le daría a China el control sobre las fábricas de chips más avanzadas del mundo y se apoderaría de las armas avanzadas que Washington vendió a Taipéi a lo largo de los años”.

Repasando la historia reciente afirma que “Jimmy Carter estableció unilateralmente relaciones diplomáticas con Beijing en 1979 y cortó los lazos oficiales con Taiwán, el Congreso aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán, que autoriza la venta de armas defensivas a la isla. La política de Estados Unidos sobre Taiwán sigue siendo de ‘ambigüedad estratégica’: no declara públicamente si defenderá o no a Taiwán si es atacado.

En 2001, “George W. Bush dijo que haría ‘lo que fuera necesario’ para proteger a Taiwán de un ataque chino. Sin embargo, la mayoría de los demás presidentes de Estados Unidos no dicen nada públicamente, aunque sus acciones dicen más que las palabras.

Sobre Donald Trump sostiene que “estableció vínculos militares más estrechos con Taiwán, incluida la autorización de la venta de armas avanzadas y esta política de vínculos estrechos continúa con JoeBiden. A principios de junio, una delegación de senadores estadounidenses llegó a Taiwán en un Boeing C-17 como parte del programa de Biden de donación de la vacuna contra la covid-19. La aparición de un avión militar estadounidense gigante en un aeropuerto de Taiwán fue vista por China como otra señal del apoyo de Washington al pequeño territorio”.

Sobre la escasez de semiconductores de Taiwán en el mundo “comenzó en el sector del automóvil. Los fabricantes calcularon mal la rapidez con que se recuperaría la demanda después de la pandemia de Covid. En un primer momento cancelaron sus pedidos de chips, pero luego se tuvieron que colocar al final de la fila cuando quisieron hacer nuevos pedidos. Más tarde, la escasez se extendió a otros productos electrónicos, incluidas computadoras portátiles y consolas de juegos, que experimentaron una gran demanda debido a los confinamientos impuestos en todo el mundo. Y Taiwán, al ser un importante proveedor de chips para estos productos, se convirtió en el cuello de botella de la cadena mundial de suministro”.

En respuesta a la escasez, “la compañía Taiwan Semiconductor Manufacturing Co (TSMC), que suministra una cuarta parte de los chips del mundo, está invirtiendo en nuevas capacidades de fabricación, pero esa es una solución a largo plazo”.

TSMC ha intentado ser “la Suiza de la industria de los chips, mantenerse neutral, pero esa estrategia llegó a su fin. La compañía se puso del lado de Estados Unidos en la guerra comercial con China al aceptar las sanciones que Washington impuso a la empresa china Huawei”.

TSMC no tenía muchas opciones “porque el 62% de sus clientes son de América del Norte y solo el 17% de China, incluida Huawei. A su vez, TSMC también depende de empresas estadounidenses como AppliedMaterials, Lam Research y KLA, que fabrican las máquinas para hacer los microchips, por lo que no puede ir en contra de los deseos estadounidenses” explica Addison.

“Por eso se dice que TSMC es una empresa de Taiwán con un ‘alma’ estadounidense, porque su fundador, Morris Chang, y la mayoría de sus consejeros delegados y altos ejecutivos fueron a la universidad allí y tuvieron largas carreras laborales en compañías de Estados Unidos. De hecho, muchos son ciudadanos estadounidenses” dice en la entrevista con la BBC.

Un dato clave es que “ningún país es autosuficiente en todos los aspectos de la tecnología y, definitivamente, no en los semiconductores. En las últimas décadas, la industria de los semiconductores se ha fragmentado y varias partes de la cadena de suministro se realizan en diferentes lugares del mundo y por diferentes empresas. El diseño de chips se realiza principalmente en Estados Unidos, la fabricación de las placas en Taiwán y el ensamblaje y la prueba de los chips se realizan en China o el sudeste asiático”.

El gobierno de Estados Unidos “presionó a TSMC para que invirtiera en una fábrica en Arizona. No fue una decisión enteramente impulsada por Defensa. Es cierto que el ejército estadounidense quiere asegurarse un suministro seguro de chips en una instalación en su propio terreno después de que el "proveedor fiable" del Departamento de Defensa, Global Foundries, que tiene fábricas de placas en Estados Unidos, se quedara atrás en la carrera tecnológica”.

Sin embargo, aclara que los beneficiarios de las nuevas fábricas de TSMC allí serán Apple, Qualcomm y Nvidia. Así podrán sentirse más tranquilos sabiendo que pueden obtener algunas piezas claves en el país y no depender de Taiwán para todo”.

A su vez, “China no es el único país que desea liberarse de la dependencia de Taiwán. Esto se aplica también a Estados Unidos, Europa y Japón.

Dicho esto, la autosuficiencia en la producción de semiconductores, si eso incluye toda la cadena de suministro desde el diseño de chips hasta la fabricación de placas, es imposible en la práctica. Incluso si fuera técnicamente posible, el costo de lograrlo sería prohibitivo para cualquier país.

En ese sentido, “lo que se habla de autosuficiencia en China es engañoso. Lo que trata es de reducir su dependencia de los chips importados, quiere poder hacer sus chips en casa. Pero esas fábricas de placas chinas todavía tendrán que depender de la tecnología extranjera y eso no cambiará en las próximas décadas”.

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