Agro > TRIBUNA / CARLOS MARÍA URIARTE

No es tiempo de colores, sino de valores

"La gente está cansada de escuchar hablar mal los unos de los otros. En su lugar desearía escuchar propuestas para mejorar sus vidas"

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19 de octubre de 2018 a las 05:02

Por Carlos María Uriarte, especial para El Observador

Aunque aún falta un año, los uruguayos nos encontramos en las puertas de una nueva encrucijada, que definirá nuestro destino para los próximos cinco años.

Acaban de pasar por esta instancia nuestros vecinos, los pueblos hermanos de Argentina y Brasil y su pronunciación fue categórica, un rotundo basta, un no va más a una forma de gobierno.

Los pueblos hermanos se expresaron no a favor de alguien, sino castigando a la pérdida de valores esenciales para una convivencia en paz.

En ambos países hubo un voto que fue un claro castigo a la corrupción, a los privilegios que da el eterno acomodo del amiguismo y/o del militarismo partidario, a la sociedad fracturada y enfrentada, a la falta de seguridad, al deterioro en la educación y en los servicios públicos de salud, a la arbitrariedad e irresponsabilidad en el gasto público con que se ha endeudado a nuestros nietos.

Es importante que se entienda que éste no es un mensaje a los candidatos en juego, sino a toda la clase política.

No es una pronunciación a favor de nadie, sino una de castigo a una forma de gobernar de la que el pueblo se cansó y ya no soporta más.

Es la prueba del agotamiento de proyectos políticos en la región y del deseo de  cambios importantes para el tiempo a venir.

La gente está cansada de escuchar hablar mal los unos de los otros. En su lugar desearía escuchar propuestas para mejorar sus vidas.

La gente está aburrida de discusiones banales, mientras los problemas de la simple subsistencia cotidiana los ahoga.

Se enerva con la facilidad con que se evitan las responsabilidades.

Se sienten ofendidos en su intelectualidad cuando desde el propio gobierno se les miente con total desparpajo.

Tenemos un hermoso país como para ser felices, no permitamos que nuestras limitaciones humanas nos lo impidan.

¡Es hora de poner los valores por encima de los colores!

Es hora de priorizar la libertad, cultivar la fraternidad y sembrar la igualdad.

Es hora de fortalecer el instituto familia, como pilar fundamental para una sociedad en paz.

Es hora de ponerle límite a la omnipotencia del poder y a la soberbia de la ignorancia.

No es momento de buscar culpables, es el momento de ser sinceros con nosotros mismos para, reconociendo nuestros errores, edificar nuestro futuro. 

Es el momento de hacer las paces con nuestro pasado, para que no nos arruine el presente.

Es el momento de encontrar las oportunidades en las dificultades. 

Es el momento de cambiar y que los intereses personales, sectoriales y/o partidarios no primen sobre el interés nacional.

Es el momento para que quienes nos gobiernan se hagan responsables de sus errores, para que sean ejemplo y no lo contrario, lo que no debemos ser.

Es el momento para que lo que cada uno de nosotros piense sea tenido en cuenta, y no que el pensar de una minoría intransigente se siga imponiendo al pensar de la mayoría.

Trabajemos para que nuestro querido país vuelva a ser ejemplo por su esfuerzo educativo.

Evitemos el cultivo de la ignorancia, la vagancia y el resentimiento.

Evitemos la corrupción, la falta de ética, de moral y de respeto.

Revaloremos como motivo de orgullo personal a la honestidad, a la rectitud de carácter, a la palabra dada, a la cara limpia y a la mirada a los ojos.

Es el momento de revivir valores que hemos perdido, y que son pilares fundamentales para vivir en una sociedad en paz: la familia como base de una sociedad civilizada; la educación como pilar del crecimiento personal; la solidaridad como obligación ineludible; lo ético como principio básico; la integridad como primer orgullo; la responsabilidad de nuestros actos y de nuestras palabras; el orden y la limpieza como forma de vida; el deseo de superación; el respeto a las leyes y a los reglamentos; el respeto por el derecho de los demás; el amor al trabajo; y, por último, la determinación para lograr estos objetivos.

Permitamos que estos valores animen a nuestro querido país.

No permitamos que nos dividan para reinar. El país nos precisa juntos.

Construyamos un país mejor, donde todos los uruguayos vivamos con tolerancia y sin permisividad. 

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