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Los niños viven las emociones a flor de piel

Cómo acompañar el desarrollo emocional de tus hijos

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05 de diciembre de 2016 a las 06:11

Entrevista con psicóloga española Silvia Álava Sordo, http://silviaalava.com/ twitter: @silviaalava

Los niños suelen vivir con intensidad las emociones. Los sentimientos los invaden, los sacuden, salen por sus poros... el desafío de padres y madres es reconocerlos, darles espacio, pero también enseñarles a encausarlos y regularlos. Así los pequeños podrán desarrollar su inteligencia emocional, tan fundamental en el desarrollo de cada persona y en sus habilidades sociales.

Padres Hoy entrevistó a la psicóloga española Silvia Álava Sordo, directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, que ha escrito los libros Queremos hijos felices y Queremos que crezcan felices, donde entre otros temas se habla de las emociones.

¿En la actualidad se presta más atención que antes a las emociones de los hijos?

Hoy en día tanto los padres como la sociedad en general están más concienciados de la importancia de la educación emocional, y son conscientes que es uno de los aspectos a trabajar con los niños desde bien pequeños. Leen más libros y artículos sobre el tema, realizan talleres sobre inteligencia emocional...

Cuando dejamos a los niños libertad para expresar sus emociones, para decir qué es lo que sienten, cuando les pedimos que busquen la causa de su emoción, que comprendan por qué se sienten así, estamos trabajando con ellos su inteligencia emocional.

¿Una mayor libertad en la expresión de las emociones puede tener aspectos negativos?

Hay padres que malinterpretan la libertad que hay que dejar a los niños para que expresen sus emociones, con permitir los desajustes emocionales y los estallidos emocionales. Los niños tienen que aprender a expresar sus emociones, pero también a regularlas, para eso será básico que aprendan que la pataleta (el berrinche), el enfado, los gritos... es decir, el agredir a los demás, nunca podrá ser aceptado como algo inherente a la emoción, pues de esta forma lo que estamos potenciando es que cada vez regulen peor sus emociones.

Tienes dos libros donde el título alude a "niños felices", ¿qué se necesita para lograrlo?

El concepto de felicidad es algo que depende de la propia persona, cada persona define lo que es ser feliz para él, y en función de dicha definición, será más fácil o más difícil el conseguirlo. De hecho, hay personas que nos cuentan que no son felices, pese a que no tienen grandes problemas en su vida, digamos, su situación personal y laboral es buena, pero no saben disfrutar ni valorar lo que tienen. La felicidad no es una variable unitaria, depende de muchas cosas.

Cuando hablamos de felicidad distinguimos entre la dimensión hedónica, relacionada con sentimientos o emociones positivas, normalmente vinculados a situaciones o estímulos concretos, y la dimensión eudaimónica, determinada por la sensación de que estamos haciendo con nuestras vidas algo verdaderamente importante, con un sentido o propósito que valoramos y hemos elegido. La segunda dimensión es la que nos aporta una mayor cantidad de beneficios a todos los niveles, tanto cognitivos como fisiológicos, y es la que trabajamos en los libros: Queremos hijos felices y Queremos que crezcan felices. El objetivo es conseguir que los niños cuenten con recursos, herramientas y competencias emocionales para enfrentarse con éxito en la vida y que puedan sentirse, a gusto y felices, bien con ellos mismos.

Es verdad que esta visión no suele coincidir con la del propio niño, que cuando le preguntas qué le hace feliz te suele contestar que le regalen cosas, que le dejen jugar a la consola, o ver la tele... La cuestión es que sabemos que esto no conlleva conseguir la felicidad. De hecho los niños de hoy en día tienen más cosas, más juguetes, más opciones de diversión que sus padres y no por ello podemos afirmar que sean más felices.

Sueles hablar de que es necesaria la frustración en los niños, ¿por qué?

Es necesario que los niños aprendan a tolerar la frustración, saber aceptar que las cosas no siempre salen como uno quiere, y aprender a manejar las emociones negativas que los cambios o las demoras en los planes nos provocan. Este aprendizaje es básico en los niños, y será fundamental para el desarrollo de la inteligencia emocional, y para no sufrir inútilmente.

