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Mi encuentro cercano con un robot de seguridad aeroportuaria

El robot de 1,50 metros de altura me siguió mientras caminaba por la terminal del aeropuerto

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15 de julio de 2018 a las 05:00

Por Gillian Tett - Financial Times

La semana pasada, cuando estaba viajando a través de la Terminal B en el aeropuerto LaGuardia de Nueva York, algo similar a un Dalek –esas aterradoras criaturas tipo robot de la famosa serie de televisión Doctor Who– vino apresuradamente hacia mí, justo hasta la cinta transportadora de equipaje.
El robot era de mi estatura, estaba pintado de azul y blanco, tenía luces intermitentes y una "cabeza" capaz de girar.

De hecho, era tan sensible al movimiento que, cuando saqué mi teléfono para tomar una foto, sus "ojos" se fijaron en mi cara y comenzó a seguirme mientras caminaba por la terminal.
Eso fue suficientemente aterrador. Pero los detalles más inquietantes fueron dos letreros pegados al cuerpo del robot. Uno decía "Seguridad"; el otro que el robot había sido "diseñado y hecho en Silicon Valley" (por una compañía llamada Knightscope). El "Dalek", en otras palabras, estaba equipado con lo último en tecnología de inteligencia artificial (IA) para controlar las amenazas a la seguridad del aeropuerto.

¿Es esto algo bueno? Es una pregunta importante, sobre todo porque ésta parece ser una de las primeras veces que un "robot de seguridad" se ha utilizado de esta manera en un aeropuerto.
Durante los últimos años, la mayoría de nosotros nos hemos acostumbrado a la constante vigilancia digital. Hace dos años, la Asociación Británica de la Industria de Seguridad (BSIA, por sus siglas en inglés) estimó que el Reino Unido ya tenía entre 4 y 5,9 millones de cámaras de seguridad, y en EEUU se cree que el total es de 30 millones y está aumentando.

Sin embargo, cuanto más omnipresente se vuelve la vigilancia, más parecemos darla por sentada. Aunque a menudo he atravesado apresuradamente por esa sala de llegadas en LaGuardia, hasta la semana pasada nunca le había prestado mucha atención a si me estaban vigilando (generalmente porque estaba demasiado ocupada intentando navegar a través de las instalaciones en mal estado y destartaladas del aeropuerto).

Ser acosada por un robot azul representa un llamado de atención, y no estoy sola al sentir esto. La compañía privada que administra el aeropuerto, LaGuardia Gateway Partners, aparentemente introdujo el Knightscope K5 de 180 kilos y 1,50 metros de alto –oficialmente designado como "ella" y llamada B-3PO– como un experimento, con la esperanza de indicar que puede ser innovador.

"El concepto está en la fase de prueba en este momento", declaró un portavoz de LaGuardia Gateway Partners a los medios locales, y señaló que B-3PO está "patrullando el nivel de llegadas" y tiene la capacidad de realizar "videovigilancia, transmitir mensajes grabados y en vivo en caso de un incidente, y asegurarse de evitar a las personas y los objetos en su camino".

Para ayudar al público a adaptarse, el robot aparentemente fue programado para ser cortés. A juzgar por los medios de comunicación de Nueva York –y por los vídeos de YouTube– la respuesta es mixta. A los niños parece encantarles, ya que piensan que sus parpadeantes ojos son adorables; pero a muchos adultos les parece siniestro. Mientras tanto, los guardias de seguridad les han comentado a los reporteros locales que temen que, a la larga, los deje sin trabajo. No es de extrañar: aunque contratar al robot cuesta varios miles de dólares al mes, no requiere seguro médico ni vacaciones, y puede recopilar y procesar exponencialmente muchos más datos que los humanos.

Por supuesto, la tecnología no es perfecta. Knightscope ya ha desplegado varias docenas de robots en otras ubicaciones en EEUU, y no se han desempeñado como estaba previsto del todo. El año pasado, uno cayó en una fuente mientras monitoreaba una oficina en Washington, DC, provocando bromas en las redes sociales acerca del suicidio de los robots. Sin embargo, también generó preguntas más serias acerca de lo que sucedería si ocurriera un importante mal funcionamiento o un ataque cibernético.
El tema de la vigilancia es doblemente controvertido.

Los funcionarios de Knightscope insisten en que los robots simplemente patrullan las áreas que necesitan mantenerse seguras, y que recolectan datos que ya se están recopilando de otras maneras. Pero cuando una organización benéfica de animales de San Francisco contrató un robot K5 para patrullar las calles cercanas a sus oficinas el año pasado, algunos lugareños la acusaron de usarlo para tratar de mantener alejadas a las personas sin hogar de los alrededores. Algunos manifestantes se enojaron tanto que atacaron al robot, presuntamente echando salsa de barbacoa en sus sensores.

Cualquiera que sea la reacción del público, parece muy poco probable que alguien vuelva a poner a este genio dentro de la botella, y ciertamente no mientras los prodigios de Silicon Valley sigan ingeniando más innovaciones, y mientras la mayoría de nosotros parezcamos felices de ignorar las ya omnipresentes cámaras de seguridad y capacidades de vigilancia digital de nuestros propios dispositivos.

La próxima vez que llegue a la Terminal B de LaGuardia, veré si B-3PO todavía se está movilizando por las instalaciones. Si es así, intentaré resistir la infantil tentación de ver si puedo hacer que sus sistemas informáticos fallen bailándole alrededor de una manera confusa. Más bien voy a decir una pequeña oración de agradecimiento de que este robot azul al menos nos ofrece un significativo llamado de atención acerca de los riesgos de nuestro mundo digitalmente conectado e hipermonitorizado.
El día en que ya no nos sorprendan los Daleks azules, o que para nada notemos sus excentricidades, probablemente sea el momento en el que realmente necesitemos comenzar a preocuparnos. l

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