· Se trata de aprender desde bien pequeños a dedicar las energías a conseguir nuestros objetivos, no al enfado o a la frustración.

· Cuando los niños aprenden a manejar la frustración se hacen más resistentes a las influencias negativas del exterior, soportan mejor la presión del grupo (tan importante durante la adolescencia), lo cual, les permite ser más fuertes, más estables y más proactivos.

Si impedimos que los niños se frustren, no les decimos a nada que no, siempre aceptamos sus caprichos, estamos impidiendo que adquieran este aprendizaje básico para desenvolverse con éxito en la sociedad.

¿Esto de la frustración está vinculado a la regulación emocional?

La tolerancia a la frustración está vinculada a la regulación emocional, de hecho los niños que tienen problemas en la regulación de emociones tienen muchas dificultades para tolerar incluso las pequeñas frustraciones del día a día, con conductas muy desproporcionadas para el hecho que ocurrió.

También haces hincapié en que no es bueno etiquetar a los niños, es decir, criticarles el hacer y no el ser, ¿por qué?

Uno de los errores más comunes en la educación de los niños es etiquetarlos. Así cuando le decimos a un niño "eres un trasto", o "eres malo", el niño lo vive como "esto es algo que me ha tocado, que es así", al igual que se es rubio o moreno, alto o bajo, y que no se puede hacer nada por evitarlo además es probable que estemos mermando su seguridad y su autoestima.

Es por eso que los padres deben estar muy atentos al mensaje que se le trasmite al niño, para evitar que se abandone y que, aunque no le guste ser así, se vea envuelto en un espiral del que no sabe salir. El adulto debe decirle exactamente qué es lo que no está haciendo correctamente, sin englobarlo dentro de una generalidad, como "eres un trasto, malo, bicho, vago..." Es importante ser específico, atacar el hecho puntual, la acción que no debe ser repetida.

Con respecto a las emociones de padres y madres, ¿qué tips podrías dar para atacar el desgaste emocional en el día a día?

Antes que nada hay que decir que la sociedad exige a los padres ser perfectos, pero tienen que asumir que no pueden serlo, como en todos los órdenes de la vida. Es importante que no carguen con este mandato. Tienen que ser los padres que el niño necesita, no los que la sociedad impone. Partiendo de esa base, podemos compartir algunos errores que sería bueno evitar para atacar el desgaste emocional en el día a día:

  • Meterles prisas y pretender que sigan el rimo del adulto. Los niños necesitan su tiempo, y los adultos deben respetarlo.
  • Que el niño se adapte al horario del adulto; es más cómodo y permite que los adultos sigan con su vida. Los padres deben seguir el horario del niño y no al revés, a las nueve de la noche el niño tiene que estar en la cama, no a las doce, como sus padres.
  • Hacerles las cosas, como, por ejemplo, vestirles por la mañana para ganar tiempo. Los niños tienen que aprender a hacer las cosas solos. Se trata de favorecer su autonomía.
  • Sobreprotegerles, para que no sufran por equivocarse, porque se frustren si no les salen las cosas bien. Tienen que aprender a desarrollar sus propios recursos y a tolerar la frustración.
  • Pensar que sus problemas son poco importantes y no prestarles la suficiente atención cuando nos los cuentan, o escucharles a la vez que se está en el ordenador, con el teléfono, la tableta o la televisión. El niño merece tener momentos de atención plena, en los que sepa que él es lo más importante para sus padres.

Sobre Silvia Álava Sordo

Silvia Álava Sordo publicó Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron en 2014 y Queremos que crezcan felices. De la infancia a la adolescencia en 2015 (J de J Editores). En el primero se aborda desde el nacimiento hasta los 6 años de edad, en el segundo desde los 6 años hasta la adolescencia. En ambos busca orientar a padres y madres a través de reflexiones y consejos prácticos, mezclados con experiencias reales de su trabajo en el Centro de Psicología Álava Reyes.

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